<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022</id><updated>2011-04-21T18:16:59.390-03:00</updated><title type='text'>ubu roc</title><subtitle type='html'>La Última Disquería</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>30</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-8001508849228290203</id><published>2009-03-30T03:00:00.006-03:00</published><updated>2009-03-31T23:38:47.070-03:00</updated><title type='text'>LUZ DE TUBO ANULANDO EL DÍA</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SdBloI-nMZI/AAAAAAAAAGw/3nCCzTjo3Ps/s1600-h/03.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 217px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SdBloI-nMZI/AAAAAAAAAGw/3nCCzTjo3Ps/s320/03.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318862900203827602" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La habitación era despojada y fría, como todo ambiente donde se desarrolla cualquier tipo de actividad que tenga que ver con un tratamiento médico de cualquier tipo. Baldosas gastadas y grises, paredes desnudas (ni siquiera el remanido almanaque de algún laboratorio había en este caso), la puerta color cremita de un esmalte brillante y de mal gusto, detrás una silla metálica al tono. En el centro de la habitación un cilindro abierto, un cilindro plateado que se desplegaba en dos mitades: del lado de adentro lo que se veía era una serie de tubos parecidos a los fluorescentes, en disposición vertical y en una hilera circular que cubría toda la pared interna de aquel extraño aparato. En el centro de este cilindro abierto al medio y sobre el piso se hallaba una tarima de madera gastada que jamás había sentido una mano de barniz que suavizara un poco la aspereza de existir en el plano de las cosas. Dije que los tubos, que tenían la misma altura que el platinado artefacto, eran parecidos a los fluorescentes: sí: no se notaban diferencias, al menos estando apagados. &lt;br /&gt;Una de las dos mitades abiertas de esta singular columna estaba cerrada en una medialuna en su extremo superior gracias a la existencia de una barra pintada de negro que unía los dos extremos del semicírculo.&lt;br /&gt;De la parte inferior del instrumento salía un grueso cable negro que recorría el camino hacia una de las paredes del cuarto donde había un toma-corriente: allí todo terminaba en un voluminoso enchufe clavado a su hembra. Lo único que quebraba la monótona topografía de ese espacio era un papel pegado con cinta scotch sobre una de las paredes externas del inhóspito rulero plateado: allí, escrita a máquina, había una tabla que sólo agrandaría el enigma a cualquier visitante desprevenido. Dos columnas, la de la izquierda mostrando una numeración corrida ascendente y la otra con números de dos cifras también ordenados de menor a mayor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1                                             10´&lt;br /&gt;2                                             12´&lt;br /&gt;3                                             14´&lt;br /&gt;4                                             17´&lt;br /&gt;5                                             20´&lt;br /&gt;6                                             22´&lt;br /&gt;7                                             24´&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entraba yo acompañado de una enfermera, o mejor dicho de una empleada/secretaria ya que se trataba de un consultorio privado y la gente no estaba uniformada de ninguna manera, aún cuando el régimen al que se sometía a los asistentes era de dureza y rigidez marciales.&lt;br /&gt;El ritual era más o menos el siguiente: sacarse la ropa (todo menos el calzoncillo que debía ser un slip) y dejarla sobre la silla; confirmar qué numero de sesión era la presente visita para luego recibir unas antiparras muy pero muy pequeñas, como las que se usan para sumergirse en una pileta aunque de un material negro, cegador de toda claridad. Ahí me trepaba a la tarima de madera apoyado en un brazo de la mujer y, una vez sobre el podio, cerraba los ojos y me colocaba las particulares gafas bloqueantes acomodándolas bien para que no me molestaran en modo alguno. Una vez allí y entonces, levantaba los brazos y sujetaba con ambas manos la barreta negra que cerraba una de las mitades del cilindro: era tiempo de clausurar la máquina, tarea a cargo de la mujer que oficiaba de particular verdugo del reino del "avance" de la humanidad y la civilización. &lt;br /&gt;De una de las uniones de la barreta con la pared del aparato salía un cable que le daba dos vueltas de tirabuzón terminando su recorrido en un timbre muy similar al interruptor de una lámpara de mesa, botón que quedaba al alcance de mis manos. Cerrada la cosa yo quedaba atrapado en el cilindro cuyo diámetro no superaba los cien centímetros. En ese momento la mujer siempre decía lo mismo: "si necesitás algo o te sentís mal ya sabés eh: tocá el timbre que vengo enseguida". Se oía el chasquido de una llave interruptora que cambiaba de posición y la luminosidad se modificaba: era notable aún detrás de las antiparras que abortaban toda posibilidad de luz. La temperatura subía rápidamente (a un nivel para nada amistoso) hasta llegar a una meseta a partir de la cual el calor seguía ganando terreno (como si ello fuera aún posible, y vaya si lo era): más lentamente pero con la constancia y rigidez del paso del tiempo. &lt;br /&gt;P.U.V.A. Esa era la sigla. La U y la V correspondían a UltraVioleta, la P y la A ya no recuerdo. Allá por los setenta era la última novedad, el más escandaloso avance de la ciencia para solucionar la psoriasis. Y el único aparato en Buenos Aires estaba allí, en los consultorios del Dr. Mom (padre, porque yo me atendía con los padres y, tras el paso de los años, también con los hijos: eso es ser un paciente ejemplar), en la calle Marcelo T. de Alvear, muy cerquita de las facultades. &lt;br /&gt;Este milagroso tratamiento y esta maravillosa máquina venían a suplantar al benigno efecto del sol sobre mi afección: era como alquilarse un sol privado durante el invierno, era el mismo absurdo de siempre con una forma diferente, era la idea de curarse que, una vez llevada al estadío obsesivo, olvida el verdadero objetivo: ¿curarse de qué carajo? Qué abuso del iluso, qué aprovechamiento de la desesperación...&lt;br /&gt;Pero, como toda obsesión, la cuestión no se limitaba a los diez, doce, catorce, diecisiete, veinte, veintidós o veinticuatro minutos que durara la sesión de P.U.V.A. Para estar verdaderamente pendiente todo el maldito tiempo del eventual arribo a la tierra prometida había que tomar una pastilla durante las horas previas: la receta que llevaba a la única farmacia de la ciudad que las preparaba rezaba: 8 M.O.P. Porque el avance se escirbe con siglas con cuyo significado un simple mortal sólo aspira a conjeturar (supongo). Estas cápsulas (las recuerdo perfectamente: eran inmensas, a tal punto que ante cada toma me ponía tremendamente nervioso temiendo atragantarme y morir en el intento de ingerirlas) eran parte del enigma: ¿Ozzy Osbourne, David Crosby? Pero esos son faloperos de pose y automedicación, unas simples mariquitas: a ver si alguna vez se clavaron un 8 M.O.P. día por medio a los once años de edad teniendo que usar lentes de sol todo el santo día (incluso en la escuela) para evitar que la claridad del día les dañase la vista. Sí, porque la capsulita se suponía que atraía a los rayos ultravioletas que surcaban el eter de cada día, nublado o diáfano.  &lt;br /&gt;Esos eran verdaderos días de pre-temporada, de entrenamiento en el tosco arte de la resistencia. Pero resistencia en serio, no las paparruchadas de los franceses durante la Segunda Guerra. Así se va moldeando un loquito, atravesando estas experiencias. &lt;br /&gt;Pero como en toda batalla, un combatiente tiene que ir calculando las fuerzas y midiendo la distancia que lo separa del objetivo más cercano. En estas sesiones todo se reducía a tener alguna idea del transcurso del tiempo bajo esas temperaturas mefistofélicas. Con los ojos sellados por las antiparras no había chances de pispear un reloj, ni aún inventándolo en la desnudez de slip en la que me encontraba durante cada sesión de P.U.V.A. Pensé, durante la primera experiencia, en buscar la forma de medir el tiempo a partir de las gotas de transpiración que recorrían todo mi cuerpo, de cabeza a pies. Muy complicado, demasiado impreciso. Sin detenerme en el primer fracaso (qué va) la solución llegó rápidamente: cantar, cantar en la cabeza. No, no con la voz, sino hacer sonar una canción muda dentro de la cabeza. Cuando se me ocurrió, durante la segunda sesión ultravioleta, el sistema no pudo probarse en todas sus bondades: canté, o seguí con voz silenciosa el recorrido de una canción de Seru Giran que sumaba intensidad al barullo cavernoso de costumbre. ¿Que por qué el sistema no podía ser todo lo preciso posible durante la primera práctica? Es que en ese momento no tenía forma de controlar la duración exacta de la canción en el mundo real, por lo tanto se la asigné arbitrariamente. "´Seminare´, más o menos tres minutos", me dije. Y la hice girar en el bocho, una y otra vez, hasta llegar a las cuatro veces. Seguramente durante la cuarta pasada las ansias por el final del infierno de ese día habían hecho que las neuronas giraran a 36 2/3 en lugar de 33 1/3 pero bueno... Al menos de esta manera el tiempo transcurría mientras mis pensamientos salticaban desde las gotas de sudor y los humeantes números de las temperaturas dantescas del interior del cilindro al golpeteo de los tom-toms de Moro y los firuletes del bajo de Aznar. Y así es como aguantaba y aguantaba sin tocar el timbre. Jamás toqué el timbre pidiendo asistencia: esa era mi absurda medalla, ese era el puntapié hacia la calma que da el deber cumplido. Al fin y al cabo esa sería la única recompensa a semejante despropósito de radiación: la psoriasis no bajó su impedancia en lo más mínimo, no importa el haber cumplido con las siete sesiones del apocalipsis (y más). Pero yo jamás toqué el timbre: NUNCA. &lt;br /&gt;Los lentes de sol eran unos &lt;em&gt;aviator&lt;/em&gt; de marca nacional, marrones. Mi pelo enrulado y abultado hacia arriba y los costados cerraba una imagen demasiado rockera para el ámbito escolar. A la tercera sesión la medición del tiempo fue mucho más precisa: en casa había comprobado la duración exacta de "Seminare". Para las sesiones cuarta, quinta, sexta y séptima me preparé otros temas, no sea caso de aburrir a la audiencia. Todas del repertorio "rock nacional": es que en ese entonces me intoxicaba con eso gracias a mi prima Gabi, unos años más grande que yo y habitante del barrio de Floresta/Mataderos: todo un peligro si de gustos musicales del final de los setenta hablamos. &lt;br /&gt;La psoriasis no me la habré curado, claro, pero desde entonces en mi cabeza no paran de circular las canciones. Y en capas sucesivas anque simultáneas: tal vez todos los radiograbadores, centros musicales, "walkmans", "disc-mans" y equipos de audio que tuve en mi vida (yo no tuve iPod) se fueron acumulando allí, arrumbándose entre los rincones de mis ambos hemisferios, siempre encendidos. Al principio, unos meses después de la experiencia P.U.V.A., el continuo musical en mi cabeza me asustó: ¿Cómo se apaga esto antes de enloquecer? Durante meses traté de explicar lo que me pasaba a mi familia que sólo devolvía gestos de desconcierto (justamente) y, más tarde, en el estadío de la resignación, sonrisas (todo en mi vida desemboca en el mar de la broma supuestamente cruel). Siempre recuerdo una respuesta de mi viejo (o una amenaza), una de esas frases con las que un padre cierra una discusión con su hijo, harto ya de la riña verbal inconducente: "callate porque te doy un cachetazo que se te van a mezclar todos los cassettes esos que tenés en la cabeza". Había testigos de la escena: aún hoy, eventualmente, se la recuerda durante esas tardes familiares donde la vuelta del mate mide el perenne tiempo de espera al descenlace común. En esas ocasiones las risas hacen las veces del timbre, ese que yo jamás pulsé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;NOTA AL PIE:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sabrán disculpar mi recurrencia a la ausencia: este espacio no podía ser la excepción. De ahora en más prometo subir una "entrada" cada mes. Es que me dispongo a conquistar el hábito diario de la escritura a partir de los próximos días con el objetivo de acumular la mayor cantidad posible de estas historias en vista a compilarlas en un volumen de aparición incierta. Lo que acaban de leer, si bien siempre relacionado a los discos y la música, tiene un carácter un poco más íntimo (aún) al habitual. Me disculpo por ello inútilmente, aún cuando no corresponda. Tal vez la característica de este escrito sea una excusa tan válida como mi pereza para decidir escribir de ahora en más sin publicar en el blog en vistas de un libro que seguramente, como casi todo en mi derrotero, esté destinado a no ser. Who knows. Pero bueno, al menos una historieta al mes prometo. Confío en cumplir. Gracias.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-8001508849228290203?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/8001508849228290203/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=8001508849228290203&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/8001508849228290203'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/8001508849228290203'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/03/luz-de-tubo-anulando-el-dia.html' title='LUZ DE TUBO ANULANDO EL DÍA'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SdBloI-nMZI/AAAAAAAAAGw/3nCCzTjo3Ps/s72-c/03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-3554713927661711535</id><published>2009-03-16T11:34:00.004-03:00</published><updated>2009-03-16T13:07:46.216-03:00</updated><title type='text'>...AND YET YOU GO ON</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/Sb5j0qvJsbI/AAAAAAAAAGo/lRnZZzIRZx0/s1600-h/02.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 250px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/Sb5j0qvJsbI/AAAAAAAAAGo/lRnZZzIRZx0/s320/02.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5313794366820168114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Lo accesorio, lo prescindible, lo que no para de caerse. Hasta que se apaga el ojo. Les ruego a todos los amigos que quieran seguir en contacto y relación directa con El Oasis: La Disquería Queda en mi Cabeza, me escriban a uburoc@hotmail.com y se identifiquen de alguna manera. A todos los voy a reconocer simplemente por el nombre pero quiero que, de todas maneras, den algún dato que ustedes creen los individualiza en esta relación que establecen con el que suscribe (que a veces vendió discos sin darse cuenta). Se los pido como un juego más y como otro aporte a la improvisación permanente que fue, es y será El Oasis: La Disquería Queda en mi Cabeza. Una vez que me escriban y se suscriban los contactaré y les contaré. Espero sus mails desde ahora mismo hasta el lunes 23 de Marzo. Gracias. Germán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/IbW_5_WE7hg&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/IbW_5_WE7hg&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-3554713927661711535?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/3554713927661711535/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=3554713927661711535&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3554713927661711535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3554713927661711535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/03/and-yet-you-go-on.html' title='...AND YET YOU GO ON'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/Sb5j0qvJsbI/AAAAAAAAAGo/lRnZZzIRZx0/s72-c/02.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-5750923094485028161</id><published>2009-02-21T21:02:00.008-02:00</published><updated>2009-02-28T20:13:19.775-02:00</updated><title type='text'>4:13 NIGHTMARE</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/Sak9-Z7lYtI/AAAAAAAAAGQ/dRKGrMLWupo/s1600-h/scan.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 246px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/Sak9-Z7lYtI/AAAAAAAAAGQ/dRKGrMLWupo/s320/scan.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307841778154824402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Algo olía mal. Tengo tendencia a sospechar la existencia de señales ocultas tras los sucesos más nimios. Sabiendo esto, luego de acaecidas mis sospechas, hago el esfuerzo por lograr la reversión del proceso original para poder seguir viviendo en paz. Pero algo siempre huele mal, de todos modos…&lt;br /&gt;Al final del &lt;em&gt;Swing Tour &lt;/em&gt;de The Cure, de la gira británica estoy hablando, algo olía mal, como dije arriba; pero en ese entonces yo ni siquiera lo sospechaba. De tener la sintonía tan fina no podría seguir vivo ni por cinco segundos. Pero ahora lo entiendo: aún entonces algo olía muy mal.&lt;br /&gt;La parte británica del &lt;em&gt;Swing Tour &lt;/em&gt;había sido recortada violentamente, reduciéndose a tan solo dos shows en Londres. Se cancelaron por falta de ventas dos fechas más en el mismo &lt;em&gt;Earl's Court &lt;/em&gt;londinense además de los recitales pautados en Birmingham, Manchester y Glasgow. Todo un fiasco y un primer y duro golpe al ego herido de Robert Smith (hoy por hoy tan acariciado). Hablo del inicio de la gira, ni bien salió el disco. Más precisamente cito aquí la segunda de esas dos fechas, la del primero de Junio de 1996. The Cure presentaba un álbum que parecía desparejo, uno que dejaba la sensación de no estar debidamente cohesionado. El tiempo lo dibujó de otro modo, maldita costumbre de Cronos y su efecto sobre nuestra percepción de las cosas… Pero en aquel momento &lt;em&gt;Wild Mood Swings &lt;/em&gt;se veía solamente como un intento desesperado de perpetuar la idea del grupo haciendo como que la formación ideal de &lt;em&gt;Wish&lt;/em&gt; no se había modificado. Una negación lisa y llana de la deserción de Porl Thompson y Boris Williams. &lt;br /&gt;Allí estaba yo entonces, en el &lt;em&gt;aftershow&lt;/em&gt; del segundo y último show inglés, el 1 de Junio de 1996. Porl, mi conocido directo en la banda y como acabo de mencionar, ya no estaba en la formación. Ni siquiera había asistido al show esa noche; tampoco estaba su mujer Janet, la hermana de Robert Smith. Pero a esa altura gozaba yo de los beneficios suficientes como para estar metido en esas absurdas situaciones que nunca supe disfrutar desde el estereotipo de fanático. Pero yo estaba allí, siempre sin saber para qué. Robert Smith, botella de Champagne en mano, llenaba mi vaso y el suyo (vasos plásticos de pintas de cerveza) a medida que los íbamos vaciando. De un gran humor y haciendo comentarios absurdos sobre vaya a saber qué cosas. No, no voy a pretender de qué iba la conversación, ya no lo recuerdo. Pero sí tengo muy presente las imágenes: la de la botella que él tomaba por el cogote, la de su otra mano con el vaso, la del mío extendido para volver a ser llenado, la del maquillaje corrido y seco a fuerza de transpiración, la del rostro de palidez fantasmal de sonrisa extrañada, la mueca torcida hacia un lado… Risas y buen humor, recuerdo. Era un típico show en Londres donde el &lt;em&gt;aftershow&lt;/em&gt; se llenaba de familia y amigos. Sin embargo algo olía mal aún entonces…&lt;br /&gt;Sí, algo olía mal aún hoy entonces, eventualmente. El plan de un nuevo viaje para ver a The Cure en piloto automático. Buscando excusas para reeditar el precolombino ritual, llámense esta excusa &lt;em&gt;Pink Pig &lt;/em&gt;o lo que fuere. Así es como se fue armando el plan... Veo a The Cure después de muchos años, hablo con Porl y con Robert, busco concretar las promesas vertidas en algún momento que fortalecerían eternamente a &lt;em&gt;Pink Pig&lt;/em&gt;. Luego se agregó la presencia de Franz Ferdinand como teloneros: demasiados amigos rockeros en una sola noche. Me resultaba divertido pensar en Kapranos descubriendo en un &lt;em&gt;aftershow&lt;/em&gt; que soy un viejo conocido de Smith y Thompson y viceversa. ¿Quién es este estúpido tan lejano que conoce a esta gente de tan cerca? Me resultaba ridículamente graciosa la eventual escena. Así es como que el plan tomaba forma y se ponía en práctica. Así es cómo el miércoles 18 de febrero me subía a un avión de TAM con destino París. Porque la idea era llegar allí para partir hacia Londres en auto y ferry con unos amigos franceses que había hecho en el proceso del proyecto &lt;em&gt;Pink Pig&lt;/em&gt;. Pasaríamos una semana en Londres, volveríamos a París donde me esperaban 7 días más de paseo con recital de Oasis y Glasvegas en el &lt;em&gt;Bercy&lt;/em&gt; incluido. Allí estaría con Noel a quien ni loco le confesaría que conozco a Kapranos y a Smith. ¿Qué tiene que ver Oasis con Franz Ferdinand y, especialmente, con The Cure? Yo, claro: algo olía mal hoy aún entonces, eventualmente. &lt;br /&gt;Portando mi pasaporte número 4, uno que saqué luego del viaje de los recitales de Almond en el Wilton's Music Hall allá por 2007, virgen aún de sellados de entradas y salidas, emergí del submarino volador y me interné en los laberínticos pasillos del aeropuerto &lt;em&gt;Charles De Gaulle&lt;/em&gt;. Al finalizar el último de estos pasadizos había tres policías que pedían ver los pasaportes antes de que los pasajeros pudiesen llegar a las ventanillas de migraciones. Unos quince viajeros fuimos separados a un costado impidiéndosenos llegar al control migratorio propiamente dicho. Una vez que todos los restantes pasajeros de ese vuelo hubiesen pasado ese improvisado control, el grupo diferenciado fue conducido a un costado donde los mismos policías repetían las preguntas y el intento de comprender las respuestas que recibían: no hablaban más que francés e intentaban adivinar, en mi caso, el inglés. Aparentemente. Dos de los quince fueron liberados para que efectivamente cumplieran el control migratorio propiamente dicho con el agente civil correspondiente. Los otros trece fuimos conducidos a una oficina policial en la misma terminal del aeropuerto muy cerca de donde estábamos. Los pasaportes de los 13 apóstoles eran, a saber: el de una chica Colombiana, el de un chico Chileno, el de un servidor Argentino, el de una Paraguaya y el de varios Brasileros (ellos y ellas). Algo olía mal aún hoy entonces, eventualmente. &lt;br /&gt;La oficina a la que entramos tenía signos de decadencia oficial argentina: zócalos sueltos, tapas de electricidad rotas, cables al aire, mugre y descuidos por doquier, sillas rotas y vencidas, etc. Dos de los trece sospechados se sentaron en los dos únicos asientos disponibles para los visitantes y los demás nos parábamos en semicírculo sin saber qué esperar, pero esperando. Ninguno de los policías hablaba español ni portugués, todos parecían entender rudimentariamente el inglés en la medida en que quisieran entender: cuando la información que se les daba en ese idioma no les resultaba útil a su hasta entonces secreto cometido, automáticamente cerraban toda posibilidad de comunicación en un francés cerrado pero igualmente adivinable. Tres horas pasaron allí sin que nadie nos diese información sobre nuestra situación. Y vuelvo a la primera persona del singular: mi pasaporte daba vueltas por las manos policíacas cada vez con más papelitos adentro, se tomaban datos en una computadora, se trasladaba a otro recinto, volvía así el documento volador y quedaba apoyado un rato sobre un escritorio cerca de mí pero nunca al alcance de mi mano: yo ya no era quien se suponía ser;  yo, sin ser consciente de ello aún, estaba flotando en el más absoluto de los limbos: finalmente era nadie. Aún así, la idea de no poder entrar a Francia no pasaba ni por asomo en mi cabeza. Soy muy crédulo, demasiado, tengo siempre buena fe mal que me pese: excesivamente. He viajado docenas de veces a Europa, nunca estuve más de dos minutos frente a los oficiales de migraciones de turno, no tengo ningún delito ni entrada a comisarías en mi haber en ninguna parte del mundo, había viajado con itinerario fijo, pasaje de retorno, reservaciones en Londres, seguro médico, dinero más que suficiente y, para colmo, una amiga francesa esperándome para recibirme en su casa con cordialidad admirable. Todo esto fue comunicado y en detalle a una traductora que apareció en la oficina policial luego de una interminable espera. Cuando le dije que le daba el teléfono de mi amiga para que la llamara y corroborara toda la historia me dijo: &lt;em&gt;“No, no hace falta”. &lt;/em&gt;Simplemente eso, el hermetismo de la policía y el de esta funcionaria eran demoledores. Escudados en su ineptitud infinita que les permitía solamente hablar en su sobrevalorado idioma aprovechaban para ocultar lo que querían hacer desaparecer: información sobre qué estaba ocurriéndonos y nuestros más elementales derechos. En el país de la libertad, en el de la revolución, en la tierra de Flaubert, Jarry, Rimbaud y Cocteau. Pero yo no estaba ante ninguno de ellos, ni siquiera ante sus espectros: yo me había topado con un puñado de oficiales de la bonaerense pero con piel más clara e intenciones más oscuras. Ah, además estaba Farid, uno de los policías de evidente origen marroquí. Es que el lavado de culpas es mucho más grande que el de dinero, en todo el mundo y a lo largo de todos los tiempos. &lt;br /&gt;Viñeta que grafica el maltrato desde temprano: en este semicírculo que formábamos los asistentes al demoníaco banquete, a mí me tocó estar parado delante de una máquina fotocopiadora. En determinado momento una de las mujeres policía (aspecto exageradamente varonil, corte de pelo al tono) se paró frente a mí y sin mirarme hizo un gesto con la mano derecha como si barriese migas sobre una imaginaria mesa dos veces y hacia afuera. El sonido acorde que hizo para acompañar el ademán es el que todos podemos imaginar: &lt;em&gt;“Fusshhh, fusshhh&lt;/em&gt;…”, como espantando un insecto. Así estaba la situación, porque algo olía mal hoy aún entonces, eventualmente. Yo seguía sin sospechar muy concretamente mi destino, yo tan incrédulo de no ser crédulo. Así iba tragándome los mocos porque uno bien sabe que una reacción podría poner en riesgo nuestra suerte… Fue entonces cuando, tras poco más de tres horas de comenzado el calvario, mi pasaporte llega, una vez más, con unos papeles dentro. Es apoyado en un escritorio, abandonado casi. Haciendo torpe ilación de los sucesos precedentes, recordando el &lt;em&gt;“No, no hace falta”&lt;/em&gt; de la traductora ante mi reiterada oferta del número de teléfono y dirección de Faustine para que comprobaran mis confesas intenciones de viajero ocasional, me dije: &lt;em&gt;“Ya está, me liberan del trámite y me voy a tomar el tren y luego el metro&lt;/em&gt;.” Pero la espera se prolongaba… Más y más. En un punto le pregunto en idioma inglés al policía que ingresaba en ese momento a la oficina: &lt;em&gt;“¿Me podés informar de mi situación por favor que no entiendo nada?”