miércoles 24 de diciembre de 2008

¡FELIZ NAVIDAD!


Ya he transcripto dos párrafos de la autobiografía de Raphael, "¿Y Mañana Qué?", en este blog. Y como no hay dos sin tres y el movimiento se demuestra andando...
Sinceramente estoy disfrutando sobremanera esta lectura, que voy acompañando con la compra de cada vinilo del Niño de Linares que se me cruza por el camino (si tienen alguno chiflen, por favor). Sobre la marcha se me ocurre: durante 2009 estará girando Raphael por el mundo celebrando sus 50 años sobre el escenario y dará algún que otro concierto en nuestro país en algún momento. Lo que se me ocurre es, con motivo de la visita del Artista, armar la primera "salida El Oasis" llevando a cabo el primer tour colectivo: vamos, con todos los que se prendan, a ver a Raphael. A la salida nos metemos en Guerrín a matarnos comiendo pizzas y bebiendo. Dicho esto, paso a la transcripción de un testimonio delicioso que habla tanto y tan bien de una época y de un lugar que dan ganas de ir y abrazar a la narradora. Raphael, de quien tanto suele la gente cool reírse o desestimar de plano, desnuda en su libro como nadie el concepto de fan. Hoy que todo el mundo se hace fan de cualquier cosa nominalmente y por el facebook (o, como diría Ernesto: "se hicieron fans en el colectivo, mientras venían"), esto es una lección de historia y sociología. ¡Bendito seas Niñate!



"Como el tema de los fans me produce mucha curiosidad, he buscado el testimonio de algunos de los más veteranos, y me he quedado con uno, lleno de emoción y contado con mucho desparpajo. No voy a dar su nombre por respeto y porque pretendo hacer extensivo su relato a todos mis fans. La entrevista tuvo lugar en Palma de Mallorca, este pasado año, durante mis conciertos allí. Grabé sus palabras para no tergiversar las cosas con apreciaciones de mi cosecha. Fueron éstas:

' Yo tenía una vecina que era de Linares y que conocía a un chico que había empezado a cantar en público y ya había grabado un disco. Mi vecina se llamaba Juanita. Yo tenía ocho años -¡figúrate!- y para mi Primera Comunión la señora Juanita me dedicó un disco, de aquellos que se dedicaban por la radio, me dedicó una canción tuya: Inmensidad. Fue el día 13 de mayo de 1962 y recuerdo la fecha exacta porque tu canción pero, sobre todo, tu voz, tu manera de cantar, me causaron una impresión tremenda. Yo no había sentido nada parecido hasta entonces. La señora Juanita no se cansaba de repetir lo famoso que te ibas a hacer. También contaba que, como era de Linares, conocía a tus padres y que eran de buena ley, buena gente. También me comentó que tus padres habían emigrado a Madrid. Pasaron los años y yo te escuchaba siempre que podía por la radio. Cuando ya fui un poco mayor fue cuando ocurrió todo. Yo tenía catorce años cuando me enteré, por la radio también, de que se estaba creando un Club Raphael en Barcelona y pensé que me gustaría entrar a formar parte de aquel proyecto. Pero me iba a ser imposible. Faltaban sólo dos meses para que mis padres me dieran la emancipación y yo me fuera a un sitio en Castilla la Vieja donde iba a hacer el noviciado para hacerme monja cuando alcanzara la mayoría de edad. Total, que el día 2 de febrero de 1969 yo estaba en mi casa de Barcelona y esa noche dieron un recital tuyo con muchas de tus canciones. Y escucharte cambió totalmente mi vida. Corrí a casa de la señora Juanita y le pregunté si tenía cosas sobre ti, ya sabes, recortes de prensa , revistas, todo lo que tuviera sobre ti. Como te apreciaba mucho por ser de Linares, pues tenía bastantes cosas y me vio tan entusiasmada contigo que me lo dio. ¡La pobre! Ya ha muerto, hace tiemo que ha muerto. Qué leería en mis ojos y en la expresión de mi cara que, en cuanto se topó con mi madre, le soltó de sopetón: "Felisa, tu hija de irse fuera para hacerse monja, nada de nada. Ésta ya no quiere ir por ahí, mira que te lo digo yo." Y mi madre se puso tan contenta, porque tampoco quería verme monja. Y todos tan contentos. Yo tenía apuntado el nombre y la dirección del chico que estaba formando tu club. En la carta le decía que quería entrar en el club y que me escribiera dándome los detalles de lo que había que hacer. Me acuerdo que al sobre y al papel de la carta les puse perfume para, como era un chico, llamar su atención y que me hiciera caso enseguida. No sé si por el perfume o por qué, pero me contestó casi a vuelta de correo y así entré en el Club Raphael de Barcelona. Me pusieron a hacer los boletines y yo encantada de la vida. Todavía los guardo. Guardo todos aquellos cuadernillos como oro en paño...'

Nunca agradeceré lo bastante el cariño y la admiración de tanta gente buena a través de un tiempo tan largo. Sólo quiero añadir que por todo ello me siento un ser privilegiado. Sé lo que debo y sé lo que he dado de mí mismo."

(tomado de la autobiografía de Raphael: "¿Y mañana qué?")

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Este testimonio es impagable.

Gracias Raphael, gracias Germán!

Chino.