miércoles 17 de diciembre de 2008

RAFAEL MARTOS SÁNCHEZ, FALÍN


"...Pero hasta eso, equivocarme, lo hago a mi manera. Un artista nace, pero no se hace, de cara al mundo, así como así. Hay que pulirlo, y tiene que ser él mismo quien se pula. Él solo, a solas consigo mismo. Una especie de "autopulición". Palabra que, quizá, merecería pasar a algún diccionario secreto de esos que hay por ahí".
(...)
"Había que encontrar un sustituto, yo estaba allí y, casi en marcha, me metieron en el autocar. Total, me llevaron al pueblo dichoso y para más inri, fui el encargado de abrir el espectáculo. Lo dicho: el telonero.
Allí me insultaron por primera vez con esa palabra, maricón, un insulto muy... español. En lugar de gritarte "vete a tu casa, desgraciao", o "eres un mierda", o lo que sea... pueso no, te llaman maricón.
Ésa fue la primera de las tres veces que he tenido que oírla en mi vida.
La segunda fue a la salida de Pavillón, en Madrid, un domingo por la tarde, después de un concierto. Había cientos de personas esperándome, y, al entrar en mi Lincoln, un "señor" (envalentonado al sentirse oculto entre tanta gente) lo gritó. Le oí y, por casualidad, le vi perfectamente. Intenté echarme encima, pero la policía me lo impidió.
La tercera vez fue, años después, en el anfiteatro romano de Tarragona, en el marco de Festivales de España. Esta vez me lo gritaron cuando acababa de aparecer en el escenario. Mandé encender las luces. Y, muy despacio, con la mano izquierda metida en el bolsillo, en medio de un silencio sepulcral, recorrí toda la grada hasta llegar a la otra esquina del escenario. Volví a subir, llegué al micrófono y, ante toda esa multitud expectante, dije: "ya me parecía que había oído mal". Me brindaron una ovación espectacular".

(Tomado de la autobografía de Rapahel, "¿Y mañana qué?")