&lt;/em&gt; Balbuceó algo inentendible justamente a modo de desentenderse de la situación. La Colombiana repite luego mi pregunta con la intención de informarse ella sobre su propio estado y la respuesta de otro de los policías (Dios mío: ¿cuántos botones del orto había deambulando por allí?) fue: &lt;em&gt;“Van a ser enviados de vuelta a sus países de origen&lt;/em&gt;”. Un escalofrío de incredulidad atravesó mi espinazo. Inmediatamente le digo: &lt;em&gt;“¿Por qué? ¿Qué motivo existe para que me nieguen la entrada? Quiero hablar con mi consulado&lt;/em&gt;”. A lo que, en ese momento políglota agente, respondió: &lt;em&gt;“abajo hay un teléfono desde donde vas a poder llamar.”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Abajo fuimos. Algo olía mal hoy aún entonces a esta altura. Hasta yo podía darme cuenta… “Abajo” era otra dependencia policial. Nuestros pasaportes habían quedado en el agujero negro de las oficinas del relato previo y ahora ante nuestras miradas había sólo una serie de fotocopias de los mismos. A la izquierda de la pequeña oficina se abría paso un corredor con diferentes compartimientos dispuestos en hilera: como si fueran enfermerías de una tienda de campaña. Asomé mi vista al primero de ellos: tras una cortina amarillenta (que se adivinaba blanca en sus años mozos) con manchas de sangre seca, había una mesa haciendo las veces de improvisada camilla y una banqueta a su lado. Las paredes estaban revestidas de salpicré y tatuadas con manchas a tono con las de la cortina cortina. Todo se evidenciaba muy sórdido y carcelario. El pánico se hizo presente bajando abruptamente a través de mi espaldar. Dos de las mujeres policías comenzaron a calzarse guantes de látex mientras alguien separaba las fotocopias correspondientes a los hombres de las que pertenecían a las mujeres. En un francés cerrado pero a esa altura demasiado fácilmente adivinable las dos mujeres se ordenaron mutuamente comenzar con la tarea: llamaron a la de la fotocopia femenina de arriba de todo: la Colombiana. La introdujeron en el habitáculo que más arriba describiera. Sólo se escuchaban las voces de las galas malas. Pasaron cinco minutos, luego diez, entonces los dos hombres repiten la escena de las minas: yo soy el de la fotocopia de arriba de todo en este caso. Soy ingresado a uno de los compartimientos que le seguían al antes mencionado entonces, acompañado de dos enguantados policías. El habitáculo era más pequeño que el que yo había visto anteriormente y tenía espacio apenas para un escritorio pequeño y una silla. Ahí entré apenas parado. La mesa estaba indeciblemente sucia y en el centro tenía manchas de sangre, probablemente del Medioevo. Me pidieron que depositara allí todas mis pertenencias. Comencé a sacarlas y les dije, siempre en inglés: &lt;em&gt;“No quiero apoyar ahí mis cosas, está todo sucio&lt;/em&gt;”. Los agentes del orden con conocimientos intermitentes del idioma de Shakespeare hacían comentarios socarrones en su para mí desconocido idioma (pero, a esta altura, tan fácilmente adivinable). Me pidieron que les diera mi dinero. Yo comencé a contarlo imaginando ya su destino: ellos se burlaron de eso tomando como una estupidez que yo desconfiara de su tácita honestidad. Luego de contarlo apoyaron el botín muy especialmente sobre las manchas de antaño mientras uno comenzó a palparme muy minuciosamente. Contaron el dinero, tomaron nota en un formulario, lo introdujeron en una bolsa de plástico transparente. Yo les dije: &lt;em&gt;“¿Por qué me quitan el dinero? ¿No es suficiente atropello ya el haberme privado de mi pasaporte?” &lt;/em&gt;Seguían entendiendo: &lt;em&gt;“Vas a estar entre mucha gente, es por tu propia seguridad”. “No necesito de su protección, justamente no de la de ustedes&lt;/em&gt;”, dije. Y, mirando hacia atrás a través de una ventana blindada vi la celda: un habitáculo de tres por cuatro metros pelado, con bancos duros contra dos de sus paredes pintadas y escritas con biromes y lápices pero muy especialmente con trazos muy gruesos e irregulares de colores  en la gama del marrón: sí, escritura con mierda. Manchas repulsivas por doquier, inscripciones en todos los idiomas imaginables, lugares comunes de cualquier película de segunda línea sobre cárceles y celdas de todo tipo. En el centro de una de las paredes un teléfono atornillado en forma vertical. &lt;em&gt;“¿Por qué me ponen en una celda? ¿Qué hice yo para recibir este tratamiento?” “No es una celda, es una sala de espera para aguardar hasta que se puedan volver a sus lugares de origen y estén seguros&lt;/em&gt;”, me dijo uno de los policías. En medio de un pánico total que ocultaba la indignación e infinita tristeza que aflorarían más tarde, les pregunté: &lt;em&gt;“¿Pero por qué no puedo entrar si tengo todo en orden? No tienen derecho a hacerme esto, alguien tiene que darme una explicación, quiero llamar al consulado de Argentina&lt;/em&gt;”. El switch se había corrido hacia el “sólo entiendo francés”. Me metieron en la celda, o en la sala de espera que cerraban inocentemente con un pasador desde afuera, pestilente habitáculo sin agua ni ninguna señal de la más mínima cordialidad ni el menor de los gestos humanitarios siquiera. Un ojo de buey en la puerta y una ventana que daba a la desierta oficina donde yo había estado instantes antes, todo con vidrios blindados que, de golpearlos, no hacían el menor ruido. Eso era todo, demasiado.&lt;br /&gt;Uno a uno fue entrando el resto de los infortunados. A la Colombiana la habían desnudado y revisado ginecológicamente (a una Brasilera también aunque a su hija de no más de tres años sólo le habían sacado los pantalones). Sé la reacción inmediata al gentilicio colombiano: prejuicios, sospechas. Yo mismo descreía en el fondo de ella en un comienzo, debo admitirlo en tren de ser brutalmente honesto. Y de las intenciones de dos brasileros basándome en sus aspectos físicos y de vestimenta. La historia que la chica de Medellín me contó y luego corroboré al oírla hablar por teléfono con su familia reiteradas veces era la siguiente: iba hacia Tel Aviv a una boda, se encontraría allí con su novio (se casaba el hermano de éste), estaba de tránsito en París, por dos horas. No le habían informado sobre la necesidad de una visa de tránsito para Francia. Aparentemente ese error o descuido o esa desinformación ameritaban el tratamiento que aquí estoy contando, denigrante revisación ginecológica incluida. Ella, según me contó, portaba consigo sus cuatro anteriores pasaportes, dos de ellos diplomáticos: su padre, ya fallecido, había sido embajador de Colombia en París por cuatro años. Su hermana era francesa y residente en París. Nada parecía importar dentro de esta pesadilla en acción. &lt;br /&gt;Pasaban las horas y nadie decía nada: la desinformación era absoluta. Ante cada pasada de un policía (sea porque pasaba a mirarnos por el ojo de buey o en respuesta a los gritos que solicitaban un vaso de agua o una visita al baño) alguien reclamaba algo. En mi desorden compulsivo no me apoyaba en pared alguna a fuerza del asco y la aprehensión. Los bancos me parecían el contacto eventual con el infierno infeccioso. Las reumáticas articulaciones me latían y amenazaban con la capitulación. En eso, ante mi insistencia, un policía trajo anotado el número del consulado Argentino. Un dato curioso: había un número escrito y luego tachado con una raya horizontal. Debajo del mismo habían escrito otro número: exactamente el mismo que habían tachado. Lo marqué con desesperación (el teléfono parecía limpio), al quinto número una grabación en francés me hacía adivinar lo erróneo de la numeración pretendida. Probé mil veces. Luego intenté con el número de mi amiga Faustine: nada. Al tercer intento sin siquiera llegar a sonar, una voz dijo: &lt;em&gt;“Police Station&lt;/em&gt;”… Era de pesadilla, casi Lynchesco. La colombiana tampoco podía comunicarse con ningún número. Decidimos que el teléfono era una farsa. Llamamos al guardia, se lo dijimos. Aseguró que funcionaba, yo le dije que entonces el número que me había dado estaba mal y le reclamé el correcto que correspondiese al Consulado Argentino. Me lo prometió para no volver por dos horas. Volví a reclamarle mostrándole el papel donde me habían anotado el otro. Lo agarró y, apoyándolo sobre la puerta, le agregó un cero a la izquierda. Hijos de mil puta: me lo habían dado sutilmente mal apropósito: evidentemente había que marcar un cero extra para tener habilitada esa línea ¿Quién podría haberlo adivinado?  Entre la escritura con mierda, eventualmente y cuando ya era muy tarde para muchas cosas, habíamos descubierto pistas sobre la necesidad de un cero extra. Reitero: ¿Quién podría haberlo adivinado? La mentira con carta de exoneración bajo la manga: todo un sistema que luego de finalizado todo este episodio, descubriera yo a cada paso que daban estos policías. Cuando tuve el número correcto con todos los insospechables prefijos correspondientes ya eran las cinco de la tarde: el teléfono del consulado no dejaba de sonar inútilmente. A esta altura de la &lt;em&gt;soirée&lt;/em&gt; ya no quería que me dejasen entrar a Francia: quería volverme a mi casa, que me sacasen de ese tortuoso encierro: mi cabeza estaba totalmente quebrada y no podía afrontar ya mi plan de vida para las semanas siguientes, por más agradable que este fuera. No puedo explicar los devastadores efectos de la experiencia sobre cualquier mortal de buenas intenciones, es realmente gravísimo. &lt;br /&gt;Mis articulaciones latían y mis partes de titanio crujían amargamente por lo que intentaré hacer la historia, al menos en este relato, un poco más corta. Estaba asustado. Le pedí piedad a tres de los policías en tres ocasiones diferentes. Les expliqué de mis operaciones, de mi artritis generalizada, de mi necesidad de estar sentado en una silla normal y mínimamente confortable. El primero hizo como que no me entendía y se fue mascullando su idioma. El segundo me escuchó y me llevó hacia la oficina de ingreso (único gesto de piedad en toda la experiencia). Allí me dijo en inglés: &lt;em&gt;“Acá están trabajando, te podés quedar sentado ahí sólo si no hablás, para no molestar&lt;/em&gt;”. Le transmitió lo que me pasaba a su  jefe detrás del mostrador (en un muy adivinable francés) quien me miró con un odio inefable gritando luego una orden demasiado imperativa en su apócrifamente dulce idioma: me mandó con inequívocas humillaciones de regreso a la celda. El tercer intento fue con la mujer policía más vieja de todas con un aspecto que ni Gasalla podría darle a su personaje más sórdido: se puso violenta, comenzó a gritarme en la cara &lt;em&gt;“Parlé vous francaise? Parlé vous francaise?” “No!!! But you do not have the right to do this with me!!!” &lt;/em&gt;Etc. ad infinitum. A esta altura la situación era insostenible y el futuro insospechable: ¿Qué vendría luego: nos enviarían de vuelta pronto, a qué hora, sería hoy o pasaríamos la noche ahí, nos devolverían la entidad de personas alguna vez? No, no estoy exagerando en lo más mínimo. Esto no encierra ni un ápice de la verdadera gravedad y violencia de la situación en la que me sorprendía a mí mismo encerrado. Nunca imaginé que esto podía pasarme: jamás pensé que esto pudiera ser cierto en ninguna circunstancia. Dije que era demasiado crédulo. E ingenuo. Y de buena fe. Demasiada. Todo demasiado. &lt;br /&gt;A algunos se les prometía una traductora. ¿Para qué? Me preguntaba yo a esta altura... Nunca habíamos tenido el derecho a una entrevista normal con un verdadero, liso y llano agente de migraciones: la policía nos había interceptado en camino hacia ese trámite haciendo de nosotros parte de la estadística del día de los deportados requeridos por el sistema político de turno. Era evidente, nuestra condena regía desde el primer minuto y toda esta farsa no era más que una preparación de las excusas correspondientes a cada caso y un cuidado y dedicación claras en pos de que nadie tuviese la real posibilidad de recurrir a un consulado o a alguna mano amiga que pudiese aclarar la situación que la misma policía había plantado. Bueno… Esa traductora llegó un poco tarde: diez menos diez de la noche. Once horas habían pasado ya. Un poco tarde, ¿no? La traductora en verdad venía a blanquear la situación cuando ya no quedaba tiempo para nada: no se nos admitía en Francia, se nos enviaba de vuelta a los respectivos países de origen. La interrumpí, empecé a garabatear mi voz hablando de maltratos, de prohibición injustificada. La funcionaria, de corporativismo acérrimo, continuó el derrotero descalificador y el rosario de humillaciones: &lt;em&gt;“Como el señor quiere que comencemos con él, así lo vamos a hacer”. “No, yo no quiero que comiences con nada ni nadie: quiero que expliques el por qué del avasallamiento de todo derecho elemental, el por qué de este maltrato”. “¿Maltrato? Esto no es maltrato&lt;/em&gt;”. Era tremendo. Honestamente no puedo seguir contando, me agobia, me ahoga, me enfurece hacia adentro, me tumoriza. La breve explicación oficial de por qué yo no entraba se resumía a que yo no portaba una carta formal de invitación al país y que por lo tanto no quisieron llamar a mi anfitriona (quien estaba desde hacía horas llamando a la policía y enviando mensajes a amigos míos de &lt;em&gt;facebook&lt;/em&gt; indiscriminadamente en pánico porque me hubiera pasado algo malo). Una vulgar excusa era todo lo que se me ofrecía, como si fuese un sub-humano. Le dije que no me importaba en lo más mínimo a esa altura entrar en su maldito país, que sólo quería irme pero que sea cual fuere la excusa, yo no había hecho nada para recibir ese tratamiento y permanecer privado de mi libertad y de mis derechos básicos por todo un día. &lt;em&gt;“¿Usted conoce la legislación francesa?” &lt;/em&gt;Fue todo lo que enhebró como respuesta pensando que con esa chicana podía dejarme conforme. Algo más instruida que los precarios policías y como buena persona estúpida se pensaba cultural e intelectualmente superior a esas cosas con patas y manos que llenaban la estadística oficial y mentirosa sobre los inmigrantes ilegales. Idea que parte de una falacia propia de los imbéciles: “todos quieren venir a quedarse en nuestro territorio”. Es así que, sin ninguna autoridad moral ni intelectual, la funcionaria traductora evitó de ahí en más dirigirse a mí. Nos anunció que no iban a sellarnos el pasaporte y que no iba a quedar registro oficial de la situación: claro, ella pensaba que el real motivo para que así procedieran resultaba insospechable para las mentes de un puñado de ratas sudamericanas ilegales por definición; pero era más fácil descubrir la treta que descifrar su adivinable idioma: si ellos lo hacían todo oficial de ese modo se exponían a tener que pagar muy caro por su gigantesca arbitrariedad y el descomunal atropello. Por supuesto que le agradecí amorosamente el amable gesto, pero a esta altura había ya cerrado sus oídos al más mínimo de mis comentarios: ¿La última “reprimenda”? &lt;br /&gt;El vuelo de regreso salía diez y veinte. Nos sacaron afuera de la oficina, nos sentaron en unas sillas y a los dos minutos una de las mujeres policías (la misma del gesto de la escena de la fotocopiadora) hizo un ademán y unos sonidos propios de arrear ganado: así ordenó que nos pusiésemos en movimiento hacia el embarque de último momento: todos a la última fila del avión, el sector de los reos peligrosos, escoltados por cinco policías hasta la mismísima puerta de la aeronave y sin nuestros pasaportes que nos serían devueltos recién en San Pablo (los empleados brasileros, evidentemente alertados de mi condición de rechazado por Francia, revisaban de modo inverosímil los detalles de mi pasaporte en el intento de descubrir cualquier indicio de una posible falsedad del mismo). El dinero me había sido devuelto justo antes de que nos arriaran hacia el avión. Algo olía mal, es evidente. Había tenido diversas señales que me sugerían desde lo cifrado que cancelara el viaje. Es más: estuve con la idea de suspensión rondándome la cabeza hasta la misma mañana del día miércoles 18 de febrero. Me evito contarles de esas señales hoy y simplemente les digo que desoí todo, a modo de poder seguir viviendo un poquito más.&lt;br /&gt;La segunda botella de Champagne se había vaciado en manos de Robert Smith aquella noche del primero de Junio de 1996 (ya madrugada del día dos, para ser más precisos). Antes de que enfilara hacia el auto que lo iba a sacar de Earl's Court, tuve la siguiente ocurrencia: &lt;em&gt;“Robert, listen…” &lt;/em&gt;Sacando de un bolsillo mi primer pasaporte le dije: &lt;em&gt;“I got this Passport in 1990 just to come here and see you at the Crystal Palace Bowl, remember that show with James supporting? Well, as you are responsible for this, is time that you sign it&lt;/em&gt;”. Le entregué el pasaporte y, mientras buscamos una birome por ahí, lo abrió. Sobre la página 28 escribió con su trazo mitad infantil mitad de borracho: &lt;strong&gt;“YOU CAN NOT GET IN... ROBERT”&lt;/strong&gt; Nos reímos y él se metió en el asiento trasero de un Rover, del lado izquierdo. Lo recuerdo como si fuera hoy. Pero no era sólo hoy que olía mal algo también, y eventualmente. Su vaticinio ocurrió hace exactamente 13 años. Él me avisó entre los reparadores vahos del alcohol lo que ya olía mal y que ocurriría eventualmente en 13 años cuando yo intentase ver en vivo a su propio y mismísimo grupo presentando su excelente disco 4:13 Dream. Algo olía mal aún hoy entonces, eventualmente, aunque el dulzor del Champagne distrajese los primeros signos de advertencia, signos que también se filtraran en sus taciturnos trazos que hoy releo en la página 28 de mi primer pasaporte. En la página 29 había pegado el pase de aftershow de aquella noche. Con ese pasaporte regresé a Buenos Aires en 1996, hace exactamente 13 años. Estos días voy a sufrir el golpe pensando a cada momento lo que debería estar haciendo de aquí al 10 de marzo, fecha en la que tenía planeado mi retorno: hoy sábado iríamos al cumpleaños de una amiga de Faustine que hace cine y su plan de festejo era filmar una película y editarla en el día. Allí no estaré. A las once de la noche hubiésemos salido para Londres en auto y ferry para llegar el domingo a las 6 de la madrugada. Allí no estaré. A la noche del domingo hubiese ido, luego de pasear durante el día, a ver a Sunn O))) (por insistencia amistosa y con satisfacción garantizada). Allí no estaré. El lunes me tocaba, además de recorrida de compras de discos, una exhibición privada de dibujos automáticos inspirado en las ceremonias Hexen que ocurriría en The Atlantis Bookstore, la librería de ocultismo más antigua de Londres, mítica por sus esotéricos concurrentes; entonces tocaría su música Yan-gant-y-tan. Allí no estaré. Me ahorro el resto del rosario. Son historias que quedarán subyaciendo en el fondo del Averno para siempre, atrapadas en el plano de las señales y de los mensajes encriptados. Allí siempre estará mi mente en el desesperado intento de leer algo tras todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="295"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/aZwACoNwIDo&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/aZwACoNwIDo&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;NOTA AL MARGEN: &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá de este intento de hilvanar hechos reales en una especie de esotérica elipsis de la cronología personal, estos acontecimientos recientes me golpearon duro. Al punto de no saber cómo retomar mi vida “normal” este mismo lunes. Es más: no me decido aún a hacerlo. Es un modo de comunicárselo a todos ustedes en un intento de evitar contarlo infinidad de veces a medida que los vaya viendo. Las últimas consecuencias me resultan aún insospechables y el reiterar demasiado la historia excederá el punto de la sana descarga y podría volvérseme en contra. Nada más que eso. Gracias por leer este espacio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-5750923094485028161?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/5750923094485028161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=5750923094485028161&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/5750923094485028161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/5750923094485028161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/02/413-nightmare.html' title='4:13 NIGHTMARE'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/Sak9-Z7lYtI/AAAAAAAAAGQ/dRKGrMLWupo/s72-c/scan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-153914488018068661</id><published>2009-02-09T19:41:00.013-02:00</published><updated>2009-02-13T12:07:10.097-02:00</updated><title type='text'>THE LONG AND WINDING RIDE</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SZG3ZO1lEGI/AAAAAAAAAGI/s-m7xKzUKYk/s1600-h/404.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SZG3ZO1lEGI/AAAAAAAAAGI/s-m7xKzUKYk/s320/404.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301219880499220578" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No me entraba en la cabeza: ¿cómo se podía escribir la tapa de un vinilo inlgés con marcador de trazo grueso y en letras tan grandes? “GUS”, rezaba la contratapa del primer disco de Duran Duran y también la portada de &lt;em&gt;“Prince Charming”&lt;/em&gt; de Adam and the Ants. Así, con ese sello, conocí esos discos. Era en la casa de Chirola, un piso nueve sobre la calle Zavalía, justo frente a las Barrancas de Belgrano. Allí tuve por primera vez en mis manos un disco de Duran Duran, uno de Ultravox y uno de Adam &amp; The Ants. Es que el papá de Chirola era Contador de la Armada Argentina y estuvo con destino Inglaterra desde el año 1980 hasta abril del ochenta y dos. Allí y entonces vivían en Surrey: recuerdo un mapa de dicha localidad colgado en una de las paredes de la pieza de mi amigo. Cuando sobrevino la guerra de Malvinas los mandaron de vuelta y así es como Chirola cayó en el Instituto San Román, donde yo estaba cursando tercer año del colegio secundario. Rápidamente entramos en sintonía y comenzamos a reunirnos en su casa junto a Fabián, Ale, Mugre, Ernie, Madera y el Chino. &lt;br /&gt;A mis ojos el piso donde vivía Chirola con sus padres, su hermano y su hermana, era un palacio puesto a todo trapo con lujos inimaginables para mi cabecita de La Paternal (o del departamento del barrio de Coghlan, según del año que se tratase). Siempre me fascinaba ver en la alargada cocina todos los electrodomésticos de último modelo alineados bajo la extensa mesada. Si bien el lavarropas al ser tan moderno y tan inglés no dejaba de subyugarme, lo que realmente me dejaba atónito era el lavavajillas: no sabía siquiera de su existencia. Una tarde lo vi con la puerta abierta y, aún así, no podía entender cómo una máquina podía lavar los platos. Obviamente la sensación de “palacio del confort” que sentía cada vez que ingresaba a la casa de Chirola fue, a medida que las visitas eran más asiduas y nuestra amistad más grande, pasando hacia el fondo de la mente haciendo que el asombro por la calidad de domesticidad que algunos tenían diera paso pleno a los placeres que nos esperaban en cada reunión de amigos: jugábamos al &lt;em&gt;pool&lt;/em&gt; (uno bastante grande que no tenía patas y que por tanto se apoyaba sobre la mesa del living con una gruesa frazada amortiguando el roce de maderas) mientras poníamos siempre los mismos discos. Esos discos que Chirola marcaba con el apócope de su nombre sobre las portadas y con marcador de trazo grueso color negro. Es que, en una cabeza que no está gobernada por un pensamiento obsesivo, la marcación de un disco equivalía a la individualización de los lápices de colores, la regla o el transportador que llevábamos a la escuela primaria; simples elementos de uso doméstico expuestos al inevitable desgaste y a su eventual muerte. El problema lo tenía yo, por supuesto, pero en ese momento ni lo sospechaba. Chirola no podía entenderme cuando le reclamaba el manchón en el disco de Duran Duran (¡que encima era inglés, no se daba cuenta dónde había vivido casi tres años, carajo! En realidad el que no se daba cuenta era yo): se me quedaba mirando atónito. &lt;br /&gt;El &lt;em&gt;Deejay&lt;/em&gt; oficial era el anfitrión: cuando en la casa estaban los padres el volumen era siempre muy prudencial. Chirola ponía especial cuidado al poner los discos, no por proteger la integridad de los álbumes sino por resguardar el increíble equipo propiedad de su padre: era un &lt;em&gt;Grundig&lt;/em&gt; alemán de última generación (yo no había visto esas cosas ni en foto: ¡de dónde podía sacar fotos de equipos de audio viviendo en La Paternal o en Coghlan durante el año 1982!) y de presencia imponente: un rack de diseño con todos los componentes posibles dentro, todos en un plateado cegador; y cuatro columnas de bafles diseminadas por  cada rincón del gigantesco living. Qué bien que sonaba eso, por favor… Qué placer producía sin importar qué disco era el que se elegía… Es como que la experiencia de escuchar música cambiaba totalmente para mí respecto de lo que pasaba en mi casa. Yo estaba dándole rosca a mi primer centro musical ese año, no recuerdo bien cuántos meses después de conocer a Chirola. Y el casillero anterior en mi historia clínica como audiófilo era un simple radiograbador &lt;em&gt;Pioneer&lt;/em&gt; que me habían comprado mis viejos luego de que yo los presionara durante meses. Me acuerdo perfectamente del local de elctrodomésticos, uno que quedaba en Cabildo a veinte metros de la esquina de Blanco Encalada, sobre la vereda del lado del bajo. Allí la opción estaba entre dos &lt;em&gt;Pioneers&lt;/em&gt;: uno de color negro y con muchas luces marcando distintas funciones, y el otro más modesto y plateado. La diferencia de guita era considerable (al menos para mis viejos y también para mis ojos de adolescente) y las bondades del más caro que me deslumbraban (al apretar eject la puertita se abría lentamente en un movimiento neumático, para citar un ejemplo) fueron dejadas de lado en pos de no abollar aún más la economía familiar. &lt;br /&gt;Pero bueno, en lo de Chirola era otra cosa. Llegaba allí en 44 o 63 (o en 107 cuando vivía en Coghlan) y emprendía la subida de las Barrancas apurándome para tocar el timbre. El que hubiere casi permanentemente un portero en la recepción del edificio también era cosa poco común entonces (al menos para mí). Todo resultaba extraordinario: el hecho de que, de no estar en ese instante el encargado, alguien tuviese que bajar a abrirme, los sillones de cuero verde que había a la entrada (en los cuales muchas veces nos quedábamos a esperar a que llegara el último de los amigos así subíamos todos juntos y de una sola vez), la entrada de servicio (¡que daba justo sobre el lavavajillas!), etc. Seguramente las diferencias de calidad de vida entre los compañeros del colegio eran variadas y yo no era el único pobretón de todos. Y habría muchos en posiciones aún muchísimo más acomodadas que Chirola (y algunos de realidad más modesta que la mía). Pero para mí su caso, tal vez porque era la intimidad hogareña que más conocía, era la medida: siendo yo hijo de un taxista (es lo que hacía en ese momento mi viejo) me sentía un poco en off-side entre todo eso (es decir entre la media de ese colegio partiendo de la medida Chirola). Porque adentro del aula éramos todos iguales, los uniformes nos hacían notar que estábamos ahí todos más o menos para lo mismo (lo inconducente como vital denominador común). Pero fuera del colegio estaba el peligro (real o imaginario, qué importa ya) de que las diferencias afloraran; y en ese momento, cuando uno sabía aún menos que hoy de cómo son las cosas en la vida, y de todas las marchas y contramarchas que la suerte de uno puede dar, en una mente no demasiado segura, ese temor podía representar una amenaza. ¿Amenaza de qué? No sé, tal vez de una subrepticia pérdida de la comunión entre amigos de colegio, de un desajuste en la sintonización de supuestas afinidades… Miedo a la no aceptación completa, social o afectiva. Recuerdo con bastante pena y poca vergüenza (ya que de hacerlo vergonzosamente estaría revalidando el sentimiento de aquél momento) que, cuando mi viejo me llevaba en el auto hasta el colegio, yo sufría las últimas cuadras rezando porque ninguno de mis compañeros de clase me viera bajar del asiento delantero del taxi Peugot 404 de mi viejo. Cuando subía por Juramento para doblar a la izquierda por Migueletes, me tensionaba inevitablemente y mis ojos rastreaban las veredas de ambas manos en busca de cuerpos uniformados con destino a la puerta del colegio. Emprendía el descenso del vehículo a toda velocidad (descendiendo justo como ahora durante los últimos tiempos, quién lo hubiese dicho, reinvención permanente del mismo tic…) en el intento de evitar ser visto en el proceso. Qué poco entiende uno siempre… Porque ya no caigo más en el error de creer que se va aprendiendo y que esas tonterías que alguna vez hacíamos o pensábamos ya nos son ajenas: esa desesperación por no ser visto bajando del taxi de mi padre hoy seguramente tomó otra forma y sigo errando el camino pero en diferentes formas y con circunstancias cambiadas. Daría mi vida (las partes gratificantes, ciertamente) por volver a subir a ese 404 con la calefacción al máximo una gélida mañana del Buenos Aires invernal para emprender el silencioso viaje hacia el Instituto San Román... Salíamos de Manuel Ugarte y Naón. Doblábamos en Washington hacia la izquierda y tomábamos por Congreso derecho. Era la ruta favorita de mi viejo: si agarrábamos los semáforos bien sincronizados llegábamos a Libertador en un pedo y de ahí ya faltaba poco. Era extraño, pero mi viejo no prendía la radio del auto. Al menos no mientras me llevaba a mí. Él vivía con la radio encendida toda la noche, pero no la escuchábamos durante el viaje hacia el colegio. Todo era silencio, más allá del ronroneo extra del motor diesel. Es que existía un ritual que se erigió a partir de ese silencio previo: una vez que cruzábamos Cabildo yendo por Congreso las expectativas crecían y el mutismo se hacía más profundo aún… Así, yendo por Av. Congreso, cruzamos sucesivamente Cabildo, Vuelta de Obligado, Cuba, Arcos… Sobre la esquina de O’higgins, cruzando la calle y sobre mano derecha, metros antes de la barrera del ferrocarril Mitre ramal Tigre, había una carnicería y granja. Pasábamos siempre a la misma hora, entre las siete y las siete y cinco de la mañana. Su dueño siempre estaba o bien baldeando la vereda o colocando los carteles donde anunciaba cortes y precios… Era un tipo gordito, bastante retacón y de rostro Troileano… Cuando estábamos a veinte metros del lugar invariablemente mi viejo rompía el silencio a los gritos mientras sacudía mi hombro y señalaba con la mano hacia el negocio: “¡Don Lechón, ahí está Don Lechón! ¡Chau Don Lechón!” Las cuadras que faltaban hasta llegar a Libertador después de cruzar las vías se llenaban de risas (o, a veces, si yo estaba con bronca por algo, las risas de mi viejo se mezclaban con los chasquidos orales que expresaban fastidio de mi parte) y de comentarios acerca de lo fabuloso que era Don Lechón, de la grandeza de su personaje, de su existencia y de su razón de ser: como un héroe mitológico mitad humano mitad cerdo que tenía una granja que atendía todas las mañanas de la vida entre las 7 y las 7 y cinco únicamente, la Granja “Don Lechón”. Sí, así se llamaba el comercio. &lt;br /&gt;La coda del viaje transcurría en el deseo de no bajarme nunca más del auto, mitad para evadirme de la responsabilidad de estudiante y quedarme en la seguridad del calor de ese auto con la compañía de mi viejo (sentía que nada me hubiese gustado más que ser invisible y viajar en el asiento del acompañante toda la mañana, vivenciando como un fantasma todos sus viajes y todas sus voces, escuchando los comentarios que les haría a los eventuales pasajeros contrastando luego con cómo se los contaría a mi vieja durante el almuerzo o la cena, juntando datos que indefectiblemente y sin que yo lo supiera en ese momento estarían cimentando la profunda admiración y amor que le profeso a mi viejo ahora... Siempre tan imbécil y fuera de tiempo yo…), mitad por el ya mencionado temor a ser visto bajando del taxi…&lt;br /&gt;Así sentía, entonces, el contraste que configuraba el silencioso temor a no ser aceptado o apreciado por los orígenes y realidades diferentes. O a pasar vergüenza vaya a saber por qué… Todo un despropósito... Pero en lo de Chirola eso no ocurría y las reuniones eran el puro goce de la repetición infinita, como un 4,33 periódico con amigos… &lt;br /&gt;Chirola siempre quería poner el de Ultravox o el de Duran Duran; yo el de Duran Duran o el de Adam &amp; The Ants; Mugre y Fabián “Back in Black” de AC/DC, que era otro de los discos siempre presentes. Por lo general arrancábamos por este último, que en realidad nos gustaba a todos por igual. De paso dejábamos conforme al hicha-pelotas de Mugre y así nos ahorrábamos los comentarios sobre la escucha de nuestros “discos para putos”. Todo era muy divertido, con la gracia de lo inenarrable, con la simpleza y la aparente libertad del momento del encuentro de amigos de colegio fuera del recinto estudiantil: reino que funciona en un espacio símil limbo donde las responsabilidades educativas estaban suspendidas por un fin de semana y las latentes de la vida adulta quedaban simbolizadas en la idea de que el imponente y teutón equipo de audio Grundig era propiedad del papá de Chirola, un tipo que, para tener ese aparato, pagaba el precio estipulado haciéndose cargo de las responsabilidades de construir una familia y sustentarla en el tiempo (y por ahí aparecíamos nosotros: su hijo mayor y los compañeros del colegio). Al equipo había que ponerlo bajito, había que mirarlo con suavidad y tenía que manejarlo Chirola, pero ese escucharlo mientras hacíamos los campeonatos de pool era como espiar desde un agujerito desde fuera de la realidad a alguna mina tremenda (por ejemplo La Potra, la profesora de Matemática) y hacerse una buena paja: cero costo y consecuencia en el amplio sentido, y todo satisfacción garantizada. &lt;br /&gt;Chirola reeditó el camino paterno y fue un cultor idóneo del mandato familiar: tiene una réplica perfecta de la familia de donde viene. Yo, con las mismas herramientas que el entrañable amigo, me dejé distraer por el viento de la duda y por el vuelo en piruetas de los fantasmas que, si uno sabe mirar bien entre líneas, el céfiro va impulsando sin cesar. Es que tal vez me decidí, sin saberlo, a permanecer para siempre en el asiento del acompañante, convirtiéndome en testigo invisible e insospechado de las travesías de mi viejo que no para de yirar en mi cabeza buscando otro pasajero que le dé un poco más de cuerda a su don de narrador de pequeñas anécdotas cotidianas. Seguramente algo me va a bajar a patadas de la cálida y mullida butaca dejándome en el frío de algún dato perturbador de la realidad, eventualmente. Mientras tanto dejo que el murmullo de la radio (que mi viejo enciende cada vez que hago como que me bajo en la puerta del colegio) me arrulle un ratito más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/h44LIiaZhHE&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/h44LIiaZhHE&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-153914488018068661?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/153914488018068661/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=153914488018068661&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/153914488018068661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/153914488018068661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/02/long-and-winding-ride.html' title='THE LONG AND WINDING RIDE'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SZG3ZO1lEGI/AAAAAAAAAGI/s-m7xKzUKYk/s72-c/404.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-266392639138003175</id><published>2009-02-06T17:17:00.007-02:00</published><updated>2009-02-10T17:22:38.824-02:00</updated><title type='text'>AN AUDIENCE WITH THE MIND</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SYy4xa2mq2I/AAAAAAAAAFo/J-ECR_Qesu8/s1600-h/000.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SYy4xa2mq2I/AAAAAAAAAFo/J-ECR_Qesu8/s320/000.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299814020669680482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“La soledad no es más que un niño enfermo…” &lt;/em&gt;le dijo El General a Tomasito, a modo de consuelo o de caricia reparadora. La santísima trinidad del miedo: enfermedad, soledad, muerte. En un niño esos jinetes hacen estragos, marcan a fuego, empañan la mirada para siempre. Si ese niño sigue vivo en su fantasía y recorre su vida encapsulado él (y encapsulada la vida) en un cráneo que sólo sabe de ecos de madres que llaman a la hora de la leche, los fantasmas siempre andarán rondando: la realidad y la fantasía son inseparables y el alimento del espectro es invariablemente nutritivo sin importar el origen del cargamento. Tomasito habla con su &lt;em&gt;doppleganger&lt;/em&gt; de 32 años en un encuentro &lt;em&gt;Borgeano&lt;/em&gt; (sin tener idea de quién es Borges, ni a los ocho ni a los treinta y dos). Ni Tomasito ni Tomás encuentran la puerta de salida que conduce al alivio. &lt;br /&gt;Ayer pasó Ezequiel y cuando vi que entraba pensé: “qué cagada, no tengo ánimo ni para dialogar”. Pero el amigo visitante logró que hablara. Tal vez fueran los café con leche que él comprara en el Martínez de las Galerías que evocaban el llamado de mi vieja (de mi vieja de 37 que en ese mismo momento estaría hablando con mi madre de 70), el automatismo de la conversación en marcha, o los discos de &lt;em&gt;House of Love &lt;/em&gt;que Ezequiel quiso escuchar. Sobre todo el de la mariposa: le dije que ese era mejor que el compilado de las grabaciones anteriores para &lt;em&gt;Creation Records&lt;/em&gt;. Sin dudas que es mejor. Lo dejamos correr entero casi, mientras yo, sin darme cuenta, contenía las lágrimas y desdibujaba tenues sonrisas que el aire jugaba a tratar de retrazar una y otra vez. En los sonidos de &lt;em&gt;Shine On &lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Never&lt;/em&gt; volvía la foto de tapa del mini LP homónimo de &lt;em&gt;The House of Love&lt;/em&gt;, el de origen alemán que fuera lo primero que escuché una y otra vez en la piecita del fondo de lo de la abuela Aída allá por los finales de la década del ochenta. Qué curioso, cada vez que te ponés a hablar con alguien que “andaba en la música” y tiene la edad suficiente, jamás te evocan el color de una canción o el fantasma de una foto de tapa de algún elepé. O el olor del café con leche. Siempre caen en los estúpidos clichés del &lt;em&gt;“rock and roll&lt;/em&gt;”. Creo que no entienden nada. Siempre pienso lo mismo. Cuánta estupidez.&lt;br /&gt;En &lt;em&gt;Beatles and The Stones &lt;/em&gt; le digo a Ezequiel de lo maravilloso de esa canción, le cuento que fue single. Un fragmento resume toda su melancólica belleza: &lt;em&gt;“The Beatles and The Stones made it good to be alone, be alone…” &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Toda canción del disco es evocativa: &lt;em&gt;Shake and Crawl&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Hedonist&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Blind&lt;/em&gt;… Mientras sigo desdibujando sonrisas el murmullo de las conversaciones entre los Tomases y Tomasitos que se desprenden de la música llena el espacio que va desde la cápsula craneana hasta el fondo de los ojos: me la aguanto. &lt;br /&gt;Luego vino Flor (no: no la del poster de &lt;em&gt;The Cure&lt;/em&gt;) a quien no veía desde hacía muchísimos años, desde el &lt;em&gt;very beginning &lt;/em&gt; de los &lt;em&gt;theatre years&lt;/em&gt;. En el abrazo sentía risas más tenues y más estridentes según qué Tomasito y qué Tomás las estuviera ejecutando. Me olvido un poco de hoy y me acuerdo de todo-tiempo en un borbotón de confusión memoriosa: recuerdos licuados en el punto justo. &lt;br /&gt;Ezequiel se compró los dos discos de &lt;em&gt;The House of Love&lt;/em&gt;. Flor y su novio se fueron más tarde y nos prometimos encuentros y cosas. &lt;br /&gt;Terminé el día cenando con mi vieja y quedándome a dormir ahí en La Paternal, en la pieza que mandé a construir alguna vez arriba del comedor (la hizo Flaquito, el hermano de Mónica, que siempre me decía: &lt;em&gt;“te va a quedar cocoliche&lt;/em&gt;”), justo enfrente de la vieja pieza que alguna vez ocupara, húmeda en el recuerdo de días mohosos: huesos cuarteados y piel vociferando la falta de corticoides en grietas de desértica violencia. En esa pieza donde me quedaba anoche ya no están mis discos, la tarima donde iba el equipo y la tele está llena de ropa de mi hermano Martín o de cosas que alguna vez hice para abandonar en el retrete del tiempo que neutraliza toda prioridad que alguna vez haya sido. La cama es la que compré para el departamento de enfrente de lo de Irina (&lt;em&gt;mid-thatreyears-age&lt;/em&gt;). El viento golpeteaba la puerta de chapa de la terraza tal cual lo hacía cuando dormía en la pieza más viejita, la de la humedad, esperando a la mañana para ir a la escuela. El sueño me llevó a los tumbos y sin mucha convicción. Yo me pregunto qué cosa es hoy, ahora. Juro que no entiendo nada y me declaro incapacitado en el más absoluto de los silencios interiores y en el más amplio de los sentidos: Para todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/RUnoAUF3OCg&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/RUnoAUF3OCg&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-266392639138003175?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/266392639138003175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=266392639138003175&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/266392639138003175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/266392639138003175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/02/audience-with-mind.html' title='AN AUDIENCE WITH THE MIND'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SYy4xa2mq2I/AAAAAAAAAFo/J-ECR_Qesu8/s72-c/000.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-5680669287280197490</id><published>2009-01-27T19:34:00.007-02:00</published><updated>2009-01-28T16:46:13.642-02:00</updated><title type='text'>¡FEELING SLEAZY MI GENERAL!</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SX-AczXAsfI/AAAAAAAAAFY/kWH-sFXnswA/s1600-h/000000.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 314px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SX-AczXAsfI/AAAAAAAAAFY/kWH-sFXnswA/s320/000000.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5296092919122407922" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Uno jamás decide nada. Uno soy yo: vos leyendo esto. Las personas van andando por esta vida convencidas, en mayor o menor grado, de que toman decisiones: creen que les gusta esto pero no lo otro. Todo es falso, nada está erigido con solvencia, todo es accidental y deberíamos admitir que el azar es el hilo conductor de nuestras sucesivas conductas, aunque nos resistamos desde la razón. Vayamos a un tema que culturalmente molesta (y con el cual no se jode: justamente… ¡Qué estupidez!): las conductas sexuales. Algunos las alzan como bandera, otros alardean de las mismas dejando en claro lo que nunca harían, marcando los límites. Gracias a la intoxicación cultural creemos que somos heterosexuales, homosexuales o lo que sea que el término en uso indique. Es decir que un instinto básico y elemental, un reflejo físico que nada tiene que ver con la razón ni con la decisión ni con el pensamiento, se ve acorralado por los usos y costumbres sociales a tal punto que, la gran mayoría (me animaría a decir que todos), lo queramos o no, coincidamos o no conceptualmente, nos vemos imposibilitados de desarmar la madeja. Yo digo: soy heterosexual, nunca tuve relaciones con alguien de mi mismo sexo. Lo último un hecho de la realidad. Lo primero una estupidez, como todo lo que se dice. ¿Alguien piensa que es libre de elegir su “sexualidad”? ¿Alguien verdaderamente piensa que es libre para algo? Si dejásemos justamente operar al azar en el campo de lo sexual (territorio tan arcaico,  pagano y meramente fisiológico por definición) la cosa tal vez le rondaría más cerca a lo auténtico. Pelotudeces que pienso en voz alta y digo en voz baja. Perdón por leer.&lt;br /&gt;Durante el día del segundo show de The Cure en el &lt;em&gt;Birmingham NEC &lt;/em&gt;John y Sharon dedicaron un rato a tratar de reservarme por teléfono alojamiento en Edinburgh, siguiente parada del &lt;em&gt;Wish Tour&lt;/em&gt;. Allí la banda oriunda de Crawley daría dos conciertos en el &lt;em&gt;Edinburgh Playhouse&lt;/em&gt;, un viejo y pequeño teatro de variedades que construyera un arquitecto de Glasgow llamado &lt;em&gt;John Fairweather &lt;/em&gt;(qué ironía siendo escocés) tomando al &lt;em&gt;Roxy Theatre &lt;/em&gt;de New York como modelo. &lt;br /&gt;Con las páginas amarillas sobre su falda, Sharon no paraba de tirar nombres y marcar números: algunos lugares resultaban muy caros, otros no tenían disponibilidad, aquellos que quedaban muy lejos del &lt;em&gt;venue&lt;/em&gt;, etc. Hasta que finalmente da con uno que reúne las condiciones y tiene lugar por dos noches. Es que se trataba del viernes 20 y el sábado 21 de Noviembre: parece que el fin de semana se llenaba de gente la vieja ciudad escocesa. &lt;br /&gt;Así es que me fui al día siguiente de la ciudad de Birmingham, después del mediodía, cuando ya despuntaba la tarde en busca de la hora del té. Partí en tren, vía un Ford chiquito pero bastante nuevo. Durante el viaje fue invadiéndome de a poco la adrenalina de la inseguridad: ya no estaba amparado en el buen trato y afecto de John y Sharon, ni en el cuidado que ellos me dispensaban. Lo único que me quedaba de todo eso era una magra e insuficiente representación de un papel con los datos del &lt;em&gt;Guest House &lt;/em&gt;reservado, el &lt;em&gt;Café Royal&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Así es como el &lt;em&gt;Chucu-Chucu-Chucu &lt;/em&gt;no dejaba de andar y el traqueteo metálico me llevaba cada vez más rápido cada vez más lejos de cualquier certeza; el día coloreaba de gris y cerraba en una noche de venas abiertas sangrantes en lluvia y rocío. Las ventanas del tren frente a los ojos hacen del continuo de garúa una ficción creíble: al cuerpo seco arrugado el ánimo. &lt;br /&gt;Una confortable angustia subyace: la inquietud de un lugar nuevo, de otro aire que necesita traducción antes de que los pulmones lo desparramen en función vital, la eterna vergüenza de ser un extraño, la apócrifa liberación del falso anonimato (en mi cabeza nos conocemos todos). Llegar a la estación &lt;em&gt;Edinburgh Rail &lt;/em&gt;imprime algo de calma en la obligación de mover el cuerpo y ocupar la mente en acción exterior: &lt;em&gt;“Could you please tell me how to get to West Register Road, I’m going to the Café Royal&lt;/em&gt;”: cuesta, cómo cuesta mascullar eso al bajar del tren una noche cerrada (sí, a las cuatro de la tarde) y húmeda en un lugar lejano en el más amplio de los sentidos. Y a repetir la frase otra vez porque la pronunciación no es la correcta, o repetírsela a otro interlocutor porque el anterior no sabía, o nos indicó a una velocidad supersónica en un acento indescifrable: “parecen alemanes, ¿no estarán hablándome en alemán?” fue mi impresión ante los primeros diálogos que protagonicé. &lt;br /&gt;No estaba lejos el reservado hospedaje: menos de una milla sobre un bus se atraviesan rápidamente; preferí no caminar el trayecto ya que sabía que tenía que subir tres pisos por escalera para llegar a la posada prometida: quedaba en las partes altas de un viejísimo pub escocés. Al llegar a la esquina indicada, todo estaba muy vidrioso, tan brilloso en el asfalto mojado: llanto de lluvia y luces de neón; busco la entrada que está en una de las calles laterales. La escalera es empinada y marcadamente caracolada. Como siempre todo está alfombrado y empapelado; el aire es cálido, de la calidez que llama al ánimo licencioso. &lt;br /&gt;Mi bolso con rueditas no es todavía tan pesado pero lo arrastro con mi mano derecha mientras me empujo hacia arriba con la izquierda que se desliza por la vieja baranda de madera. “¿Estará bien tres pisos por escalera, Germán?”, me preguntaba Sharon cuando tenía en línea a la gente del &lt;em&gt;Café Royal&lt;/em&gt;. Yo asentí sabiendo en silencio el secreto que, junto a desmesuradas dosis de inconciencia, pasión y desesperación (¿no será dable llamar a eso amor?), me permitía embarcarme en la aventura hacia lo desconocido, ese intento recurrente de éxodo de mí mismo a partir de la idea de los discos y de los recitales. La inyección secreta que me insuflaba movimiento (mínimo hasta lo imperceptible en mi cuerpo, digno de Baryshnikov en mi mente), ese pinchazo (o ese par de pinchazos) que me daba en la farmacia de la esquina, en Morlote y Paz Soldán, mi propia versión de &lt;em&gt;Waiting for the Man (Fighting The Rheuma)… &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El secreto corticoide muestra su alquímico poder justo a tiempo, unas semanas después de ingresar en modo intramuscular, apartando la artropatía del pensamiento para dar paso a los recitales y a los pasos que, peldaño a peldaño, me ponen ahora frente al &lt;br /&gt;mostrador de recepción del Café Royal. La cordialidad en la bienvenida contrasta sobremanera con el inhóspito clima que arreciaba en las calles, es casi una toalla mullida que de estar colgada frente a la estufa pasa a nuestro cuerpo mojado y frío que &lt;br /&gt;fuera rescatado de la intemperie más cruda. &lt;em&gt;“You seem tired, let me take you to the room and we will do the check-in later&lt;/em&gt;”, fue el cordial ofrecimiento del tipo que me estaba recibiendo. En eso, mientras busca algo bajo el mostrador, entra a escena con movimientos extravagantes un tipo muy alto y delgado,  con un atuendo más que llamativo. Con exagerada afectación física y tono de voz feminoide saluda con dos besos al otro tipo que le dice: &lt;em&gt;“He is the one coming from Agentina, Germán”&lt;/em&gt; a lo cual el escuálido esperpéntico me mira con descarada profundidad mientras me sonríe y me espeta un &lt;em&gt;“Hello darling”&lt;/em&gt; fileteado. Da la vuelta al mostrador y, tomándome un brazo con ambas manos me ofrece llevar mi bolso. &lt;em&gt;“I was helping him to the room”&lt;/em&gt;, dijo el otro, &lt;em&gt;“I will: which one is his?&lt;/em&gt;”, superpone el uno. Creo que el otro le dijo algo así como “&lt;em&gt;Top left&lt;/em&gt;”, al menos eso pareció entenderse. Todo esto sucedía muy rápidamente, con la velocidad de un rayo, en secuencia de realidad. Mi nuevo amigo toma suave y lentamente el bolso de entre mis manos: “&lt;em&gt;Come with me, sweety&lt;/em&gt;”. Todo era muy extraño, pensaba yo sin pensar, mientras mis soldados culturales se ponían en fila preparando una barricada de defensa. &lt;br /&gt;Mientras cruzamos el pasillo hacia quién sabe dónde, subrepticiamente salen de una de las puertas dos tipos riendo estrepitosamente, contoneando sus corpulencias sin dejar de estar abrazados. La neurona central esbozó sus primeras dos palabras desde que había llegado al lugar: “son todos putos”, le alcancé a oír. La adrenalina típica de los viajes y del verse inmerso en una situación nueva y por tanto desconocida, había cambiado de tonalidad y no voy a decir que se había puesto rosa porque sería una adjetivación demasiado idiota: todo se había vuelto subrepticiamente &lt;em&gt;sleazy and seedy&lt;/em&gt;. Era como una clase práctica de inglés: en el colegio alguna mínima herramienta (las primeras), luego el cuerpo del estudio en los discos: en la escucha y en la lectura de las letras y los créditos; luego vendrían los viajes y, finalmente, el aprendizaje supremo: vivir las situaciones donde alguna que otra palabra leída en papel o escuchada desde el sonido de algún disco encajan perfectamente. “&lt;em&gt;Sleazy city, seedy films&lt;/em&gt;”. &lt;em&gt;This is it&lt;/em&gt;. Era un descubrimiento maravilloso y por tanto agradable. Pero de esta revelación idiomática iba de la mano el susto de origen cultural, el instintivo apriete de cantos. &lt;br /&gt;No conforme con todo esto y para sumar una tercera pata al malambo que se desataba en mi cerebro, al final del pasillo emprendemos una subida de escaleras más: sí, luego del tercer piso había uno más allá, el que conducía a esos altillos que están casi en la punta de los techos, justo ahí donde se asoma alguna pequeña ventana, como una segunda hilera de ojos en el borde superior del techo de tejas negras. Me había tocado el palomar… &lt;br /&gt;Al acercarnos a la puerta noto dos cosas: la pequeña dimensión de la misma y la ausencia de cerradura. Para que se vaya entendiendo mejor, acá va algo en español: como leyendo mi mente mi amigo el alto me dijo que “esta habitación no tiene cerradura, pero en todo el hotel no usamos llaves, aún en las puertas que sí tienen, &lt;em&gt;ALL IS VERY FRIENDLY HERE, YOU DON’T HAVE TO WORRY&lt;/em&gt;”. Yo escuché bien esa frase, y me la dijo así en mayúsculas. Y lo pongo en inglés porque dibuja mejor la situación. A esta altura ya estábamos dentro de mi liliputense dormitorio (mi cabeza rozaba el techo y mi amigo se había encorvado para entrar): me sonríe apoyando mi bolso al pie de la cama: “pedime cualquier cosa que necesites y sentite libre de hacer lo que gustes, por favor; espero que te diviertas mucho en tu estadía”. Nada de malo sino todo lo contrario. Pero los soldados ya estaban amotinados y habían hecho una revuelta en mi bocho: “¡emprenda retirada porque acá se lo clavan, conscripto!” Sentía voces, ruidos y murmullos lejanos (tan lejanos como de alguna habitación cercana), con la calidez de las voces que llegan de la habitación contigua durante la contenedora siesta infantil. &lt;em&gt;“Breathing so heavy next to my neighbour”. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Pongámoslo así: acá, cuando una de esas revueltas ridículas de finales de los ochenta, nos perdimos de ver a New Order en un buen momento (mejor al menos que cuando nos tocó sufrirlos hace un par de años). Ahora, en el &lt;em&gt;Café Royal &lt;/em&gt;de Edimburgo, mis miliquitos se habían amotinado y estaban en medio del operativo: “no permitamos que Germán corra el riesgo de vivir su noche Soft Cell, camaradas”. Sí, porque así como acababa de comprobar en toda su dimensión los significados de las palabras seedy y sleazy, estaba por redimensionar todas mis escuchas pasadas, presentes y futuras de Soft Cell y Marc Almond, tal vez mi artista favorito de todos los tiempos. Estaba en riesgo de un acercamiento más real a la experiencia Almond (como en una &lt;em&gt;re-make &lt;/em&gt;de la situación del &lt;em&gt;desayuno beatle &lt;/em&gt;en Wolverhampton). Pero los soldaditos del plomo que escribe estaban corriendo por toda la barraca, cargando las armas, gritando órdenes ridículas y advirtiéndome de  peligros imaginarios: “¡es un enjambre de putos, acá te rompen el culo en medio de la noche!”&lt;br /&gt;Al retirarse mi nuevo amigo el flaco y alto, mi cobardía me hizo buscar velozmente una excusa un tanto menos vergonzante que la real para emprender la retirada. A ver… La cama era un catre con un delgado colchón, no había lugar ni para desperezarse, me podían afanar porque no había cerraduras… Todo esto era cierto, pero poco hubiera importado en otra circunstancia y sin la tropa en estado de rebelión. Qué carajo importaban las dimensiones de la piecita si a mí siempre me gustó dormir pegado a la pared y ahí tenía la cama contra la pared y el techo al mismo tiempo… Me senté en la cama y traté de silenciar las voces, pero un vigilante idiota insistió: “¡váyase de este antro de vicio y perdición, recluta! ¡Un dos, un dos, un dos...!”&lt;br /&gt;Sí, ya había tomado el bolso entre mis manos emprendiendo el descenso. De tanto que me aturdió la tropa no me importó el riesgo de pasar vergüenza si me cruzaba con alguno de mis ya ex amigos: ¿qué les diría acerca de mi retirada que no fuera más abochornante que la verdad? Porque no iba a tener los huevos de decirles: “mirá, esto es un antro de putos y tengo miedo de que me empomen al menor descuido, es todo tan raro acá…” Me sentía un idiota por estar yéndome obedeciendo un mandato tan ridículo como el de lo cultural filtrado en el ADN. Pero me estaba yendo, en busca de otro lugar en el medio de la oscuridad y humedad de la calle, inmerso en la temprana y larga noche de la gótica ciudad de Edimburgo. &lt;br /&gt;No había nadie en el mostrador de recepción cuando cruzaba la zona por lo que emprendí el segundo descenso con renovado apuro de taquicardia. Pero en medio de la escalera me cruzo con mi ex amigo el petiso que, viéndome bajar, me dice: &lt;em&gt;“Boy, where are you going?, you should be laying in bed at this very moment!&lt;/em&gt;” Yo, confuso como siempre, mascullé en un inglés especialmente inentendible: “Me olvidé que tenía que encontrarme con un amigo…”, percatándome en ese mismo momento que estaba bajando con todo mi equipaje cosa que exponía demasiado mi burda y estúpida mentira. Sobre la marcha trato de aclarar lo que ya era noche cerrada: &lt;em&gt;“…I have to give him some stuff I brought with me…” &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Let’s get acquainted&lt;br /&gt;Getting to know you&lt;br /&gt;Feeling sleazy&lt;br /&gt;In sleepy sin city”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desaparecí muy rápidamente, abochornado pero con el ejército en silencio, retomando éste su absurda vigilancia desde las sombras, desde donde nos mentimos que no existe tal milicia. Una vez más el ejército aliado había vencido sobre el diabólico e imaginario enemigo, una vez más los “nuestros” se habían antepuesto a la liviandad de un acontecimiento fisiológico más, decretando que el disparador de lo biológico sólo puede tener un origen social y de género. Todo en nombre del espejismo de la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(continuará)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Xo8quZXhSO4&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Xo8quZXhSO4&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-5680669287280197490?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/5680669287280197490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=5680669287280197490&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/5680669287280197490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/5680669287280197490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/feeling-sleazy-mi-general.html' title='¡FEELING SLEAZY MI GENERAL!'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SX-AczXAsfI/AAAAAAAAAFY/kWH-sFXnswA/s72-c/000000.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-9008814281692602378</id><published>2009-01-23T00:36:00.009-02:00</published><updated>2009-01-23T22:34:00.418-02:00</updated><title type='text'>NORTH COUNTRY BOY</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXk2BZGRDqI/AAAAAAAAAFQ/aHCLn1WPP-I/s1600-h/03.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXk2BZGRDqI/AAAAAAAAAFQ/aHCLn1WPP-I/s320/03.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5294322234495667874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando no existía el basurero internet uno debía ingeniárselas en serio para dar, en un continuo de estupenda laboriosidad, con los lugares donde se conseguían discos. Y, una vez allí, todavía faltaba practicar un par de cabriolas más para efectuar el pago y esperar a por el divino envío. Hoy en día, aún mediando este tumor malignísimo en el interés genuino de cualquier mortal (léase la internet y la reputísima madre que te parió), la mayoría no se las arregla solito: está lleno de gente que, una vez que nos vamos (o mientras, aún estando, nos distraemos en un momento de debilidad de carácter), revuelve nuestra basura en busca de algún despojo o descuido de donde hurtar un dato. Pero en aquellos días todo era más claro: cartoneros de este tipo aún no se habían inventado y era más fácil separar la paja del trigo. Es decir: había algo de trigo. &lt;br /&gt;El último tercio de cada número de la maravillosa revista británica &lt;em&gt;Record Collector &lt;/em&gt;estaba ocupado por lo que se llamaba &lt;em&gt;“listings&lt;/em&gt;”. Allí, una serie de dedicados comerciantes del disco publicaba su stock (o parte del mismo) ofreciendo su envío a interesados de todas partes del mundo. Por lo general el párrafo inicial era destinado a la exposición de las condiciones de pago, del cargo por correo a los diferentes continentes y otras generalidades. Luego venía la lista sí misma: nombre de artista y título, formato, condición y precio del artículo. Los que seguíamos la revista a sol y sombra para comprar discos a troche y moche ya teníamos distinguidos a los diferentes dealers. Cada uno tenía una especialidad y un perfil determinados. No puedo explicar la excitación que despertaba en mí la RC llegando a mi casa cada mes en su sobre de papel madera con una etiqueta blanca donde se encontraban mecanografiados mis datos. Sólo comparable a cuando iba para el campito junto a la estación de Coghlan para jugar un picado: la taquicardia arremetía contra las piernas locas que comenzaban a apurar el paso para llegar un segundo antes al potrero y dar el primer shot al arco vacío celebrando así el ritual del coito en gajos de cuero… Bueno, cuando abría el sobre marrón donde venía la &lt;em&gt;Record Collector &lt;/em&gt;sentía exactamente lo mismo. No sabía por dónde arrancar, por qué dealer empezar a revisar… O si mandarme directo a alguna de las notas que llenaban los dos primeros tercios de la revista. ¿Puede haber mejor sensación que tener el último número de la RC, servirse un vaso de Coca Cola con un pebete de jamón y queso, sentarse al mejor sector de la mesa sobre la silla más cómoda con un lápiz en mano, tan sólo para empezar a hacer pequeñas marquitas a la izquierda de cada línea de interés? &lt;em&gt;I don’t think so…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Un día, revisando una y otra vez los benditos &lt;em&gt;listings&lt;/em&gt;, encargué unos simples limitados de The Cure que me faltaban. Se los pedí a John. Es así que comenzó nuestra corresponsalía, nuestros intercambios en un muy amplio sentido. Y hoy estaba yo &lt;em&gt;in situ&lt;/em&gt;, andando los mismos caminos que atravesaba la camionetita del &lt;em&gt;Royal Mail &lt;/em&gt;para entregarle mis misivas a Mr. Eastwood. Hoy iba yo mismo en el Ford chiquito pero bastante nuevo, con Sharon al volante y John del lado del acompañante. Desde atrás, viajando justo en el centro del asiento, sentía reminiscencias de mis viajes en el Peugeot 504 del tío Toto, cuando nos llevaba junto a mi hermano Marcelo y mi prima Gabi a la fonda &lt;em&gt;“Qui si mangia bene”. &lt;/em&gt;En el auto de mi pariente militar me encantaba viajar encima del apoyabrazos que en los 504’s se bajaban desde el centro del respaldo del asiento trasero (estaban empotrados allí cuando no se desplegaban). Sentado ahí me sentía alto e importante, casi como si pudiese caminar. Ilusiones de mi infancia… &lt;br /&gt;Retomando, con Sharon y John me sentía como un gigante alguna vez exiliado pero finalmente devuelto a su tierra de sueños, de subidas y bajadas, curvas y contracurvas de paisajes de un verdor inefable: ¡lo que sería ese mismo paseo en medio del verano! Por suerte era un día sorprendentemente despejado y con un sol que suavizaba cualquier borde del pensamiento, por más filoso que fuere. Por supuesto que íbamos escuchando a The Cure: era una cinta que tenía, de un lado, el álbum &lt;em&gt;Wish&lt;/em&gt; completo y, del otro, todos los lados B de los singles correspondientes al disco, incluidas las versiones extendidas de las caras A. Tremendo, estoy andando en este mismo momento, oyendo, mirando, latiendo. La favorita de Sharon es &lt;em&gt;Halo&lt;/em&gt;, la de John &lt;em&gt;A Foolish Arrangement&lt;/em&gt;. Es que estábamos hablando de lo extraordinariamente buenos que eran todos los lados B de cada single extraído de &lt;em&gt;Wish&lt;/em&gt;. Ni bien John me nombra a su favorita (cuando la canción comienza a sonar) yo le retruco: “ya sé por qué, es por la línea de bajo, te lleva a &lt;em&gt;Sisters of Mercy&lt;/em&gt;, te gusta por eso”. Se empezó a cagar de risa. Me dijo que era la mejor línea de bajo que había escrito &lt;em&gt;Simon Gallup&lt;/em&gt;. Yo no lo volví a retrucar luego de esta explicación, no soy inglés pero tengo mis modales. &lt;br /&gt;Viajamos unos cuarenta minutos por ruta a una velocidad más que considerable, así que calculo que habremos recorrido por lo menos unos cuarenta kilómetros. En un momento, al tiempo de comenzar un descenso, se avista una hermosa casa allá a lo lejos, en el tope de una nueva colina. &lt;em&gt;“Up there, look: I was born there, that’s me house.”&lt;/em&gt; Sentí una enorme envidia y una alegría intransferibles: en el acto cruzó mi mente que yo pude haber sido él, que yo pude haber nacido en ese paisaje y mascullado el silencio de su misma lengua madre. Estábamos yendo a lo de la mamá de John (que es una inglesa: ¡lo único que le falta a mi vieja!). John había nacido en una hermosa casa junto a un enorme pub y posada en el medio de las midlands inglesas, y allí íbamos a almorzar y a pasar el día hasta que se hiciera la hora del primero de los shows de The Cure en el &lt;em&gt;Birmingham NEC&lt;/em&gt;. John, hijo único de los dueños del pub de la campiña.&lt;br /&gt;Mary, su madre, era una inglesa de una jovialidad, fortaleza y bonhomía perdurables. Alegre de carácter, nos recibió con aspavientos y atenciones desmesurados. Mientras Sharon se iba con Mary nos servimos un par de generosas pintas de cerveza tras lo cual nos dirigimos al impresionante parque trasero del establecimiento: allí nos sentamos a una de esas mesas típicas de pub inglés que son de una sola pieza, la mesa y las banquetas, completamente hecha con listones de madera opaca. El terreno era irregular y las subidas y bajadas lo hacían irresistible: uno no quería más que tirarse al suelo para rodar y sólo detenerse para dar un nuevo sorbo al vaso. Desde la mesa mi amigo inglés me mostraba cosas en distintas direcciones y yo miraba a la distancia adivinando con la pequeñez de lo lejano cada una de las historias de vida que me iba narrando. Había nacido en la habitación de arriba de la casa, la de la ventana central, lugar que en su niñez avanzada se había convertido en habitación propia, donde había escuchado sus primeros discos propios y tramado su primer banda, espacio donde, un tanto más adelante allá por el año 1981, ensayaba con el grupo con el que salió a tocar por ahí una temporada: &lt;em&gt;The Soft Cell Bastards&lt;/em&gt;. Vaya coincidencia, &lt;em&gt;the world is a handkerchief!&lt;/em&gt; No podía creer cuando, al día siguiente, me mostraba un video que conservaba de una de las presentaciones en vivo: John delgado y con todos sus dientes (al menos los frontales) haciendo un synth-pop-rock mezcla perfecta de &lt;em&gt;Soft Cell &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;Magazine&lt;/em&gt;. Era evidente que la vida típicamente inglesa ligada a los discos y a las bandas de rock le había pasado factura al pobre de John, quien seguía sufriendo los coletazos de un par de vicios que se le habían hecho perennes. Pero él insistía en sonreír con todos los espacios que alguna vez fueran ocupados por sus denticiones y te hacía sentir en casa. &lt;br /&gt;Comimos como &lt;em&gt;bulldogs&lt;/em&gt;: unos bifes impresionantes con papas fritas y huevos fritos y arvejas y más cervezas, y cebollas fritas y más cerveza. &lt;em&gt;“You will taste the best beef in the country&lt;/em&gt;”, amenazó John en el camino. Y tenía razón, vaya si la tenía…&lt;br /&gt;Luego, allí dode el &lt;em&gt;afternoon&lt;/em&gt; se confunde con el &lt;em&gt;evening&lt;/em&gt;, comenzamos a desandar el camino de la mañana, hilvanando el que había de emprenderse hacia el &lt;em&gt;National Exhibition Center&lt;/em&gt;, cita de los dos primeros recitales de la gira &lt;em&gt;Wish&lt;/em&gt; de The Cure. &lt;br /&gt;El concierto fue fantástico (The Cure tuvo entonces el mejor momento en vivo de toda su historia, no me vengan con las frases hechas sobre el Prayer Tour y todas esas giladas que todo el mundo repite como loro) en un sitio muy parecido al &lt;em&gt;G-mex &lt;/em&gt;de Manchester: un gigantesco galpón de exposiciones con estructura sólida y de primer mundo, un &lt;em&gt;arena&lt;/em&gt; donde hay que meter mucha gente para hacer un &lt;em&gt;sold out gig&lt;/em&gt;.  &lt;br /&gt;Cuando el recital había terminado, permanecimos en nuestros asientos esperando a que se vaciara el recinto. Cuando quedábamos pocos, John no pudo con su genio fetichista y, como rápidamente me di cuenta, quiso aprovechar la rareza de un pibe que había viajado desde Argentina únicamente para seguir la gira de The Cure (recuerden: año 1992, ahora cualquiera con nada se hace el vivo y el loquito…) y se arrimó al costado del escenario a explicarle eso a alguno, viendo si podíamos así ingresar al backstage. Me horroricé cuando me percaté de todo el asunto y le dije a John que no hiciera nada, que estaba bien así y que nos fuéramos. Él insistía: no quería perder la oportunidad. Le decían sistemáticamente que no podían hacer nada, y él tiró su último naipe: &lt;em&gt;“at least a signed Picture”, &lt;/em&gt;alcancé oírle decir. El corpulento roadie desapareció para regresar en menos de dos minutos: le entregó a John una &lt;em&gt;promotional picture &lt;/em&gt;autografiada por cuatro de los cinco integrantes de la banda (más adelante, con acceso a una intimidad más reveladora, me enteraría y comprobaría que &lt;em&gt;Simon Gallup &lt;/em&gt;, muy especialmente si se trata de shows dentro de Inglaterra, se retira -o a veces, ante la imposibilidad de salir, se recluye- inmediatamente después de terminado cada show: de todas maneras el peludo bajista no había sido parte de los dos shows de Birmingham en ocasión del Wish Tour ya que estaba enfermo habiendo sido reemplazado por &lt;em&gt;Roberto Soave&lt;/em&gt;, bajista de &lt;em&gt;The Associates&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Shelleyan Orphan &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;Presence&lt;/em&gt;, todas bandas relacionadas de un modo u otro con The Cure). Todavía conservo la foto: la enmarqué y siempre estuvo colgada en el vértice de uno de mis muebles de discos. &lt;br /&gt;Confieso que durante el viaje de retorno sentí un poco de pena, pena por el intento fallido de John por conseguir un momento de gloria compartiendo un backstage con sus ídolos (luego me confesaría que sólo lo había visto a Robert una vez, durante el &lt;em&gt;Kissing Tour&lt;/em&gt;, oportunidad que había aprovechado para hacerse firmar unos cuantos ítems), intento que, y yo lo comprendía como nadie, era de ambición personal, puro egoísmo de coleccionista. Sentí pena porque él se lo merecía, es más: porque le correspondía. John estuvo en cada uno de los tours de The Cure desde el año 1979, en el recital más cercano a su domicilio de cada una de las giras. Conservó todo, &lt;em&gt;tickets&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;flyers&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;merchandising&lt;/em&gt; comprado, programas de conciertos, etc. Se lo merecía con creces, le correspondía. Pero sabemos que lo que corresponde pocas veces sucede, especialmente cuando la estupidez es la moneda de cambio que hace girar al mundo. &lt;br /&gt;Los comentarios sobre el concierto fue la comidilla del viaje de regreso, además de las expectativas para el día siguiente: ¿repetirían el mismo set list, cuántas canciones cambiarían, qué nos gustaría que tocasen?&lt;br /&gt;Cuando llegamos comimos unos sándwiches tras lo cual llegó el momento esperado: el sueño del santuario. Disimulé lo mejor que pude mientras comíamos: ¿se me notaría mucho que estaba pensando todo el tiempo en eso? Siempre supe que los pensamientos, cuando son producto de la pasión y se dibujan con trazos de gruesa intensidad, pueden verse desde fuera. Esta ocasión no tendría por qué ser una excepción… &lt;em&gt;“Are you tired, Germán? Ready to sleep?”&lt;/em&gt; me dijo Sharon, mientras enfilaba hacia el templo como enseñándome el camino. John permaneció en el living, como si se estuviera haciendo el tonto mientras me entregaba a su mujer, o tal vez sintiendo odio porque sabía que iba a dormir con ella y ya no podía hacer nada al respecto. Sharon abrió la puerta y me mostró el camastro que había armado sobre el suelo, en el centro exacto de la habitación: un colchón mullido, sábanas blancas, dos almohadas con fundas del mismo color, una frazada y un cobertor verdes. Se agachó y tanteó el improvisado lecho mientras me miraba hacia arriba: &lt;em&gt;“Will you feel comfortable here?”&lt;/em&gt;  Yo no daba signos de recepción ni de emisión, que vendría a ser la misma cosa. &lt;em&gt;“Germán?”, &lt;/em&gt;repetía con una sonrisa tierna y de complicidad. Un diálogo físco, con la contundencia de lo implícito, con la obviedad de los cuerpos. La iluminación era tenue, el silencio profundo, el color tinte de ensueño: apagué la luz para ver las formas con más nitidez. Siete años atrás soñaba en la pieza del fondo de lo de mi abuela con ver a The Cure, tocar en The Cure, con cantar en The Cure; estupendos disparates en la humedad de mi habitación donde las puertas del medio del placard abiertas mostraban la tapa del &lt;em&gt;new voice club mix &lt;/em&gt;de Boys Don’t Cry pegada con cinta scotch contra la madera del fondo; el corazón bombeando con la expectación de algún disco encargado por correo, con la esperanza de conseguir otro live tape de alguna gira que no tenía aún bien escuchada. Ahora estaba en la penumbra de un templo ajeno que en cierta forma y de cualquier manera me pertenecía (es por eso que me lo habían entregado esa noche): es que nunca sucede lo que uno sueña sino que justamente ocurre una de las cosas que quedaron sin ser imaginadas atascadas en los intersticios de la obsesión, en los descuidos del deseo. Siete años más tarde no había cantado ni tocado en The Cure pero estaba en un lugar y una situación infinitamente más interesantes: flotaba en los mismísimos intersticios del continuo, vagando en la dimensión de lo no imaginado, en ese plano por el que sólo las mentes más insidiosas, esas que saben de pasiones y de ingenio, suelen transitar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(continuará)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/VT0kJVJmbag&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/VT0kJVJmbag&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-9008814281692602378?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/9008814281692602378/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=9008814281692602378&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/9008814281692602378'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/9008814281692602378'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/north-country-boy.html' title='NORTH COUNTRY BOY'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXk2BZGRDqI/AAAAAAAAAFQ/aHCLn1WPP-I/s72-c/03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-3800295922954842594</id><published>2009-01-20T19:46:00.006-02:00</published><updated>2009-01-21T11:31:01.193-02:00</updated><title type='text'>YOU WON'T HEAR ME</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXaJ7WAu0MI/AAAAAAAAAFA/UtFdLkaNPqI/s1600-h/01.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXaJ7WAu0MI/AAAAAAAAAFA/UtFdLkaNPqI/s320/01.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293570064634532034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El Guest House era una casa más linda que la del &lt;em&gt;flat&lt;/em&gt; de John y Sharon. Estaba pintada de blanco y si bien no muy grande, ocupaba todo una construcción: no estaba subdividida en departamentos. Mi habitación se encontraba en el primer piso y la &lt;em&gt;landlady&lt;/em&gt; me acompañó para que yo la viera y diese mi conformidad. Lo hice de inmediato: con sólo ver a la mujer sabía yo que iba a estar a gusto allí. A todo esto la pareja de amigos ya se había ido a su casa con la promesa de pasar a buscarme a las once de la mañana siguiente: íbamos a ir de paseo. &lt;br /&gt;Luego de ducharme apoyé mi cansado cuerpo en el vencido colchón y sentí que me hundía plácidamente: los nervios y las incomodidades del arribo habían ya pasado. No sólo eso: esta gente me había hecho sentir muy a gusto y había vivido momentos reparadores, dibujados en escenas que sólo hubiera podido imaginar como tomadas de una película que jamás hubiese visto más que rodando en el carretel de mi imaginación. No hay caso: el alma encuentra una brisa de paz cuando en una circunstancia extraña y antinatural reconoce gestos de afecto tan básicos que no necesitan la traducción de la razón.&lt;br /&gt;Ya sobre la almohada pensé en el tren, en el color y olor de los asientos, en la imagen espejada de Sharon manejando el Ford, recordé la tele encendida sin volumen mientras hablábamos y escuchábamos música, pensé en el primer recital de la gira que ocurriría la noche siguiente, sentí el cansancio contrastando con la excitación de la mente. Y me soñé dormido.&lt;br /&gt;Abrí mis ojos contra un haz de luz que se colaba tras la pesada cortina blanca que tapaba la ventana e impedía ver más allá. Me quedé escudriñando perezosamente cada rincón de la habitación en penumbra, observé los colores, las sombras y los contornos, una y otra vez. Agucé el oído y sentí leves ruidos a cocina: el suave murmullo de una sartén friendo, el choque de vajillas. Luego de chequear la hora salí de debajo del grueso acolchado y me dispuse a comenzar el día.&lt;br /&gt;Abajo, con el desayuno, me esperaba algo que nunca había imaginado: una experiencia fuera del protocolo &lt;em&gt;Wish Tour&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;La sonrisa de mi anfitriona me dio una bienvenida acorde a la tarde/noche anterior y, sin yo saberlo aún, al día que tenía por delante. A los días que tenía por delante, hasta la última fecha de la gira en el &lt;em&gt;Olympia Grand Hall &lt;/em&gt;de Londres. &lt;br /&gt;Luego de las amables preguntas sobre cómo había pasado la noche, la mujer me invitó a sentarme a su mesa: estaba en el centro de la enorme cocina, vestida de mantel blanco. Me senté en la cabecera: a la izquierda quedaba la mesada y el anafe donde estaba preparándose mi desayuno (-“&lt;em&gt;Full english, right?” &lt;/em&gt;- “Por supuesto que sí: con cada maldita cosa que le ponen”, muteó en la cueva el pensamiento mientras mi cabeza asentía al ritmo de la sonrisa de aprobación que esbozó mi rostro  automáticamente) y de frente tenía una enorme puerta-ventana de cuatro hojas que daba a un jardín precioso, completamente verde a pesar de la escarcha y de los restos de nieve en alguno de sus contornos. El día era claro, de un cielo muy blanco encapotado en un tul de nubes, casi translúcido.  &lt;br /&gt;Luego de recibir frente a mí la suculenta primera comida del día deslicé mi atención del jardín hacia el plato, o tal vez llevé el plato al jardín y me dispuse a comer ahí fuera, dentro de mi mente. Mientras voy llenando mi cuerpo de saludable grasa de cerdo, porotos en esa salsa dulce e inenarrablemente sanguinolenta, huevos fritos, panceta tostada y pan negro, todos mis sentidos, bruscamente, confluyeron en un momento de animación suspendida: El contorno de la mujer, de espaldas a mí, friendo más panceta, brazo izquierdo sosteniendo el mango de la sartén, el derecho maniobrando una espumadera, su pollera temblando al ritmo de las espasmódicas sacudidas gastronómicas, el persistente olor a desayuno lejano que se hace doméstico por fuerza de la circunstancia, la luminosidad que viene del perfecto jardín inglés y una radio a.m. que siempre estuvo encendida, sin dudas desde antes de que yo hubiera bajado de mi habitación. Desde mucho antes: lo que pasa es que no la había registrado, di su sonido por sentado, como una continuación del rumiar del aceite hirviendo y de la vajilla tocándose entre sí con gentileza madrugadora. Pero ahora había comenzado a escuchar, vociferando desde el eco matutino que universalmente tiene la amplitud modulada, reconocible en su color desde cualquier infancia del mundo: mañana, madrugón, mamá, escuela, languidez, primeros movimientos en contra del letargo del sueño que desvanece en el esfuerzo de extenderse. Pero el sonido latoso y comprimido de esa radio cuya carcasa yacía sobre la mesada, estaba emitiendo algo que me era tan familiar como una radio a.m. sonando la mañana de mi infancia, pero a su vez algo nuevo, nunca antes oído, como un sonido iniciático. La maravillosa inglesa (de unos cincuenta y cinco años y a quien ahora estoy viendo de contorno angelado, como dibujada por la luz que todavía viene desde el jardín) está rumiando algo, un canto de labios apretados con el tenue vibrato que le imprime el movimiento de la espumadera en su mano derecha: está acompañando a la radio en su transmisión de amplitud modulada, está componiendo la mañana, una mañana inglesa que se me revela, una vez más, ajena. Estoy de nuevo  metido en la pantalla, colado en una película extranjera sin subtítulos y llena de misterios e historias que no logro decodificar. La música de esta escena es &lt;em&gt;“You Won’t See Me&lt;/em&gt;”. Era la primera vez que escuchaba una canción de The Beatles estando en Inglaterra. Desde hacía tres años viajaba continuamente, pero nunca el azar me había puesto en esta situación. En realidad, en ese punto de confluencia de todos mis sentidos aquélla mañana en Wolverhampton, había comprendido sin siquiera detenerme un instante en el precario refugio de la razón (había entendido con la piel) que esa era la primera (y única) vez que yo había escuchado a The Beatles. Fue lo más cerca (y tan pero tan lejos) de haber experimentado en toda su dimensión la experiencia Beatle. La mujer que me atendía esa mañana era parte orgánica de la experiencia, estaba integrada sin siquiera darse cuenta. Ignoraba el drama que se había desencadenado en mi ser en aquél instante que tanto había disfrutado, a pesar de su sino trágico. Nunca había escuchado a The Beatles y jamás podría volverlos a escuchar. Fue un espejismo, fue un oasis imaginario, una visión tan real como las salchichas de cerdo que tan ricas y grasosas estaban: “esto es lo más cerca que estuviste de escuchar a The Beatles en toda su dimensión”, alcancé a ver escrito con la claridad de lo borroso sobre las transpiradas ventanas que daban a ese exquisito jardín inglés, mientras el locutor, sobre los últimos acordes, daba a su audiencia los inútiles y por tanto vitales datos meteorológicos configurando así la universalidad de lo doméstico. Estuve una millonésima más cerca, sí: pero supe que ese estar algo más cerca fue una irrefutable confirmación del abismo. Supe que mi experiencia empezaría y terminaría siempre en mi cabeza, que por más esfuerzo que hiciera yo por ir en busca del sueño que me constituyera en alguna forma, por más que me afanase desmedidamente en las pasiones e intensidades frutos de mi capricho, el universo todo siempre iba a comenzar y terminar en mi propia piel. Se me ocurre que tal vez es por eso que, anticipándome unos años a esta deliciosa tragedia del desayuno inglés, durante el último día de mi primer viaje al Reino Unido inventé un ritual que no fue más que una canción desesperada en busca de una solución al encierro de la piel… Qué curiso: la psoriasis, que no se va como yo no me salgo de mí mismo, estuvo de mi lado a partir de ese último día del primer viaje a Inglaterra, allá en 1990: en la orilla opuesta a las &lt;em&gt;Houses of Parliament &lt;/em&gt;del Támesis, apoyados mis brazos en la gruesa baranda de concreto, yo arrojaba la piel de alguna lesión que tuviese oculta por ahí, y la seguía con la vista tratando de corroborar que cayera al agua. El cumplimiento de ese ritual garantizaría mi retorno a esas tierras, una y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez, para así saberme cada vez más lejos en el afán de estar cerca.&lt;br /&gt;Las once de la mañana llegaron junto a John y Sharon, justo cuando me subía a un Ford chico y bastante nuevo rumbeando hacia la campiña inglesa, para siempre montado en mi piel que jamás dejaría de descamarse sobre el Thames River que caudaloso corre en mi cabeza.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(continuará)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Moxa0z7BBs8&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Moxa0z7BBs8&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-3800295922954842594?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/3800295922954842594/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=3800295922954842594&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3800295922954842594'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3800295922954842594'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/skin-deep.html' title='YOU WON&apos;T HEAR ME'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXaJ7WAu0MI/AAAAAAAAAFA/UtFdLkaNPqI/s72-c/01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-2767950505455445917</id><published>2009-01-19T20:08:00.005-02:00</published><updated>2009-01-20T14:15:55.985-02:00</updated><title type='text'>JOHN &amp; SHARON</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXT8Mgd5QPI/AAAAAAAAAEo/zODk1n2wCT8/s1600-h/01.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXT8Mgd5QPI/AAAAAAAAAEo/zODk1n2wCT8/s320/01.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293132753871126770" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Arrancaba el brazo británico del cierre del &lt;em&gt;Wish Tour &lt;/em&gt;de The Cure y John Eastwood era, entonces, un tipo de unos 38 años. Gordo (aunque no tanto como su esposa -o “mi otra mitad”, como se llamaban entre sí-) y con muy pocos dientes en pie, era un tipo al que la vida le había pasado por encima golpeándolo: todos sabemos que la vida es una topadora que no te perdona por más que andes muy por arriba de los 100 kilos de peso. &lt;br /&gt;Yo lo había conocido gracias a mi afición por la corresponsalía con ingleses e inglesas en busca de escribir y leer sobre discos, además de intercambiarlos o, de vez en cuando, recibirlos como atención de los habitantes del admirable imperio. &lt;br /&gt;A la altura del año 1992 yo había aportado a la colección de objetos de The Cure de John Eastwood muchas piezas importantes, hecho que, junto a la duración en el tiempo del intercambio de misivas, había generado una confianza tal como para que pautáramos un encuentro para ir a ver juntos a nuestra banda favorita en el National Exhibition Centre de la ciudad de Birmingham, fecha más próxima en lo geográfico a la casa de los Eastwood que quedaba en Wolverhampton. &lt;br /&gt;El día 16 de Noviembre de 1992 me tomé un tren desde Londres (&lt;em&gt;King’s Cross Station&lt;/em&gt;, si mal no recuerdo) con la misión de bajar en Wolverhampton: Allí me iba a estar esperando John. Yo le había dicho cómo iba a ir vestido y le había descrito mi bolso como para que me reconociera fácilmente. Bajo del tren y me quedo en el andén que se vacía rápidamente: no éramos muchos los que descendíamos entonces en esa parada. En eso se me acerca una mujer rubia y muy robusta; me dice: &lt;em&gt;“Germán?” &lt;/em&gt;Antes de que yo diera un sí expreso ella ya estaba diciendo: &lt;em&gt;“I’m Sharon, John’s half, Nice to see you!”&lt;/em&gt; Me da un abrazo y me conduce al auto, un Ford pequeño y bastante nuevo. Subo el bolso al asiento trasero aunque aún no me había podido desprender mucho de la incomodidad, que en ese momento no era la resultante de andar cargando un bulto: a pesar de no ser mi primera ni mi segunda situación de encuentro en persona con un corresponsal tan lejano (en este caso con su novia), mi timidez comandaba mientras mi cabeza practicaba múltiples cabriolas que se traslucían en algún que otro tic o movimiento de piernas, absurdos gestos al vacío que me ayudaban a sobrellevar la extrema absurdidad de la situación: ¿qué hacía en el medio de Inglaterra habiendo nacido en La Paternal veinticuatro años atrás, habiendo ido a un colegio del estado y habiendo apenas recorrido casas de parientes, amigos del colegio o facultad, canchas de fútbol para ver a San Lorenzo, hospitales y curanderos en el imposible éxodo desde Psoriasisland, qué hacía allí balbuceando un idioma tan incomprensible para mi cabecita argentina, pretendiendo admirar a un inglés pintarrajeado que tocaba una música por siempre ajena? Gestos en el vacío.&lt;br /&gt;Una vez el auto en marcha, anduvimos por calles de centro de pueblo, luego por semi-carreteras, hasta llegar a otro poblado, ese donde moraban John y Sharon. Resulta que John había tenido que ir a buscar unos discos a una tienda que quedaba a un par de kilómetros (un par de días más tarde iría allí acompañándolo: se trataba de una de esas tiendas enormes de pueblito con todo tipo de enseres domésticos, ropa, libros, revistas y cualquier clase de artículo, además de discos… una versión moderna y a la inglesa -siempre tan decadente la provincia británica- del almacén de ramos generales) así que ella se había encargado de recogerme en la estación para luego llevarme a su casa, donde a esa altura seguramente ya iba a estar John. La idea era ir allí a tomar el té y luego ir hacia el Guest House donde amablemente me habían reservado una habitación con anticipación.&lt;br /&gt;Bajamos del auto frente a una casa típicamente inglesa, marrón ladrillo, puerta cancel y porchecito de entrada, tres o cuatro escalones, un recibidor externo donde ya estaban las botellas de leche aguardando por un mañana igual a todos los ayeres. Una casa enorme dividida en lo que ellos denominan &lt;em&gt;flats&lt;/em&gt; y nosotros departamentos. Allí me encontraba ahora, en este instante… &lt;br /&gt;Subimos la escalera alfombrada y crujiente, recorremos un pasillo hacia el fondo (es un “&lt;em&gt;flat interno&lt;/em&gt;”) y nos aprestamos a ingresar. Sharon golpea suavemente la puerta mientras mete y gira la llave. Entramos... Permiso… Allá estaba John, con sonrisa despojada sin importarle una mierda todos los dientes ausentes (tantos más que los presentes). Un caluroso apretón de manos mientras pasamos por el pasillo interno de la casa hacia el pequeño living: tres sillones de estilo inglés, dos de uno y el otro de dos cuerpos, todos con tapizados holgados y muy pero muy gastados, tanto que había que adivinarles el color: ¿verde, marrón, gris, qué tipo de verde, marrón o gris? Simplemente un color de tardecita inglesa en el casi invierno, penumbra máxima a la calle y penumbra recargada en el flat interno perdido en el medio de Wolverhampton, en un living con la calefacción al máximo y con una única vieja ventana que daba a un montón de techos y chimeneas apretadas en un pulmón gastado de hollín. Tres gatos por aquí y por allí, olor dulce, dulce de encierro, una tv en el rincón, una video debajo, un equipo de audio de segunda clase (como los que se compran en esas tiendas que describiera torpemente más arriba), discos, mi incomodidad haciendo armonía con la de ellos, la hospitalidad, el tanteo del pensamiento que gira y gira en desesperación mientras intenta decodificar qué es lo que uno debe hacer y decir para congraciarse con los anfitriones: el esfuerzo denodado del ser humano por encontrar una vía de comunicación con el prójimo, vaya vana tarea. &lt;br /&gt;Ni un minuto había pasado para que una taza humeante estuviera entre mis manos: sólo se anticipó uno de los gatos que comenzó a olerme de pe a pa y a arrastrar su cuerpo por entre mis escuálidas piernas. Otro, más arisco, me miraba desde el tope del respaldo del sillón de un cuerpo que tenía frente a mí, ocupado por John, detrás de la mesita ratona que chocaba con mis rodillas. El tercero de los felinos había optado por la lucidez de la retirada inmediata. &lt;br /&gt;Hablamos de tonterías, de obviedades de recién llegado, del viaje, de Londres; y de The Cure. De Wish. De los shows que yo ya había visto en la costa oeste de los Estados Unidos de Norteamérica. Se hizo la noche y tomamos más té y comimos más galletas y pan con diferentes mermeladas y pelos de gato. Antes de llevarme hacia el Guest House mi anfitrión me dijo: &lt;em&gt;“Don’t you want to stay here with us tomorrow? Stay in the guest house just for tonight, we have already booked and shouldn’t be good not to spend the night there as it was arranged. But please stay here tomorrow, you can sleep in my sanctuary&lt;/em&gt;”. Al decir esto hace que lo siga por el pasillo que habíamos atravesado luego de mi entrada. Abre una puerta a la izquierda e ingresamos: nunca había visto nada igual, jamás había respirado un aire de semejante color: el de los sueños, el de lo irreal. Las paredes estaban cubiertas con posters de cada uno de los tours que The Cure había realizado desde 1979 hasta la fecha, con flyers, con avisos de revistas, con merchandising de todo tipo (la remera del tour de Faith (“&lt;em&gt;Fourteen Explicit Moments&lt;/em&gt;”) con el dibujo de &lt;em&gt;Carnage Visors &lt;/em&gt;que colgaba impoluta de una de las paredes jamás la había visto ni siquiera en fotografía, y eso que llevaba años de obsesión y muchos viajes a Inglaterra sobre los hombros). Estantes con hileras de libros, vinilos por doquier. Los CDs eran gran minoría, ciertamente (casi nada). John iba a comenzar a sacar cosas que estaban a la vista amenazando también con abrir las puertas de los roperos que vaya a saber qué tesoros contendrían; pero yo lo paré en seco: &lt;em&gt;“No, do not touch a thing please. I’ll be back tomorrow and I don’t wanna see nothing, nothing at all. Once I have slept a night here in your sanctuary, when I wake up to the next day, I want you to show me everything. But not before then. Please, let me sleep here without seeing”&lt;/em&gt;. Ni yo supe cómo le había espetado todo eso de repente. Fue como automático, un impulso irrefrenable. Sharon no dijo nada, simplemente mantenía su gesto de hermana mayor o de tía. John tampoco dijo palabra, pero se sonrío. Y salimos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(continuará)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/EEdT78VCB70&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/EEdT78VCB70&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-2767950505455445917?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/2767950505455445917/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=2767950505455445917&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/2767950505455445917'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/2767950505455445917'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/john-sharon.html' title='JOHN &amp; SHARON'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SXT8Mgd5QPI/AAAAAAAAAEo/zODk1n2wCT8/s72-c/01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-3828335698075886760</id><published>2009-01-14T20:25:00.003-02:00</published><updated>2009-01-15T00:31:52.372-02:00</updated><title type='text'>THE WASTE LAND</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SW5nzxVo-bI/AAAAAAAAAEg/nh1-1NGnAFg/s1600-h/002.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 211px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SW5nzxVo-bI/AAAAAAAAAEg/nh1-1NGnAFg/s320/002.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5291280751322003890" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;“En la escuela nada de política, termina en pelea y no vale la pena”. Cosas de mi viejo. Lo mismo extendíase al tema fútbol: vestir la casaca de un club o pegar insignias en la carpeta era motivo de eventual discordia al pedo. A la cancha se va sin bandera ni camiseta. Cosas de mi viejo. &lt;br /&gt;Hoy fui al Correo Central, al Palacio de Correos, como se lo conocía en algún tiempo. Me cuesta, me cuesta mucho todo, hace rato que tenía que ir, porque desde que estoy en este local de esta galería pretenciosa (creen que están en South Kensington, en Harrod’s, aunque allá se debe pagar mucho menos en concepto de expensas) me han afanado cuatro paquetitos con discos. “Tenés que ir al central, de ahí salen las camionetas”, díjome alguien. Al pedo y no sé para qué, pero tenía que ir...&lt;br /&gt;En el tren, para ir, frente a mí estaba sentada una chica muy parecida a Kristin Hersh: ojos muy claros, mirada mitad extraviada mitad ansiolítica, regordeta (o semi cara de galleta), atractiva en el modo Hersh. Iba tomando mate con quien evidentemente era su madre, en un mate de cuero que decía Paraguay; el acento de ambas confirmaban su verdadera procedencia. Estuve a punto de pedirle una versión al paso de &lt;em&gt;Rabbits Dying&lt;/em&gt;, después podíamos pasar la gorra y todo. En serio que era parecida. Y juro que hace como un mes viajé a tres asientos de Andrew Eldritch. Con sus &lt;em&gt;aviators&lt;/em&gt; negros, durmiendo la mona dark de la noche anterior, cabeceando hacia la derecha. Lástima que no tengo cámara digital, que si no en el Ferrocarril Belgrano los voy retratando a todos para subirlos acá. &lt;br /&gt;Retiro es una zona espantosa, pero si no me vengo en tren demoro dos horas mínimo. Me tomo el 33 (el bondi de Cristo) y me bajo en Alem y Corrientes. Hacía siglos que no pasaba por ahí, un lugar que frecuentaba muchísimo en la época de los &lt;em&gt;penfriends&lt;/em&gt; y de los intercambios de discos con corresponsales extranjeros. Cuando mandaba vinilos de edición nacional a coleccionistas de otros países me gustaba despachar los paquetes desde el Correo Central: me daba la sensación de que iban a salir inmediatamente del país, y cuanto antes hicieran eso los discos, mejor. &lt;br /&gt;Bajé del colectivo, entonces, y crucé Alem. Luego hice lo propio con Corrientes. La pequeña puerta de entrada al edificio que da a la primera de las avenidas mencionadas estaba cerrada. Voy para el frente del palacio, hacia la fachada que da cara a la Casa Rosada. Distraído como siempre y mirando en el suelo correr los propios pies una carrera de obstáculos contra absurdos pensamientos (qué buen juego de poleas arman) voy subiendo las escalinatas en abierta diagonal. Un pibe tomando una coca de 600 con cara de extranjero, una aureola de algún líquido derramado ya seco, otra más y otra más. Cuando me faltan dos o tres escalones para llegar a la meta levanto la vista y veo una de las monumentales puertas, la correspondiente a esa escalera que estaba terminando de subir, cerrada. A sus pies un colchón derruido y un tipo más sucio que una papa negra tirado sobre el mismo. Un par de botellas, trapos y algunas bolsas. Bajo instintivamente un par de escalones y sigo hacia mi derecha, para entrar por la puerta siguiente. Encuentro lo mismo, pero más: dos colchones y tres personas, y más bártulos. No hace falta contar qué había en las dos puertas restantes correspndientes al frente del edificio; podría agregar sí algunas miradas de pocos amigos de los yacientes, como si de un indefinido odio ancestral se tratase. Desciendo las escaleras tratando de no pisar las numerosas y grasosas aureolas que dibujan las escalinatas cual búlgaros de la corrupción y decadencia humanas ultimísimas y doy vuelta a la esquina por la calle de atrás, por donde salían las camionetas. Encuentro solo una de ellas estacionada en la dársena que se adentra un poco en la vereda, muy estrecha en ese punto, casi oficiando de entrada secreta al palacio. Toda la calzada está ocupada por pilas de cartones contenidos en bolsas de arpillera: explotan. Carros improvisados, papeles, basura, mugre. Un tipo joven custodiando el cargamento, un par más deambulando. Me acerco a la camioneta cuyo conductor estaba descansando en su asiento; le pregunto: “Disculpame, necesito ir a la dependencia de donde salen las camionetas a repartir encomiendas por la zona: ¿sabés dónde es?” Me responde que en el primer piso, que le pregunte al de seguridad si puedo entrar, pero agregó que las camionetas también salen del Centro Postal Internacional de Retiro. &lt;br /&gt;El tipo de seguridad, con cara de pocos amigos, me dice que ahí no es, que no se puede entrar. Le pregunto por dónde entra el público para ser atendido, para despachar una carta o lo que fuere. “No, esto ahora pertenece a Telecomunicaciones, no hay más atención al público”. Pregunto por la oficina desde donde se comanda el reparto de las camionetas para los habitantes de la zona. “Acá no hay nada, desde marzo que esto cerró. Andá a Cangallo y 25 de Mayo”. Doy otra vez la vuelta, y llego nuevamente a la esquina de Corrientes y Alem. Tomo por esta última y vuelvo a andar sobre mis propios pasos de diez minutos atrás, pasos que había dado distraído, ni bien hube arribado al lugar. Horrorizado por el desolador panorama, ahora miro detenidamente en derredor mío. Recuerdo que en esa cuadra y allá en el tiempo había tres quioscos de revistas, muy bien provistos, además de las paradas de colectivos con mucha gente esperando. Las paradas, hoy, hay que adivinarlas en un par de postes de hierro derruido, sin pintura ni señales indicadoras. Gente aguardando colectivos, casi ninguna. Tuve ganas de desaparecer de inmediato, pero no subiéndome a un autobús: si esas eran paradas y esos pasajeros aguardando, yo quería ser abducido por un ovni. Antes de cruzar y meterme bajo tierra para salir en subte, pasé por el único de los quioscos de periódicos sobreviviente. No había revistas casi, sí muchos posters de no sé qué cosas, algunas revistas viejas de crucigramas, un par de diarios, y un tipo esperando la muerte en un banquito de lata. Sobre la mesa principal, donde podría haber infinidad de revistas de distintos tipos exhibiéndose esperando la avidez del eventual lector, había cuatro prendedores gigantescos, de esos que se hacen con fotos y que son como botones con el alfiler detrás, esos de latón. Cada uno de ellos tenía una foto diferente, a saber y en este orden de izquierda a derecha: Juan Domingo Perón, Eva Duarte de Perón, Ernesto “Che” Guevara Lynch y Diego Armando Maradona. &lt;br /&gt;Como dije, no fui hasta Cangallo y 25 de Mayo porque me tiré de cabeza por la boca del subterráneo. Ah: El de seguridad había dicho Perón, no Cangallo. Y eso que era mucho más viejo que yo.&lt;br /&gt;“No hables ni discutas de política, que no vale la pena.” Tampoco de fútbol. Cosas de mi viejo con quien yo discutía tanto... Cosas de mi viejo. Hoy está en mi pensamiento, encarnado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/3tqK5zQlCDQ&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/3tqK5zQlCDQ&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-3828335698075886760?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/3828335698075886760/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=3828335698075886760&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3828335698075886760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3828335698075886760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/la-devastacin.html' title='THE WASTE LAND'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SW5nzxVo-bI/AAAAAAAAAEg/nh1-1NGnAFg/s72-c/002.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-8113580235554869625</id><published>2009-01-12T17:56:00.009-02:00</published><updated>2009-02-07T09:51:36.325-02:00</updated><title type='text'>METAL ANGEL</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWuik5UOrWI/AAAAAAAAAEY/iz8Wg8AzJvI/s1600-h/01.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 241px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWuik5UOrWI/AAAAAAAAAEY/iz8Wg8AzJvI/s320/01.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290500942021438818" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sólo hablo de mi vida privada. Sí, así como lo leen. A ver si todavía voy a adoptar el discurso de las celebridades que le escapan a los únicos tópicos que les atañen: ¿de qué carajo quieren hablar si no es de sus privadas vidas, es decir de lo que les ocurre dentro del marote? ¿Acaso se piensan que nos interesan sobremanera sus “procesos creativos” o sus visiones de las naderías de los espacios comunes del mundo? Por lo pronto, yo sólo hablo de mi vida privada, es decir de cualquier cosa. Y hoy voy a hablar de “mis” mujeres. Me sobra espacio en una entradita de blogcito; digamos: ¿tienen quince segundos? &lt;br /&gt;Como hago con todo, abordaré el tema por arriba y a la bartola, fragmentado e incompleto. Tan incompleto que voy a hablar (o apenas hacer mención) de una sola mujer (esta vez), una que llegó a mi vida por culpa de esta disquería maldita y un poster de The Cure. Y voy a hablar un poco de eso porque a lo que en realidad quiero llegar es a una anécdota ocurrida hace poco menos de dos años en un recital de Melvins en Londres. Ahí noté qué injusto había sido el mundo para conmigo en el reparto de las novias apropiadas. Porque en ese concierto de Pelito &amp; Co. conocí a &lt;em&gt;the real metal baby&lt;/em&gt;. Lástima que estaba con otro, y en plena acción.&lt;br /&gt;Florencia entró una tarde a la disquería, al local de Belgrano, una apacible (pero demoníaca en lo soterrado) tarde de Diciembre de 1997. Era la primera vez que yo iba a la disquería en muchos meses: me había operado de mis sendas caderas y la recuperación de cada una de las dos intervenciones había sido tan larga como árida. Una vez abandonadas las muletas y habiendo entrado más o menos en confianza con mi bastoncito presidencial, me tomé un taxi La Paternal - Belgrano sin escalas, y me aparecí por El Oasis. ¡Justo ese día, mecachendié! Allí estaba Dani, y también Pichu:  una época donde era común que en el local estuvieran tanto él como Rafa, en una sesión de boludeo comunitario permanente escuchando los discos que habían llegado. &lt;br /&gt;En eso entra una chica preguntando por posters de The Cure (ojalá hubiese preguntado  por postres de The Cure, que no tenía). Dani me la deriva con la mirada y yo que me hago cargo. Tenía un afiche de un concierto viejo, del año 85, pegado en la puerta blindex del local. Lo saco y se lo regalo, yo siempre tan atento. O no: tal vez sería parte de una nueva y gélida galantería germánica que emanaban mis caderas de titanio nuevecitas nuevecitas en esos momentos, vaya a saber uno... La cuestión es que era el comienzo de una desgracia de cuatro años, todo un disparate. Y pienso: qué injusticia, cuánto dolor… ¿Por qué no &lt;em&gt;the real metal baby &lt;/em&gt;y sí esta loca de atar? ¿Acaso merecía su estrecha mente “dark” que no podía salir ni en diez vidas de Bauhaus, The Cure y Love &amp; Rockets que uno la llevase a ver conciertos de, por ejemplo, Pere Ubu, Diamanda Galás, Nina Simone y Marc Almond? ¿O de Mogwai, Smog, Rufus Wainwright, Kristin Hersh, Olivia Tremor Control o inclusive de los flojitos Super Furry Animals? Yo que la introducía en mundos para ella insospechados (inclusive a la intimidad de su banda “favorita”, The Cure) y la fulana que como moneda de cambio, por citar un ejemplo de su demencia, llamaba a la Record Collector larga distancia NYC/Londres e insultaba a la secretaria del redactor Martin O’gorman por haberla puesto en el epígrafe de una de las fotos del artículo de tres páginas sobre Pink Pig únicamente como &lt;em&gt;“Germán’s girlfriend”&lt;/em&gt; (que, además de bien poder ser esto todo lo que importa, en definitiva era todo lo que en verdad ella era dentro de ese maravilloso proyecto que la loca bien supo arruinar en su psicosis.)&lt;br /&gt;Llevarla a todos esos conciertos fue como llevar a la Luna a una lombriz de tierra, y de chaleco. Pero no de la locura adecuada, ciertamente. No de la locura de &lt;em&gt;the real metal baby&lt;/em&gt;. Porque a lo largo de la vida y sus conciertos he visto gente fuera de sí haciendo estupideces, pero nunca lo que vi en aquél recital de Melvins en el Islington Academy de Londres, un dos de mayo de 2007; nunca vi algo tan apropiado (y para nada una estupidez.) Uno recuerda tonterías vistas durante conciertos, por lo general espasmódicos gestos adolescentes, como mear en los enormes vasos plásticos de cerveza ingleses  y arrojárselos a los vecinos de adelante y viceversa (la gran batalla de la meada en el Finsbury Park de Oasis, allá por julio de 2002, fue como la tercera guerra mundial del golden shower.) O como en el inolvidable show de Lo-Fidelity Allstars en el próximo a ser demolido London Astoria allá por 1998 cuando mi vecino de la derecha, totalmente empastillado y alcoholizado, sacóse los pantalones y calzones empezando a bailar &lt;em&gt;alla&lt;/em&gt; Bez sacudiendo su ganso hacia delante y hacia atrás, en pendularidad transversal, jugando a tocar con su glande la popa del vecino delantero, una y otra vez durante dos o tres canciones (ya no me acuerdo cuándo fue que me corrí hacia otro sector ya que no quería ser salpicado en la eventual eyaculación del amigo…). &lt;br /&gt;Como decía, nada de estas cosas ocurría durante el show de los impresionantes Melvins. Era esencialmente algo diferente, algo sustancioso. &lt;br /&gt;El Islington Academy es un pequeño y acogedor venue, bastante nuevo. Un enorme bar a la entrada con un buen escenario al fondo y en el medio un espacio apropiado para ver bien desde donde sea que estés parado. Como preanuncio esa noche y sin que yo sospechara en lo más mínimo lo que iba a presenciar en un breve lapso de tiempo, uno de los teloneros de Melvins fue un grupo californiano llamado Porn. Premonitorios Porn. Sencillamente fantásticos, un doom tributario de los dos primeros discos de Black Sabbath de la mejor factura. Arrasadores. Una vez finalizado su set, subieron al escenario los ya muy mencionados aquí Melvins. Como ocurre frecuentemente, el líder intelectual Buzz “King Buzzo/Pelito Regazzoni” Osborne aparece en escena una vez transcurridos veinte minutos del show. Justamente en ese instante, cuando el hombre cabello de araña hace su descomunal &lt;em&gt;entrance&lt;/em&gt; desollando su guitarra de ruido y sabor metálicos, un brazo y una cálida y húmeda mano accidentalmente colisionan con mi costado derecho. Miro y veo una chica en extremo atractiva, esos rostros que son pura y solamente carga sexual. De contextura generosa y proporciones saludables, la vecinita había chocado con mi humanidad por mero accidente, en el camino hacia su compañero, a quien inmediatamente advierto detrás suyo y mío, también hacia la derecha. Me cuesta disociar lo que, aunque me hiciera el tonto, percibía (a veces con la mirada, a veces con otros de mis sentidos): me cuesta disociar lo físico de las acciones, lo sonoro, lo aromático inclusive. Porque todo se convertía en una misma cosa ahí en el Islington Academy. Narcotizada la audiencia por la espectacular y vastísima paleta sonora de los Melvins (que son al sonido metal tan abarcadores como The Beatles a la humanidad), narcotizados todos, decía, por la música, el olor a concierto (esa mezcla rara de humo de máquinas, calor lumínico y alcohol rodeándonos como a lo lejos) y el ritual rockero, comencé a darme cuenta que lo que estaban haciendo &lt;em&gt;the real metal baby &lt;/em&gt;y su acompañante era absolutamente orgánico a la experiencia total que convocaba esa noche a todos los allí presentes. ¿Que qué estaban haciendo? Reconstruyéndolo todo, la aparición de King Buzzo en escena  fue como el disparo que indica el comienzo de la carrera: ahí es cuando la voluptuosa chica me toca en camino hacia el cuerpo de su novio, a quien atrae hacia sí misma con la convicción del género musical Heavy Metal. Los cada vez más intensos abrazos y el frenético frotar de sus cuerpos se confunde con el ritmo sincopado de la música, se acelera todo y las imágenes captadas por el propio iris van sucediéndose en mi cabeza a una velocidad de superposición: la pelambre de Osborne, el lungo Jared con su bajo caído, la semiabierta boca de la chica y su lengua serpentina a la derecha (a la derecha ella, la lengua en todas direcciones y lugares), luego su mano guiando a la del acompañante hasta su bragueta, Dale Crover golpeando un hi-hat, un estruendoso ruido a cierre relámpago que cede, todo fundido con humo de máquina. Nunca hasta entonces había visto a dos personas teniendo sexo en medio de un concierto, a cinco metros del escenario y bien al centro, sin reparar en la audiencia circundante. Audiencia de quién sabe qué a cierta altura, y no porque mirasen lo que estaban haciendo &lt;em&gt;the real metal baby &lt;/em&gt;y su &lt;em&gt;partenaire&lt;/em&gt;: digo audiencia de la macro-visión de esa noche, del ritual colectivo al que Melvins fue invitado en un plano de igualdad a todos los demás actores. &lt;br /&gt;La cuestión es que, durante casi media hora, &lt;em&gt;the real metal baby &lt;/em&gt;hizo que su novio la masturbase entre la multitud, pantalón levemente caído más otras prendas y carnes en estado de descontrol. Con total naturalidad y con ningún tercero interviniendo en modo alguno. Con naturalidad colectiva: nada estaba disociado esa noche en ese sitio. Y prueba de ello, además de curioso para alguien atado a costumbres tan de pacotilla como uno, es que luego de llegado al objetivo y aún en el medio de algún breve impasse en la batalla erótica de estos metaleros, algún amigo de ambos que estaba delante se había dado vuelta para comentarle algo del concierto al afortunado novio de &lt;em&gt;the real metal baby&lt;/em&gt;. Como si nada. En ese momento, y una vez más, comprendí que nada entiendo, que estoy lejos tanto de la música que me vuelve loco como de la geografía (arquitectónica y humana) que la genera y que tanto me cautiva. Habrá que recoger los dados y tirarlos una y otra vez desde el cubilete, sacudiéndolo cada vez más fuerte, hasta que nos salga la servida de una vez por todas. &lt;br /&gt;Creo que ni hace falta entrar en tristísimos detalles de lo que a mí me tocó en suerte durante aquellos cuatro años, a partir de un poster de The Cure. A Diamanda Galás, la próxima vez que la vaya a ver, lo haré en solitario. A no ser que pueda invitar a &lt;em&gt;my real metal angel&lt;/em&gt;, que debe andar por ahí, en el éter y por entre las vertientes del siempre esperanzador metal.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Vuo3AMXpwN0&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Vuo3AMXpwN0&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-8113580235554869625?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/8113580235554869625/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=8113580235554869625&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/8113580235554869625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/8113580235554869625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/metal-angel.html' title='METAL ANGEL'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWuik5UOrWI/AAAAAAAAAEY/iz8Wg8AzJvI/s72-c/01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-9047361518328868102</id><published>2009-01-10T14:13:00.009-02:00</published><updated>2009-01-12T12:02:25.898-02:00</updated><title type='text'>A LONG DAY IN THE LIFE</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWjMvS984vI/AAAAAAAAAEA/H7lEBzyiok4/s1600-h/03.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWjMvS984vI/AAAAAAAAAEA/H7lEBzyiok4/s320/03.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289702875264246514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Me piden &lt;em&gt;Supersóny&lt;/em&gt;, me piden &lt;em&gt;Tíqui Turrái&lt;/em&gt;, pero hoy voy a cantar uno de mis clásicos, una que en algún sentido se convirtió en mi misión en la tierra. Un domingo de hace exactamente diez años (más imprecisas monedas), allá por el tórrido verano de 1999, estaba leyendo el entonces último número de la MOJO. La había recibido con el paquete de discos que pedía para la disquería, como era costumbre: Los domingos me ponía un vinilo a un volumen de putas mientras comenzaba la lectura. En la tapa Bruce y al pie el titular: &lt;em&gt;“1998: Gallagher, Stipe, Shaznay and a host of Stars select the best”&lt;/em&gt;. Al llegar a la página 66 (“sixxxx, síx-síx, the nooooomber of the bíiist…” me aullaba otro Bruce, Dickinson, cuando yo era purrete) hay un recuadro que ocupa casi toda la página, con una foto de Noel Gallagher, my ultimate hero. Su pequeño escrito sobre lo mejor que escuchó en el año finalizaba así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“When I was in Buenos Aires earlier this year &lt;em&gt;(en U.K. las revistas de Enero aparecen a mitad de Diciembre, en este caso de 1998)&lt;/em&gt;, doing some radio thing, there was this little bloke standing in the corridor -he looked really worried. I said: “Are you alright?” And he said, “Mr. Gallagher, you ought to listen to this band.” I opened up the CD and it was this band The Left Banke, who I’d never heard of. So he went into one about how good the were, and I was thinking, “Ha ha, so I’ve come half the way across the world to hear some bald-headed South American tell me all about fucking rock’n’roll… I don’t think so!” So I took it back to my hotel room and it’s the best fucking record I’ve heard in my life! Walk Away Renee is brilliant. I felt really humbled. Could it influence my own music? Nah. The idea of Bonehead dressed in a cravat and a frilly shirt playing a harpsichord doesn’t do it for me. Maybe on the Richard And Judy show when he goes solo.”&lt;br /&gt;(“Cuando estaba en Buenos Aires a principios de año, haciendo una entrevista de radio, estaba este tipito parado en el hall, se lo veía muy preocupado. Le dije: ¿Estás bien? Y él dijo: “Sr. Gallagher, tiene que escuchar este grupo.” Abrí el CD y era esta banda The Left Banke, de quienes nunca había escuchado hablar. Entonces se largó a contar lo bueno que eran mientras yo pensaba, “Ja ja, así que me crucé medio mundo para que un cabeza sudamericano me enseñe sobre rock… ¡No lo creo!” Entonces me llevé el CD a la habitación del hotel ¡y es el mejor disco que escuché en mi vida! Walk Away Renee es brillante. Me sentí realmente humillado. ¿Si puede influir en mi propia música? No. La idea de Bonehead vestido de chalina y camisa con volados tocando un clavicordio no me convence. Tal vez en el show de Richard And Judy cuando se haga solista.”)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento me emocioné y excité de tal forma que lo llamé a Dani para contarle (yo que nunca llamo por teléfono a nadie, imaginen el grado de alteración que me había producido la lectura). Era fantástico, se sentía genial que tu &lt;em&gt;ultimate hero &lt;/em&gt;te recordase a través de una anécdota nueve meses después de ocurrida. Era admirable que el tipo contara eso a miles y miles de personas (con el tiempo veremos que a millones), considerando su extraordinario genio sin igual (aquí, nuestras nulidades se empeñan en decir que todo lo conocían de chiquitos y que antes de largar el chupete ya eran fanáticos de The Who). ¡Y yo era el &lt;em&gt;little bloke&lt;/em&gt;!&lt;br /&gt;Antes de que la adrenalina bajara me puse a escribir una carta de lectores, que fue publicada en la MOJO de febrero de 1999 y que aquí debajo transcribo en inglés (que es como la escribí), y también traducida al español:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“I was delighted (and shocked), when I saw myself mentioned by Noel Gallagher, talking about the best things he’d heard all year. I was amazed he remembered the details of his encounter. I love The Left Banke CD and thought he’d love it too. I’d stolen the Oasis press itinerary from the press conference the day before, sneaked in the building, and hid behind a pot plant with the CD, hoping to give it as a present to my favourite contemporary songwriter. Noel was really amiable, listened to my blurred English and spared a moment for a picture. When we were crossing the building door on our way out, putting my right arm on Noel’s shoulder I told him, “Give the CD a chance.” He answered, “I will.” And he did. And he loved The Left Banke. And he told MOJO about that small incident. An insignificant incident in the life of a star. An unforgettable incident in the life of a fan.”&lt;br /&gt;(“Fue una delicia -y un shock- el verme mencionado por Noel Gallagher, hablando de lo mejor que había escuchado en el año. Estaba asombrado de que recordara los detalles de nuestro encuentro. Me encanta The Left Banke y pensé que a él también le sucedería lo mismo. Me robé el itinerario de Oasis durante la conferencia de prensa el día anterior, me colé al edificio, y esperé detrás de una planta con el CD, esperando poder regalárselo a mi &lt;em&gt;songwriter&lt;/em&gt; contemporáneo favorito. Noel fue realmente amable, escuchó mi borroso inglés y me regaló un momento para una foto. Cuando cruzábamos la puerta de salida, poniendo mi brazo derecho sobre su hombro, le dije: dale una chance al CD. Él respondió que lo haría. Y lo hizo. Y le encantó The Left Banke. Y le contó a la MOJO la pequeña anécdota. Una anécdota insignificante en la vida de una estrella. Una anécdota inolvidable en la vida de un fan.”)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando leí publicada mi carta me pareció que era la frutilla del postre, que así la anécdota cerraba como para guardarla en el estante, al lado de los discos de Oasis. Pero no se quedó ahí el asunto. Un tiempo más tarde se publicó la segunda biografía oficial de Oasis a cargo de Paolo Hewitt (biógrafo oficial de Oasis y autor de los liner notes de (What’s The Story) Morning Glory?), &lt;em&gt;Forever The People, Six Months on the Road with Oasis&lt;/em&gt;. Allí se cuenta la anécdota, esta vez en tercera persona y a cargo de Mr. Hewitt, a propósito de los discos que ponía cada integrante de la banda en las periódicas reuniones que hacían en las habitaciones de hotel ellos y el crew para que cada uno musicalizara con sus favoritos. Noel puso mi disco. Sí, porque me encargué de regalarle mi copia, tomada de los estantes del living de mi casa. Porque ahí estaba la gracia, eso es lo que yo en realidad quería. La fantasía del iniciado en esta locura de los discos, que el ídolo sea como nuestro amigo, por un instante y en nuestro pensamiento, que nos escuche un rato aún cuando no tengamos nada para decirle. &lt;br /&gt;Había tomado mi disco esa mañana de marzo, lo había puesto en una bolista de El Oasis, y me había ido para la Rock &amp; Pop. Iban a ser entrevistados en el programa de Pergolini. Yo lo había llamado a Nillo Flores, que iba a la disquería y me caía (y cae) muy bien, y es recíproco, asevera mi yo omnipotente y sincero. Le había dicho de mis intenciones por más que sabía que él no laburaba más ahí, para ver si me podía dar una mano. Nillo me dijo, con su inocencia y caridad habituales: “Preguntá por Mario y decile que sos amigo mío, que te deje pasar a la entrevista”. Me fui temprano entonces, para aguardar a M.P. Cuando el sujeto entra a la radio me acerco y le digo. Que quiero darle un disco a Noel Gallagher, que sé que hoy los entrevista, que lo puedo ayudar en la tarea, con mi inglés (balbuceante pero Churchillesco en comparación con el suyo), con mi conocimiento profundo de la historia de Oasis, con mi entusiasmo; le digo que soy amigo de Nillo. Y en eso que le cambia el rictus, detiene mi hablar y me dice: “Los amigos de Nillo son mis enemigos, arreglate como puedas, vos no entrás”. Giró sobre sus propios talónicos y se fue. Macanudísimo, y no importa las internas que habría ahí (de las que Nillo evidentemente no tendría sospechas, de lo contrario no me hubiese mandado al matadero). &lt;br /&gt;Confundido, me dediqué a esconderme y hacerme el tonto todo lo posible, a ver si lograba que no me echaran de la recepción de la radio hasta que apareciese Noel. Pasó mucho tiempo hasta entonces, pero lo logré. Yo estaba con una self-made t-shirt que tenía en el frente una vieja foto de Brian Wilson y en la espalda una de las infinitas listas tentativas para el inconcluso Smile (&lt;em&gt;handwritten by Wilson himself&lt;/em&gt;). Eso llamó la atención de la asistente de Noel, que se me acercó para charlar. Eso me dio el pie de ir más confiado y abordar un poco menos nervioso al Gallagher del medio. Primero le pedí disculpas por haberle robado el logo y nombre para bautizar mi pequeña disquería. Tomó la bolsa, la miró, me miró y dijo: “It’s a very good name”. Luego pasó más o menos lo que contó a la MOJO. &lt;br /&gt;Como decía, la cosa no se detuvo; ni siquiera con la narración de la anécdota en el libro oficial de Oasis. A lo largo de estos diez años me enteré, leí y escuché la anécdota y mi mención en ella infinidad de veces. Y no exagero. Y no me quiero imaginar las que no deben haber llegado ni a mis ojos ni a mis oídos. Menciono las últimas, las más recientes, para no aburrir: &lt;br /&gt;Con motivo de festejar el 40 aniversario de Radio One de BBC, la emisora convocó a diez mitos vivientes de la música popular británica para que hiciesen un programa eligiendo diez canciones de los últimos cuarenta años, los que justamente cumplía la emisora. En la vieja tradición de la radio inglesa, el locutor y host es también operador, así que Noel se sentó en los estudios de la mítica BBC, se calzó auriculares, parloteó frente al micrófono y puso sus diez disquitos, que los llevó él desde su casa. Uno de esos diez era el mío, el que estuvo mucho tiempo en mi casa hasta que pasó a la de él. Y a miles de hoteles alrededor del mundo, porque jamás dejó de ponerlo en la valija cada vez que salió de gira. Ni una sola vez. Y no quiere saber nada de cargarlo en un iPod. Lo lleva. Me lleva. Pasó “Desiree” en la ocasión del aniversario de Radio One. Y, como siempre, no deja de contar la anécdota. Pero lo más delicioso es que siempre la narra en un tono diferente, porque es un tipo brillante, genial y muy divertido. En esta ocasión me describe como “un tipo con bigotes y un gran sombrero -sic: sombrero-“ Y en estos momentos se me ocurre que voy a editar eso en un simple. En vinilo. &lt;em&gt;My own hit single&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Cuento ahora la segunda y última de las innumerables menciones, porque me estoy haciendo muy largo (más largo que el ciruela). Una a cargo de un tercero (sí, porque Paolo Hewitt no fue el único tercero que se hizo cargo de la anécdota, que evidentemente dejó de ser insignificante hasta para la estrella misma; fueron muchísimos los terceros que la supieron utilizar en sus trabajos y discursos), en este caso se trata de Bob Stanley, el de St. Etienne, uno de los músicos y periodistas más respetados en Inglaterra, un arqueólogo pop. Escribió Stanley un largo artículo para el diario inglés The Guardian ingeniosamente titulado “Baroque and a soft place”. Fue publicado en la sección pop del prestigioso diario pirata y, como conclusión de todo su pensamiento acerca del devenir del pop barroco en la música inglesa contemporánea, narra la anécdota, diciendo que en esa ocasión, sin que nadie lo supiera, se había desperdiciado la última chance para que el rock inglés abrazase definitivamente el barroquismo a través de una de las bandas más importantes de su historia rock y pop. Yo les tiré el centro, Bonehead la cabeceó afuera (Bonehead, que es el Biaín del rock). &lt;br /&gt;Y no sigo porque diciendo la verdad voy a perder verosimilitud.&lt;br /&gt;Luego de esa anécdota en una radio de Buenos Aires en marzo de 1998 el azar cristalizó esa fantasía infante de que el ídolo te escuche, y que te piense por un instante de tanto en tanto. Noel sabe quién soy, sabe mi nombre, y eso es más, en la historia del Rock ‘n’ Roll, que la discografía de cualquier grupo de rock argentino. La primera de las muchas veces que me encontré con Noel después del incidente Left Banke fue en New York, cuando todavía no sabía mi nombre. Lo llamé pegando un grito a 20 metros de distancia: “Hey Noel, I am Germán, the one who gave you The Left Banke CD in Buenos Aires!” El genial inglés me miró un instante y bajó la escalera del stage door, sin importarle pasar entre los más de cien fans que estaban pululando. Se acercó, me dio la mano, y entré con él. Para mí es muchísimo. Y fue cada vez más. “A ver, los que hayan pisado alguna vez Supernova Heights, que levanten la mano.” Apa… entonces voy a tener que llamar yo a tomar lección… Una lección de rock. Pero mejor lo dejo para el libro que emprenderé en cualquier momento: “Mi vida loca.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/WCCl-fsO1BE&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/WCCl-fsO1BE&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-9047361518328868102?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/9047361518328868102/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=9047361518328868102&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/9047361518328868102'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/9047361518328868102'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/long-day-in-life.html' title='A LONG DAY IN THE LIFE'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWjMvS984vI/AAAAAAAAAEA/H7lEBzyiok4/s72-c/03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-6218719858819778755</id><published>2009-01-08T17:13:00.003-02:00</published><updated>2009-01-09T00:37:23.660-02:00</updated><title type='text'>ILUMINACIONES</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWZQynWyEPI/AAAAAAAAAD4/VVkLvF_yxIs/s1600-h/hyde+park.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWZQynWyEPI/AAAAAAAAAD4/VVkLvF_yxIs/s320/hyde+park.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289003642881446130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Una vez, no hace mucho, yendo hacia la Ciudad Universitaria a cursar un par de materias con el objetivo de poder luego asistir a algunas clases de la carrera de Letras en la UBA (lugar del que luego huyera rápidamente: pestilente antro donde estudiantes crónicos se pasan la vida haciendo política de estudiantina tercermundista, confundiéndolo todo), tuve lo que, tiempo después, Andrea calificara como “iluminación”. Podría explicar la sensación muy vagamente: mientras caminaba por los parques que anteceden a los pabellones donde se desarrolla la actividad estudiantil (la caminata era larga desde la estación de trenes Scalabrini Ortiz hasta el último edificio del complejo) el sol, repentinamente, se dejó caer suavemente sobre la totalidad de mi piel, como al unísono en cada rincón de mi cuerpo en un suceso de simultaneidad para mí sin precedentes. Al mismo tiempo sentí como que el cuerpo se relajaba y se alivianaba de tal modo que me pareció flotar mientras avanzaba. Y los pensamientos se evaporaron subrepticiamente. Un instante de despreocupación absoluta, un momento que se escurrió como agua entre los dedos y que me dejó en un estado de gracia que duró un buen rato (tal vez hasta diez minutos): “Si está todo bien, Germán, claro”, fue el pensamiento en bajorelieve que quedó luego de esa mágica millonésima de existencia. “Te viste sorprendido en el tiempo presente, eso es lo que se llama iluminación”, dije antes que me dijeron unos meses luego del suceso, cuando se lo relaté a Andrea.&lt;br /&gt;Puedo recordar dos momentos similares más a lo largo de mi vida (o de la memoria actual de lo que fue mi derrotero). Uno fue mientras caminaba cruzando el Congreso de la Nación. Era una  noche de Septiembre y prefiero dejarlo así como críptica mención ya que es algo que pertenece a mis “theatre years”, extraño período que dejo para otros capítulos de esta enciclopedia de sinsentidos que bien podría titularse “For no one”.&lt;br /&gt;Bueno, a ver… La más vieja de mis iluminaciones no transcurrió en estas desoladas pampas. El 21 de Septiembre de 1994 tenía entrada para ver a Ride en el Royal Albert Hall. Presentaban lo que para mí es su mejor disco, “Carnival of Light”. Para disfrutar la velada desde el principio entré al Hyde Park por Lancaster Gate. Desde esa puerta, si agarrás siempre derecho, terminás topándote con el Albert Hall. Con pasos lentos fui, entonces, contemplando el siempre cautivante paisaje del céntrico parque londinense, parando en este y en aquel banco para observar mejor, para mirar más despacio, para que el cruzar el parque dure treinta o cuarenta minutos en lugar de siete. A la derecha el lago, la Statue of Physical Energy (“justo a mí me lo viene a decir…”), monumento ante el cual, una y otra vez, sin importar el paso del tiempo, me detengo boquiabierto no menos de diez minutos; perros, verdes y curvados bancos, senderos, hombres y mujeres. Todo mientras nos vamos acercando al magnífico Albert memorial. Ordenada su construcción por Queen Elizabeth en memoria de su esposo King Albert. De estilo gótico-victoriano, fue diseñado por Sir George Gilbert Scott, de quien seguramente se han inspirado Gilbert and George para bautizarse. La estupenda estatua dorada del Rey Albert es realmente impresionante. Allí, en las escalinatas circundantes al memorial, se hace la última parada (o mejor dicho sentada) antes de salir del parque para cruzarse al fastuoso Royal Albert Hall. &lt;br /&gt;El soporte de Ride ese miércoles dulce y liviano era Supergrass. Pero a ver si me explico. Era Supergrass, pero no era Supergrass. Porque vos estás leyendo esta palabrita que, en contexto rockero, tiene una carga y un preconcepto impresionantes. Nestún pre-digerido desde hace por lo menos 13 años. El soporte era Supergrass, una banda que no tenía en la calle ni un solo simple (Caught by the Fuzz sería editado un mes más tarde, a fines de Octubre de 1994), tres pendejos que aparentaban tener aún menos de los años que portaban: Gaz Coombes recién había cumplido dieciocho. Habían tocado una sola vez en the Jericho Tavern de Oxford en Abril del 94 y luego habían comenzado la gira de Ride como acto soporte, unos pocos días antes de la nochecita del Albert Hall. Es decir: Supergrass era Kalabalangaaasalmman (gracias Nicolino Roche). Era una palabra, sin carga: la muerte para los paladines de la cultura rockera de estas tierras. ¿Quién te avala a Supergrass el 21 de Septiembre de 1994? Yo no tengo el problema de los avales (y es por eso que siempre me perdió el tema de la música, los discos y los recitales: explorar en serio, desarrollar la intuición y el mecanismo de la propia neurona: definir mi gusto solito). Algunos necesitan avales del Sí de Clarín o de Rolling Stone (luego evolucionaron y comenzaron a precisar de los avales de la NME -siempre veinticinco años tarde, como mínimo: llegan cuando no queda nada, a comer de la basura, cartoneros culturales- o cualquier publicación siempre devaluada, en especial en contacto con ciertos cerebros), y salen los viernes a buscar el nombrecito de turno, con el suficiente aval externo del “gusto” propio. A mí, afortunadamente, nunca me ocurrió tal cosa.&lt;br /&gt;El Albert Hall estaba acondicionado para la horda de juventud que lo visitaría aquella noche de Septiembre del hemisferio norte: nada de sus preciosas butacas tapizadas exquisitamente en “el piso” (o en el ground floor, o el “campo”, o como quieran llamarlo, you know what I mean). Sobre un piso adicional de sólida madera hileras de asientos de plástico con respaldo atornillados. Los asientos de cada hilera estaban unidos entre sí por barretas de hierro soldadas. Yo tenía fila tres (había llamado por teléfono a la agencia de tickets el mismo día en que se ponían a la venta, a la agencia de Argyll Street donde he dejado una millonada en booking fees a lo largo de los años) asiento no me acuerdo (bien al centro). Y me senté a esperar. Cuando sale Supergrass (perdón: Kalabalangaaasalmman) el recibimiento del público es casi de indiferencia: un teatro todavía al cincuenta por ciento de su capacidad emitiendo un murmullo casi continuo mientras se esperaba a Ride. Juro que nunca había visto tres tipos tan jóvenes apersonarse en un escenario tan impresionante e intimidante. Sus pequeños cuerpos, puro desgarbo adolescente, tomaron posiciones con una frescura deslumbrante. Mientras Danny probaba sus tambores dando algunos golpes frenéticos que no podían más que remitirme a Keith Moon y Mick se colgaba un muy pesado fender para su todavía escuálido cuerpo, Gaz, ya frente al micrófono y con su telecaster a cuestas dijo, mientras inclinaba su cabeza de lado y torcía la vista hacia el techo del recinto: “Ha, look Ma’… The Albert Hall…” Luego raspó sus cuerdas mientras el baterista comenzó a marcar el ritmo y se vino el vendaval. Un infierno esos tres pendejos, energía pura, frenesí y descontrol melódico como nunca había visto en un grupo pop. Era Caught by the Fuzz (supe luego cuando, al finalizar la canción, el cantante la mencionó y avisó que iba a ser el simple debut que se suponía salía en un mes o dos, según nos dijo a los presentes esa noche). La platea, atónita, observó boquiabierta todo el corto set del trío de Oxford prestando la mayor atención. Pero nadie se descontroló. Yo miraba hacia los costados como buscando cómplices a mi desmedida excitación, pero no me parecía encontrar un eco acorde a mi taquicárdica alegría. Es que estaban esperando otra cosa, no a los Kalabalangaaasalmman. Ellos habían pagado por Ride. A mí me habían devuelto el dinero, penique por penique, esos tres pendejos endemoniados. &lt;br /&gt;Lo de Ride fue notable también, no me defraudaron. Arrancó Moonlight Medicine con una fuerza y una consistencia tales que toda la sala recibió un cachetazo descomunal. No habían pasado ni dos minutos desde que el grupo de Andy Bell y Mark Gardener había aparecido sobre el escenario y las cinco primeras filas de asientos habían desaparecido: la adorable indiada primermundista había levantado en andas a las filas de sillas y, en medio de un maremandum de cuerpos cálidos, las había arrojado con inconciencia hacia atrás. Magnífico rush adrenalínico con un soundtrack a la altura de todas las circunstancias del día. &lt;br /&gt;En esa catedral del buen gusto, ese templo de la civilización, el rock es cierto y tiene su espacio. Es el ADN, es el inconciente colectivo de un pueblo con una historia y gallardía muy poco frecuentes. Yo era un testigo por error, un traductor improvisado, un indio suburbano que se voló de su tienda y emprendió un camino sin retorno: el de intentar decodificar lo ajeno, magnetizado por lo incomprensible. Y ahí es donde reside el atractivo: en lo incomprensible, justo lo que incomoda tanto a estos falsos profetas del rock que tan hinchado los huevos me tienen. Flacos: yo sí que no entiendo, ¿entienden?&lt;br /&gt;Al salir ya eran las once de la noche. El Hyde Park cerrado, y yo caminando por su vereda, cruzando la calle desde el Albert Hall, tocando las rejas. Liviano como nunca, en un brevísimo instante de iluminación, de vida eterna. Se pasó pronto, prontísimo. Pero esta tarde lo recuerdo, con la vaguedad de lo reparador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/RiJINCpMhAE&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/RiJINCpMhAE&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-6218719858819778755?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/6218719858819778755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=6218719858819778755&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/6218719858819778755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/6218719858819778755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/iluminaciones.html' title='ILUMINACIONES'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWZQynWyEPI/AAAAAAAAAD4/VVkLvF_yxIs/s72-c/hyde+park.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-1881255143866916696</id><published>2009-01-07T22:48:00.004-02:00</published><updated>2009-01-08T00:29:44.573-02:00</updated><title type='text'>I HAD A DATE WITH A PRETTY VALENTINA</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWVOkUBkUtI/AAAAAAAAADw/78w0LyPCo_w/s1600-h/0001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 307px; height: 307px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWVOkUBkUtI/AAAAAAAAADw/78w0LyPCo_w/s320/0001.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288719723174056658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hace poco y tras más de una década de estar suspendido el trámite sucesorio, se vendió la casa de mi abuela Aída. En esa casa nací, viví unos años pre y post pie-bot (los fatídicos primeros), luego pasó a ser tan sólo lugar de visitas familiares durante ocho años hasta que, finalmente, mis padres se volvieron a mudar a un departamento contiguo a “lo de mi abuela”. El de Aída era el departamento del fondo de una de esas casas chorizo, el número cinco. Si bien mis viejos hicieron su nueva casa (y por ende la mía) al departamento 4, yo hice mi habitación a la piecita del fondo de la casa de mi abuela: un cuarto lleno de humedad que estaba más allá del patio. Ahí, aprovechando la cama de una plaza y media otrora de mi bis-abuela Luisa (la abuelita Luisa), instalé mi centro musical con doble casetera (todo una excentricidad en aquellos años) de alguna marca japonesa de segunda línea (pero japonesa al fin), guardé mis discos y casetes en estantes del placard, y pasé mis horas jóvenes esperando todo lo que se puede esperar cuando no se sabe bien (ni mal) qué es lo que se quiere. &lt;br /&gt;Todo era discos y cintas, conseguir la música de nombres nuevos (novedades sólo según el siempre pobre propio conocimiento) y chequearlos como para tildar un casillero más dentro de la absurda lista que pergeñaba, esa que algún día abarcase todo lo que existe de modo de poder morir en paz, eventualmente.&lt;br /&gt;Debajo de la mesita que sostenía al centro musical siempre había alguna revista y la última carta que había llegado de Inglaterra escrita por aquél corresponsal anónimo con el que cambiaba discos hechos acá por discos de verdad (los made in allá, Wonderland), carta llena de absurdos balbuceos en un idioma que siempre me será ajeno (sí: el español no es la única lengua que nunca aprendí a usar con propiedad).&lt;br /&gt;Las puertas centrales del placard permanecían abiertas porque ahí dentro yacían los discos, las revistas ya leídas, y flyers que venían con alguna de esas cartas que mencioné más arriba pegados sobre las paredes internas del ropero haciendo de pequeñas puertas por donde la cabeza solía escurrirse e iniciar un alucinante viaje hacia donde no somos, hacia el origen de todos esos discos, esos casetes y esos videos, esos objeto mágicos a los que en el fondo no les reconocía origen ni procedencia precisos (es decir conocidos o comprobados: a esa altura los viajes sólo habían ocurrido en mi imaginación), ni historia previa a la mía propia. Venían a ser como mis padres pero mucho mejores (peores): a los discos sí que los quería escuchar, y todo el tiempo.&lt;br /&gt;Resulta entonces que hace pocas semanas se vendió esa casa, la de Aída… Pero antes intenté conservarla: pensé en la posibilidad de vender mi propia casa (“a house is not a home” así como “a house is not a motel”) para así poder retener la de mi abuela y, con unos ahorros, ponerla en condiciones para allí vivir lo que resta (siempre resta lo que queda). Desistí del asunto porque me agobiaba la idea de una venta y una compra (todo un pequeño infierno de trámites, legalidades y dolores de cabeza), además de una obra de refacción de grandes proporciones y, como frutilla del postre, una mudanza larga y dolorosa. Demasiado mucho para demasiado poco. &lt;br /&gt;Luego y en muchas oportunidades, en el tiempo entre ocurrida la venta y el presente, pensé a todo el asunto como una lamentable pérdida. Pero esta tarde opino lo contrario: que no constituye una pérdida en absoluto. ¿Para qué quería volver a habitar esa casa? ¿Para entrar a esa misma piecita del fondo y desconocerla hoy más que nunca? ¿Para buscarme en el lugar equivocado donde precisamente yo nunca estuve? Hay un abismo de eternidades entre estos dedos artríticos que golpean las teclitas y el sólo recuerdo que hoy persiste de aquél habitante de la húmeda habitación del fondo de lo de Aída. Un abismo respecto del recuerdo y ninguna conexión ni similitud ni cosa en común con aquél ser en sí mismo. Se me hace imposible la idea de que yo haya habitado el cuerpo de estos recuerdos. Ni que este cuerpo que teclea ahora sea el mismo que aquél, aunque infinitamente envejecido y tan avanzado ya en el camino hacia la pudrición total. &lt;br /&gt;Así, en mi apenas casa de West Florida, está mejor. A salvo de toda la humedad de esa piecita y, a su vez, dejando a salvo los recuerdos que persisten, aunque cada vez más imprecisos, distorsionados y caprichosos (léase mejorados y por ende más verídicos), en esta cabeza mohosa.&lt;br /&gt;El moho de esta caverna dibuja tapas de discos: en continuo movimiento y danza macabra va cambiando la portada de turno, cual info-trans de un idiota incurable. Pero la que más garabatea cuando se piensa en aquella piecita es la de un disco editado en 1988. &lt;br /&gt;En aquellos tiempos grababa casetes y videos de las cosas que iba recibiendo de afuera. De esta forma me hacía de dinero suficiente como para seguir comprando discos (siempre afuera vía mail-order) y pagar los costos de cartearse con extranjeros quienes me enviaban también, vaya obsesión, más discos y videos. Recuerdo que ponía avisos en Segundamano y en algunas revistas como CantaRock y alguna otra cuyo recuerdo prefiero evitar (suficiente bochorno con mencionar a esa que nombré): “Grabo discos The Cure, Siouxsie, Echo and the Bunnymen, The Stranglers, etc…” Así aparecían los compradores. Y compradoras. Ellas eran abrumadora minoría, claro. El rock siempre tuvo olor el a huevo como una de sus tantas peores cosas.&lt;br /&gt;El asunto es que hoy recuerdo una vez más, y especialmente, a una chica; y con ella a un disco. La niña había aparecido para comprar alguna grabación, y luego reiteró presencias para canjear algo, o simplemente con el objeto de hacer sociales. Algunas cosas sueltas con las que bien se podría armar una historia, una de las que no sucedieron porque, como sabemos, todo lo que en verdad sucede es simple y justamente aquello único que se dejó de imaginar (tanto antes como incluso después del suceso): su nombre, Valentina; su piel blanca y el pelo muy negro, largo y lacio, su solo arito plateado en la oreja derecha; su ropa negra; su delgado cuerpo, de una delgadez de 16 años; sus dientes lechosos; sus ojos que todo lo imaginaban a falta de haber visto; el cubrecama de líneas y puntos que formaban figuras geométricas con el cuadrado como forma dominante; la ventana de cara al patio con la persiana americana entreabierta; la psoriasis insistente debajo de la manga larga y, mal de males, del slip; la calle San Pedrito donde ella vivía (la continuación de José M. Moreno, casi frente al cementerio de Flores, en unos mono-blocks); el colectivo 63 que se tomaba y las instrucciones una vez dadas para que, luego del descenso, encontrase mi casa (o la de mi abuela Aída, en la calle Morlote); el recuerdo de hacerle escuchar un disco mientras estábamos sentados al pie de la cama de plaza y media… El disco en cuestión había salido apenas dos meses antes en Inglaterra y yo ya lo tenía grabado en un casete que recién me había llegado con una carta desde ese bendito país (que se fundó allá en mi infancia a fuerza de tenaz y terca imaginación). Por esos días no paraba de escuchar ese álbum en mi walkman, a todo volumen, con las luces apagadas y tendido en la cama. Fascinado por los abruptos cortes de la sección rítmica (y los cambios de tempo como por deslizamientos repentinos pero lo suficientemente lentos, sin punto de quiebre en sí mismo), y por el truco sonoro de hacer que nos parezca que la cinta está patinando (o que una correa de la bandeja está estirada y el giro del plato no es regular), llegaba a pensar que la canción estaba empantanada en mi cabeza: guitarras chirriantes, mis botas pony y cocodrilos, absurda idea que tenía efectos narcotizantes en mí, siempre tan lejos de los químicos no prescriptos por los inescrupulosos médicos. Y eso era casi todo. Dos cuerpos todavía nuevos, dos mentes todavía sin demasiado pasado que creían haber descubierto en la música un bálsamo para insospechados aunque eventuales tormentos aún lejos de venir, aún tan lejos de vivirse. Uno, fascinado por descubrir que se le puede contar a alguien que nos gusta acerca de todo ese mundo absurdo que escondíamos y atesorábamos en la piecita húmeda; una, que dejaba que el brillo de dos ojos negros hiciera un simultáneo de luces con el de los dientes lechosos que los labios finos, en un ensayo de sonrisa, le permitían a uno el privilegio de ver. &lt;br /&gt;Supe siempre, aunque recién hoy me descubra escribiéndolo, que el origen de mi preferencia por las mujeres de pelo y ojos negros, morochas de tez blanca (y si vienen con un solo pequeño aro de plata, tantísimo mejor) tiene origen en aquella vez que Valentina se había sentado al pie de la cama para escuchar aquél disco… (sí, se llamaba Valentina, no estoy inventando esto para que algo en el relato cierre, lo juro). &lt;br /&gt;"Isn´t Anything" de My Bloody Valentine está ahora en su versión CD en una de las estanterías donde reposan mis discos en sepulcral silencio, acá en mi casa de West Florida. El fantasma de aquél disco está ahí, aunque nunca haya vuelto ni jamás vuelva a escucharlo (para éste que soy hoy carece de valor e interés alguno). A la calle San Pedrito al fondo, donde los mono-blocks, nunca más se me ocurrió ir. Seguramente hice bien, tanto como acerté al no haber retenido la casa de la abuela Aída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/I8h7Ems_7MM&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/I8h7Ems_7MM&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-1881255143866916696?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/1881255143866916696/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=1881255143866916696&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/1881255143866916696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/1881255143866916696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/i-had-date-with-pretty-valentina.html' title='I HAD A DATE WITH A PRETTY VALENTINA'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWVOkUBkUtI/AAAAAAAAADw/78w0LyPCo_w/s72-c/0001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-3996803696948911328</id><published>2009-01-05T18:29:00.007-02:00</published><updated>2009-01-06T00:22:08.179-02:00</updated><title type='text'>¡HOLA GALLEGO!</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWJxyusSYII/AAAAAAAAADE/g-x7Pwjj1xU/s1600-h/002.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWJxyusSYII/AAAAAAAAADE/g-x7Pwjj1xU/s320/002.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287914028827566210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El gallego José Luis vivía con su madre en un primer piso de Salguero y Humahuaca. Un ph que estaba justo en la esquina: su pieza (la del Gallego) daba a la ochava (palabra que me recuerda a mi abuela Aída y a mi viejo). Ochava. Ochava. Ochava. Ochava. Ochava. Ochava. No, no vuelve, no viene, no en cuerpo. Ochava. Ochava. &lt;br /&gt;No recuerdo bien dónde ni cómo lo conocí a José Luis. Sin dudas que fue en el ejercicio de conseguir un nuevo disco o la copia de algún video. Pero no puedo precisar cuándo dónde ni por qué. En su guarida, este amigo de mi mundo discográfico tenía una de esas camas con un gran cajón debajo: al abrirlo todo eran cassettes en vivo. Recitales. Piratas. Como sea que los llamáramos por esos días. El Gallego era el máximo cultor y archivista de los piratas de Spinetta. El pingüino era lo mismo pero para con los de Charly García, pero es parte de otra historia y habitante de otra calle y barrio perdidos en el tiempo: Caracas y Flores. &lt;br /&gt;Esta gente estaba bien equipada: unos grabadores tipo periodista (de los viejos, no de los de micro-cassettes) con unos micrófonos estéreo incorporados que inspiraban respeto. Sony, recuerdo la marca. El de José Luis jamás lo vi, el del pingüino sí. Esta raza de coleccionistas (que la industria llama con el eufemismo de “piratas” o “bootleggers”, industria cuyos cargos directivos siempre están ocupados por imbéciles que atornillan su maloliente culo a los sillones de sus despachos fingiendo una pasión, conocimiento e idoneidad que siempre les serán ajenos) me inspiran el mayor de los afectos y admiración: creo que nunca se les dará el reconocimiento que merecen. Ni siquiera los artistas, tan frecuentemente de mentes torpes y estúpidas, les tributan lo que debieran: ellos son sus mayores difusores. Y más que muy frecuentemente también son los mayores consumidores. &lt;br /&gt;Digresión superada, vuelvo al hilo e intento llegar adonde quería: a la casa del gallego iba todas las semanas, a charlar, a pasar el tiempo, a pispear discos que yo no tenía, a mirar videos, y a intercambiar material. Yo recibía lo mío de afuera e intercambiábamos con él (y varios más) copias (sea de discos o de videos) de lo que uno no tenía del otro y viceversa.&lt;br /&gt;Regresando a la pieza de J.L., con ventana a la esquina, de trazo irregular y espacio amplio, recuerdo el placard que para mí era un sitio sagrado: jamás lo tocaba y siempre esperaba a que el Gallego fuese a buscar algo o a mostrarme alguna joya nueva. Abría una de sus puertas y allí retozaban los vinilos, amorosamente ordenados. Una preciosa edición inglesa de Still de Joy Division, hermoso gatefold de un cartón áspero e impoluto, un extravagante Fresh Fruit For Rotting Vegetables de los Dead Kennedys en lechoso vinilo blanco… Todo era misterioso, magnético y mágico tras aquellas puertas: el sano morbo y la angurria (sí, permítaseme este sustantivo que tan bien suena: angurria) de mi mente abría sus pequeñas puertas al unísono de la apertura de las del ropero y el rito se continuaba. Esas imágenes no se iban así nomás sino que caminaban con uno hasta la parada del colectivo, y se subían y se sentaban al lado: todo estaba por descubrirse y el ejercicio era maravilloso: porque había muchos espacios en blanco que uno mismo debía rellenar, benditos sean los días sin internet, sin torrent, sin emule, sin soulseek y sin todas estas mierdas que corrompen cualquier posibilidad de pasíon en estado de pureza y, por ende, coartan la existencia de cualquier cabeza creativa (creativa en serio.)&lt;br /&gt;En otra parte del placard, en puertas más a mano y de más abajo, estaban los VHS. El Gallego copiaba videos (su tentadora lista estaba disponible bajo los mostradores de las disquerías de Buenos Aires de los mid-eighties) y así la rueda de la locura musical giraba y giraba y giraba. Como debe ser. Y gracias a estas almas justas (gracias Joman) como la del Gallego. Y como la mía, qué tanto joder y la reputísima madre que los recontraparió a todos. La mía. Ochava Ochava Ochava Ochava. La mía.&lt;br /&gt;Más grande que el día en que vi por primera vez una imagen de Marc Almond en movimiento no encuentro. Tampoco busco mucho, claro: soy muy vago y desidioso. Y aquí vamos llegando: fue en lo del Gallego, claro. Fue una de las primeras veces que pisaba su casa, cuando todavía no había mucha confianza y yo, que soy un confianzudo a largísimo plazo (confianzudo hipotecario) aún no me animaba a pedirle ni a preguntarle nada respecto a lo que tenía o dejaba de tener. Una de esas veces, entonces, entro y paso hacia la cocina. Recuerdo que de la puerta de entrada pasabas a un recibidor/distribuidor. Hacia la izquierda estaba la pieza de José Luis. Hacia la derecha entrabas a la cocina: Allí había una tele apagada en una mesita y, debajo, en uno de los estantes, dos videocassetteras con los numeritos de los cuentavueltas girando y girando: &lt;em&gt;“¡piratería, piratería, terminemos con el flagelo!” Forros hijos de remilputas, hoy y siempre, saquen el culo de sus sillas y vengan a chuparme un poco la pija peronistas de decimosexta&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Vuelta: mientras el gallego, entonces, va a por un refrigerio para mí (se me antoja en este momento que él estábase zampando un café con leche y que me ofreció uno a mí), me dice: “Estoy grabando el video de Soft Cell, ¿lo viste?” En ese preciso instante se me escapó un pedo que palometeó sutilmente mi eyelit: “¿En serio, lo tenés ahí?”. Yo miraba los numeritos corriendo en el display de las viejas videos: el cuenta vueltas de mi cabeza se había pasado de rosca y me salía humo blanco de las orejas: ¡¡¡habemvs papa, habemvs papa!!! “¿No lo viste nunca?” J.L. said sabiendo de lo dementemente fanático que era yo de Soft Cell y de Torment and Toreros y de Untitled (este fanatismo era lo primero que le decía a cualquier persona que conocía en esta misión de intercambiar discos y acrecentar la discoteca personal). “No, claro que no” (en ese entonces uno sólo tenía acceso a las fotos de los discos -cuando se los tenía- o, en mi caso, a algún recorte que me enviaba uno de los corresponsales británicos, o penfriends/penpals, como se decía antes -gracias Mavi-). “¡Uuhhh…! ¡No sabés lo gay que es! ¡Nunca vi nada igual! ¡Es buenísimo!” Mientras decía esto último encendió la tele que empezó a emitir imágenes de unas minas, unos tipos y unos enanos corriendo por un set de televisión, entre esa gentuza ellos: Almond y Ball. Sonaba Sex Dwarf. Enloquecí inmediatamente. Me hice un fondo blanco de lechona y terminé de ver lo que quedaba de la colección de video-clips (corta colección de videos: Non Stop Exotic Video Show) mientras hablábamos con el Gallego de Tim Pope y de la riqueza de la materia prima que tenía entre manos para hacer sus videos: Marc Almond y un delgado Robert Smith (además de Mark Hollis). Y qué canciones. Y qué contexto histórico. Y qué mundo enorme y lleno de misterios por resolver caprichosamente por cada individuo. En fin… No, no me fui esa tarde con la copia del video: no era como ahora que cualquiera tiene cdr’s o dvd’s vírgenes a mano en la casa: había que ir a comprar un vhs (a la zona de Montevideo o Paraná entre Corrientes y Cangallo -hoy Perón Puto-). Volví al otro día, munido de un TDK y lleno de entusiamso. La noche correspondiente a la tarde del primer encuentro con Marc en movimiento, repasé los tres discos de Soft Cell, los disfruté una vez más y como siempre: más profundo que Fondo de Bikini, un océano insondable al que nos sumergíamos con una escafandra hecha con lo que teníamos a mano: la imaginación, la que todo lo puede, la que todo lo completa. Seedy Films, Entertain Me, Secret Life, Bedsitter, Where The Heart Is, Forever The Same, The Art of Falling Apart, Slave to This (ciertamente), L’esqualita, Her Imagination, Disease and Desire (¡Qué bien se titulaba! ¡Ahora no saben ni ponerle nombre a los grupos!), Soul Inside, Born to Loose (o simplemente Born). ¿Frustration? No: imaginación. &lt;em&gt;“¡Todo disponible para bajarse! ¡Está todo, loco!”: &lt;/em&gt;Best Way to Kill (yes, it’s the best way to kill everything). Say Hello, Wave Goodbye.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/hivIa2QsazI&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/hivIa2QsazI&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-3996803696948911328?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/3996803696948911328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=3996803696948911328&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3996803696948911328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3996803696948911328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/hola-gallego.html' title='¡HOLA GALLEGO!'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWJxyusSYII/AAAAAAAAADE/g-x7Pwjj1xU/s72-c/002.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-5534632088715818072</id><published>2009-01-03T09:53:00.005-02:00</published><updated>2009-01-11T00:02:10.016-02:00</updated><title type='text'>¡HÍJUE TIGRE!</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWlTEGVNS3I/AAAAAAAAAEQ/RqlgqqH9vWg/s1600-h/img.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 279px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWlTEGVNS3I/AAAAAAAAAEQ/RqlgqqH9vWg/s320/img.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5289850567207504754" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Totím-sim-dérep!” &lt;br /&gt;“Totím-sim-dérep!” &lt;br /&gt;“Totím-sim-dérep!” &lt;br /&gt;“Totím-sim-dérep!”&lt;br /&gt;Mi tío Toto era militar, pero yo lo quería mucho. Claro, que después pasó el tiempo y la inocencia de niño se me fue y por las calles escuché la verdad. A partir de entonces la luz se hizo en mí y a mi tío Toto lo quise mucho. También. Soy un bicho de costumbre, debe ser por eso, de lo contrario no habría explicación para quererlo. Más. Corría el año setenta y nada (gran década para el rock and roll), digamos 70, 71 más o menos, qué importa uno más o uno menos, qué le hace una mancha más al tigre de la desmemoria. Yo tocaba mi ransercito, regalo de primera operación: para enderezar los pie-bot con los que diosito me escupió al mundo, el Dr. Blanco me intervino cual provincia desbordada y me condenó al estado de sitio de unas botitas marrones de Ortopedias Ioa unidas por unos fierros de apertura regulable en el estilo Mecano. Entonces, para que el freakcito se entretuviera, me compraron una valijita marca Ranser que no era más que un tocadiscos: para poner los simples simplemente levantaba la tapa, para los LP´s la desmontaba ya que el diámetro del vinilo rebalsaba el perímetro del valijín. Así andaba yo, sentado en la cama alla Marylin Monzón tocando mis disquitos, todo un proto deejay. De paso también me habían regalado una guitarra española que yo empuñaba con manitas de manteca haciendo como que tocaba (a mí siempre me gustó hacer como que hago, pero no más) mientras cantaba sobre el disco. “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!” Así me gritaba mi Tío Toto y yo me descuajeringaba los fierros de tanta risa. Y eso que el tío (tío abuelo) era militar... “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!” Siempre tuve debilidad por esas frases sin sentido, que no responden más que al lenguaje de la distorsión de otro aceptado por repetición circular continua e inconducente. “Totím-sim-dérep!” Lo divertido está en olvidar el origen. Y repetir: “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!”&lt;br /&gt;El tío Toto y su memoria en mí están ligados a las salidas de casa. Él me cargaba a upa y me ponía en el asiento trasero de su Peugeot 504 junto a mi hermano Marcelo y a mi prima Gaby y nos íbamos de paseo. El predilecto era ir a cenar a una fonda que se llamaba “Qui si mangia bene”. Para mí era como ir a la luna. Mientras esperaba alguna de esas salidas yo le daba al ransercito: “Si se duerme Don Martín, No habrá ninguno que duerma…!” Meta y meta y meta. “De punta y hacha”. Es que mi disco favorito era “El Tigre”, de Roberto Rimoldi Fraga. Me volvía loco en mis sing-alongs de temas como “La Brigadiera”, “Se acerca la montonera” (vaya título el de esta cueca), “El Teniente Lavalleja” y “La poncho colorado”. Pero el climax del show llegaba con “Argentino hasta la muerte”, una canción de cierre insuperable. Entre sábanas nuevas practicaba mi primera espera cantando canciones épicas de tierra adentro. Y el contacto con el mundo fuera de mi casa, fuera de mi cama, estaba ligado al Tío Toto: “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!”&lt;br /&gt;Vivíamos en dos o tres departamentos contiguos de propiedad horizontal, mis viejos, mi hermano y yo, después andaban mi abuela y mi tía Delia, su hijo Luis (o el Luisi). Y el Tío Toto, quien un buen día de esos buenos días entra y me dice que vamos a pasear. Esta vez al supermercado. Supongo que en esa época era Gigante, ya que no existían Cotos ni Carrefours. “Totím-sim-dérep!” El tío me cargaba, como ya dije, en el 504, luego en un changuito y me iba de paseo entre góndolas. El premio mayor, esa vez, era el poder elegir un disco que el Tío Toto me iba a comprar… Genial, sin saberlo ahí nacía la historia del “primer disco que te compraste”… Yo, con lucidez infante, pedí con ímpetu frenético: “quiero el del Tigre, quiero el del Tigre!” Pero claro, cómo no lo iba a demandar a grito pelado! Lo pinchaba en el ransercito todo el día, me destripaba cantándole a “La Juana Moro”, por lo tanto el disco nuevo que quería era el que más me gustaba: el que ya tenía. No lo digo como un chiste estúpido ni nada que se le parezca: me parece lo más lógico y atendible del mundo. The Fall antes de The Fall. Yo quiero el mismo disco porque me gusta. Mi disco nuevo es el disco viejo, si me río siempre de lo mismo por qué voy a cambiar de dentadura. Estoy siendo demasiado estúpido, perdón. “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!” “Totím-sim-dérep!” Subordinación y valor! “Totím-sim-dérep!” Entonces comenzó la lucha de mi tío por convencerme de que ese disco ya lo tenía y que podía elegir otro. Ahí estaba la gracia según el tío: en tener otro! Pero no me entendían: yo quería el disco de Rimoldi, “El Tigre”. Otro. Oyente de carácter monogámico y de placer unívoco, yo quería lo que sabía querer. Como suele ocurrir en estos casos, los adultos piensan en planes inteligentes para salirse con la suya y que el niño berrinchoso no los haga cometer una tontería, como comprar lo que ya tienen. Me entregaban en mano para que yo pasee en mi changuito discos de Palito Ortega. Y yo lloraba y gritaba: “El tigreeee!”. Así durante veinte minutos. Hasta que, en un determinado momento, me dan el disco de don Roberto Rimoldi Fraga. RRF. Entre suspiros pucherísticos de desahogo y con un alivio merecido, nos encaminamos a la caja: el Tío Toto, yo, el changuito y El Tigre.&lt;br /&gt;La empleada de Gigante, a pedido de mi Tío, había puesto un disco de Palito Ortega dentro de la tapa del de Rimoldi. Eso lo descubriría luego, en mi casa, aunque tampoco admitieron el truco: todo quedó en la confusión y me hicieron creer que el disco nuevo de Rimoldi era el viejo, y que el de Palito Ortega se había traspapelado. Dos tapas de Rimoldi y un disco. Yo, mientras tanto, seguí cantando encima de “Los Decididos”, girando para siempre y sobre lo mismo en mi ransercito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/vy_1IlF__ig&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/vy_1IlF__ig&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-5534632088715818072?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/5534632088715818072/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=5534632088715818072&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/5534632088715818072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/5534632088715818072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2009/01/el-to-toto-malcolm-mclaren.html' title='¡HÍJUE TIGRE!'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SWlTEGVNS3I/AAAAAAAAAEQ/RqlgqqH9vWg/s72-c/img.gif' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-7784088345797953454</id><published>2008-12-31T14:46:00.005-02:00</published><updated>2008-12-31T15:25:20.807-02:00</updated><title type='text'>FELIZ 2009</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVunvbfu0aI/AAAAAAAAAC0/smK-yUDM8f0/s1600-h/003.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVunvbfu0aI/AAAAAAAAAC0/smK-yUDM8f0/s320/003.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5286003020925948322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Es tarde desde hace rato. Es inútil otra guinness en esta siesta, tan tarde de calor porteño. Y es por eso que la destapo: por la inutilidad de la acción, jamás por la temperatura ambiente. Hoy vine como vivo: al pedo. El sentido ya no lo busco pero sigo andando, pasos de teutónico titanio. La disquería, mientras tanto, no me llena de proyectos: yo la agobio con mis ideas boludas, famélicos alumbramientos voraces que necesitan de una dinámica inexistente: ahora, ahora que me aburro. El 2009 se asoma pero no es un año nuevo: los embustes son siempre parecidos los unos a los otros, idénticas trampas que nos gusta comprar en la liquidación de andar vivo. Pero ya va a pasar: "ya pasó, Germán, ya pasó..." Eso es lo que mi madre debiera decir en un continuo inquebrantable. No, nunca debió decir otra cosa, no al "¿llevás pañuelo y documento?" ni al "estaba preocupada porque no me llamaste desde el domingo": "ya pasó Germán: ya pasó". That's it. &lt;br /&gt;Harto ya de discos y de libros, harto de mí mismo, los invito una vez más a que me hagan parte de su ritual: pasen de vez en cuando, vengan que es inútil: cervezas, discos, cuadrangulares de ping pong, discos y presentaciones en vivo, cenas, cónclaves confusos, otros discos y una sola cosa: un lugar, espacio o persona que no está orgulloso de ser lo que le tocó, que no se toma en serio a sí mismo ni un minuto ya que le resulta insostenible: sólo pulsión. Y pasos de teutónico titanio, pasos de teutónico titanio hasta que se desvencije el ánima.&lt;br /&gt;Mis mejores deseos para todos los que quiero, que no son tan pocos. Un gran abrazo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-7784088345797953454?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/7784088345797953454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=7784088345797953454&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/7784088345797953454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/7784088345797953454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/feliz-2009.html' title='FELIZ 2009'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVunvbfu0aI/AAAAAAAAAC0/smK-yUDM8f0/s72-c/003.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-4299675774640351402</id><published>2008-12-29T16:27:00.006-02:00</published><updated>2008-12-31T18:24:14.536-02:00</updated><title type='text'>RIGHT TIME, WRONG PLACE (BRIGHT MIND)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVkYHSZkgCI/AAAAAAAAACs/JdAv3TLe7mg/s1600-h/0002.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 273px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVkYHSZkgCI/AAAAAAAAACs/JdAv3TLe7mg/s320/0002.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5285282151173226530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A veces da gusto. Sí, a veces te sorprende un alegrón en la disquería. No es tan frecuente, pero sí siempre gratificante por más salteado que sea. En un par de oportunidades había venido una mujer de unos 55 años a comprar regalos para su hijo. Una señora bien, con cierta apreciable dosis de educación tal vez común para esta zona de la ciudad pero infrecuente para la media del país con que nos bendijera nuestro nacimiento. Ella (that woman) me vendía a su hijo mientras intentaba comprarle un disco, hablaba de su vástago como cualquier madre, con orgullo baboso. Para orientarme en mi recomendación me informaba sobre los gustos refinados que el pibe tenía en cuanto a literatura y música (citando a The Beatles como su grupo favorito). Le recomendé Marquee Moon de Television, White Chalk de PJ Harvey (yo lo estaba escuchando cuando ella entró al local) y el primero de Rufus Wainwright. Para su oído Marquee Moon era demasiado, un acertijo de improbable solución. El de Rufus era muy caro y el de Polly Jean demasiado triste. En la condición presupuestaria que me ataba a un disco de edición nacional las opciones se me hacían pocas, poquísimas. Muy a mi pesar le puse el disco de MGMT (desesperado yo por anotarme un poroto en estas épocas propias del Mojave), aclarándole que no estaba a la altura de mis recomendaciones ni muchísimo menos. De arranque el color sonoro y la frasecita inicial del sintetizador encontraron fácilmente la solución al laberinto de su oreja e inmediatamente me dijo que llevaba ese aclarándole yo luego que podía cambiarlo o devolverlo si a su hijo no le gustaba.&lt;br /&gt;Pasó la navidad y, el otro día, apareció el hijo. Ella me había alertado sobre su particular sensibilidad para la música pero no me había dicho de su edad: agraviante. Sobre todo para una persona de mi antigüedad. No tendría más de 16 años el muchacho en cuestión. Entró y dijo, muy modestamente, que quería cambiar el disco que le habían regalado. Confirmé rápidamente lo que había supuesto de inmediato, que se trataba del hijo de la madre. La trampa sonora desde la pulida producción de Oracular Spectacular de MGMT había podido engañar a un oído inexperto en las lides del rock, el de la madre, pero no a uno adolescente y naturalmente bien orientado e intuitivo, el del hijo. El vástago, con la edad para formar un grupo de rock, en el tiempo de su cronología donde ciertos discos te cambian la vida produciendo la bienamada e irreemplazable Revolution in the Head, vino y devolvió el biodegradable de MGMT. Ajeno a las absurdas validaciones que dictan desde la prensa escrita de allí o aquí o a las garantías que se emiten a través de las ondas sonoras de radios de más allá y de más acá, y guiándose por su gutural sentido de la belleza y el gusto propios, rechazó de plano el engaño. Pero la alegría mayor fue cuando empezó a preguntar si tenía discos de ciertos artistas: Cream, Deep Purple, Zappa, Zeppelin. Genio, envidia absoluta por el pendejo que, a pesar de ser cascoteado desde los cuatro costados con pre-conceptos y con agendas culturales pre-digeridas (alimento que forjó a más de uno de nuestros “conocedores” más famosos, nestún que les llegó inútilmente y a destiempo cuando ya el cabello se les ponía mustio y las várices comenzaban a arreciar), maneja el alfabeto apropiado a una edad donde la mayoría, en este país e históricamente, estaba tan lejos del rock como mi vieja.&lt;br /&gt;Estaba a punto de llevar un Hendrix (que ya conocía) y yo le dije, tras su mención de Zappa: Captain Beefheart. Se lo hice oír (a Safe as Milk) y, al segundo acorde del estrepitoso y áspero blues de Don Van Vliet, dijo: “este, quiero este”. Le expresé la alegría que me daba el que hubiera venido a cambiar MGMT (y para colmo por Captain Beefheart!!!), y lo felicité. En realidad lo envidié en silencio. &lt;br /&gt;Hoy vino una chica de no más de 16 o 17 con su madre, y pidió el nuevo dvd de The Who: Kilburn 1977. Recuerdo otra chica aún más joven que con su madre al lado llevó la edición limitada de Dig Out Your Soul. En esas ocasiones soy testigo silencioso (y oneroso) del ritual de la primera compra de un disco (que, si se da en el momento adecuado, es pagado por los progenitores), justo en el tiempo cuando se producen las ya mencionadas Revolutions in the Heads. Justo eso que no les pasó a muchos y que, en el crepúsculo (o la muerte) de la propia edad para el rock, quieren meterse una sonda por el orto y mandarse una enema DE TODO. No, así no es. Así no es nada. No te podés hacer fan de The Fall a los 40. O sí, pero poco importa (hasta, y especialmente, para el que lo hace).&lt;br /&gt; Que se adjunte a la entrada de la anécdota de la fan de Raphael y se archive. Será injusticia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-4299675774640351402?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/4299675774640351402/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=4299675774640351402&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4299675774640351402'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4299675774640351402'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/right-time-wrong-place-bright-mind.html' title='RIGHT TIME, WRONG PLACE (BRIGHT MIND)'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVkYHSZkgCI/AAAAAAAAACs/JdAv3TLe7mg/s72-c/0002.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-4136136254111971032</id><published>2008-12-28T10:36:00.003-02:00</published><updated>2008-12-28T10:42:38.510-02:00</updated><title type='text'>DEBUT ALBUM, AN ADVANCE</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVdz5isl9WI/AAAAAAAAACk/9jvPAS2MoUc/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 222px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVdz5isl9WI/AAAAAAAAACk/9jvPAS2MoUc/s320/001.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284820120146146658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Primer adelanto del álbum debut a ser editado el día 29 de Agosto de 2009.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El Oasis: "No Quiero Cruzar La Calle"&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;EL OJO&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;quiero &lt;br /&gt;lo que no tengo&lt;br /&gt;tengo&lt;br /&gt;lo sempiterno &lt;br /&gt;veo&lt;br /&gt;lo que no creo&lt;br /&gt;creo&lt;br /&gt;en el silencio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la llave&lt;br /&gt;de mi ser quiero perder&lt;br /&gt;el mundo &lt;br /&gt;tal cual es yo quiero ver&lt;br /&gt;espejo&lt;br /&gt;sin ninguna reflexión&lt;br /&gt;soy ojo &lt;br /&gt;pariendo exasperación&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el terror&lt;br /&gt;expande mi cuerpo&lt;br /&gt;vértigo&lt;br /&gt;y embotamiento&lt;br /&gt;supresión&lt;br /&gt;del pensamiento&lt;br /&gt;pienso &lt;br /&gt;un nuevo silencio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la llave&lt;br /&gt;de mi ser quiero perder&lt;br /&gt;el mundo &lt;br /&gt;tal cual es yo quiero ver&lt;br /&gt;espejo&lt;br /&gt;sin ninguna reflexión&lt;br /&gt;soy ojo&lt;br /&gt;pariendo exasperación&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la llave&lt;br /&gt;de mi ser quiero perder&lt;br /&gt;el mundo &lt;br /&gt;tal cual es yo quiero ver&lt;br /&gt;espejo&lt;br /&gt;sin ninguna reflexión&lt;br /&gt;soy ojo&lt;br /&gt;pariendo exasperación&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;soy sólo un ojo&lt;br /&gt;soy sólo un ojo&lt;br /&gt;soy sólo un ojo&lt;br /&gt;soy sólo un ojo&lt;br /&gt;soy sólo un ojo...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-4136136254111971032?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/4136136254111971032/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=4136136254111971032&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4136136254111971032'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4136136254111971032'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/debut-album-advance.html' title='DEBUT ALBUM, AN ADVANCE'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVdz5isl9WI/AAAAAAAAACk/9jvPAS2MoUc/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-1861577477280473419</id><published>2008-12-24T12:18:00.010-02:00</published><updated>2008-12-29T00:23:27.280-02:00</updated><title type='text'>¡FELIZ NAVIDAD!</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVJMh3xWmKI/AAAAAAAAACc/dhNmZTajkC8/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVJMh3xWmKI/AAAAAAAAACc/dhNmZTajkC8/s320/001.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283369457649359010" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ya he transcripto dos párrafos de la autobiografía de Raphael, "¿Y Mañana Qué?", en este blog. Y como no hay dos sin tres y el movimiento se demuestra andando...&lt;br /&gt;Sinceramente estoy disfrutando sobremanera esta lectura, que voy acompañando con la compra de cada vinilo del Niño de Linares que se me cruza por el camino (si tienen alguno chiflen, por favor). Sobre la marcha se me ocurre: durante 2009 estará girando Raphael por el mundo celebrando sus 50 años sobre el escenario y dará algún que otro concierto en nuestro país en algún momento. Lo que se me ocurre es, con motivo de la visita del Artista, armar la primera "salida El Oasis" llevando a cabo el primer tour colectivo: vamos, con todos los que se prendan, a ver a Raphael. A la salida nos metemos en Guerrín a matarnos comiendo pizzas y bebiendo. Dicho esto, paso a la transcripción de un testimonio delicioso que habla tanto y tan bien de una época y de un lugar que dan ganas de ir y abrazar a la narradora. Raphael, de quien tanto suele la gente cool reírse o desestimar de plano, desnuda en su libro como nadie el concepto de fan. Hoy que todo el mundo se hace fan de cualquier cosa nominalmente y por el facebook (o, como diría Ernesto: "se hicieron fans en el colectivo, mientras venían"), esto es una lección de historia y sociología. ¡Bendito seas Niñate!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Como el tema de los &lt;em&gt;fans&lt;/em&gt; me produce mucha curiosidad, he buscado el testimonio de algunos de los más veteranos, y me he quedado con uno, lleno de emoción y contado con mucho desparpajo. No voy a dar su nombre por respeto y porque pretendo hacer extensivo su relato a todos mis &lt;em&gt;fans&lt;/em&gt;. La entrevista tuvo lugar en Palma de Mallorca, este pasado año, durante mis conciertos allí. Grabé sus palabras para no tergiversar las cosas con apreciaciones de mi cosecha. Fueron éstas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; '  Yo tenía una vecina que era de Linares y que conocía a un chico que había empezado a cantar en público y ya había grabado un disco. Mi vecina se llamaba Juanita. Yo tenía ocho años -¡figúrate!- y para mi Primera Comunión la señora Juanita me dedicó un disco, de aquellos que se dedicaban por la radio, me dedicó una canción tuya: &lt;em&gt;Inmensidad&lt;/em&gt;. Fue el día 13 de mayo de 1962 y recuerdo la fecha exacta porque tu canción pero, sobre todo, tu voz, tu manera de cantar, me causaron una impresión tremenda. Yo no había sentido nada parecido hasta entonces. La señora Juanita no se cansaba de repetir lo famoso que te ibas a hacer. También contaba que, como era de Linares, conocía a tus padres y que eran de buena ley, buena gente. También me comentó que tus padres habían emigrado a Madrid. Pasaron los años y yo te escuchaba siempre que podía por la radio. Cuando ya fui un poco mayor fue cuando ocurrió todo. Yo tenía catorce años cuando me enteré, por la radio también, de que se estaba creando un Club Raphael en Barcelona y pensé que me gustaría entrar a formar parte de aquel proyecto. Pero me iba a ser imposible. Faltaban sólo dos meses para que mis padres me dieran la emancipación y yo me fuera a un sitio en Castilla la Vieja donde iba a hacer el noviciado para hacerme monja cuando alcanzara la mayoría de edad. Total, que el día 2 de febrero de 1969 yo estaba en mi casa de Barcelona y esa noche dieron un recital tuyo con muchas de tus canciones. Y escucharte cambió totalmente mi vida. Corrí a casa de la señora Juanita y le pregunté si tenía cosas sobre ti, ya sabes, recortes de prensa , revistas, todo lo que tuviera sobre ti. Como te apreciaba mucho por ser de Linares, pues tenía bastantes cosas y me vio tan entusiasmada contigo que me lo dio. ¡La pobre! Ya ha muerto, hace tiemo que ha muerto. Qué leería en mis ojos y en la expresión de mi cara que, en cuanto se topó con mi madre, le soltó de sopetón: "Felisa, tu hija de irse fuera para hacerse monja, nada de nada. Ésta ya no quiere ir por ahí, mira que te lo digo yo." Y mi madre se puso tan contenta, porque tampoco quería verme monja. Y todos tan contentos. Yo tenía apuntado el nombre y la dirección del chico que estaba formando tu club. En la carta le decía que quería entrar en el club y que me escribiera dándome los detalles de lo que había que hacer. Me acuerdo que al sobre y al papel de la carta les puse perfume para, como era un chico, llamar su atención y que me hiciera caso enseguida. No sé si por el perfume o por qué, pero me contestó casi a vuelta de correo y así entré en el Club Raphael de Barcelona. Me pusieron a hacer los boletines y yo encantada de la vida. Todavía los guardo. Guardo todos aquellos cuadernillos como oro en paño...'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca agradeceré lo bastante el cariño y la admiración de tanta gente buena a través de un tiempo tan largo. Sólo quiero añadir que por todo ello me siento un ser privilegiado. Sé lo que debo y sé lo que he dado de mí mismo."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(tomado de la autobiografía de Raphael: "¿Y mañana qué?")&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/PfeYsjD0F3k&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/PfeYsjD0F3k&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-1861577477280473419?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/1861577477280473419/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=1861577477280473419&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/1861577477280473419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/1861577477280473419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/feliz-navidad.html' title='¡FELIZ NAVIDAD!'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SVJMh3xWmKI/AAAAAAAAACc/dhNmZTajkC8/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-2702578679782477675</id><published>2008-12-18T13:47:00.004-02:00</published><updated>2008-12-18T14:02:29.925-02:00</updated><title type='text'>RAPHAEL</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUpy1k970lI/AAAAAAAAACM/XadX_guOozQ/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUpy1k970lI/AAAAAAAAACM/XadX_guOozQ/s320/001.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281159777827410514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;"Philips estaba en el paseo de las Delicias. Los estudios eran redondos, como una plaza de toros. Estaban, los puedo ver ahora, bajando, a mano izquierda.&lt;br /&gt;Aquella mañana iba a ser, para el artista que yo era desde el vientre de mi madre, la mañana de su segundo nacimiento. &lt;br /&gt;Aquel día, yendo hacia los estudios en el coche y pensando en cuál iba a ser mi nombre artístico definitivo -nos pareció que había que decidirlo antes de llegar- salió la famosa "ph". ¿Por qué? Pues porque tenía que ser de esa manera.&lt;br /&gt;Yo iba a grabar en Philips, y aquella "ph" del comienzo del nombre de aquel imperio industrial, no hacía más que llamarme desde el cartel luminoso -a esa hora del día apagado por supuesto- que coronaba el edificio del paseo de las Delicias.&lt;br /&gt;Y, de repente, se hizo la luz, nunca mejor dicho. RAPHAEL. Para empezar, la "ph" alargaba, a efectos gráficos y visuales, la ortografía de mi nombre de pila.&lt;br /&gt;Por otro lado, me permitía llamarme Raphael, a secas, sin apellidos ni nada. Cosa nada corriente entre los artistas españoles de aquella época. Intuitivamente, sabía que mi nombre de guerra debía estar encerrado en una sola palabra.&lt;br /&gt;Es de dominio público que llevo ya muchos años cruzando fronteras, cruzando océanos y cruzando idiomas, con ese nombre, Raphael. Sugerido por el letrero de la empresa donde mi iban a hacer la primera prueba discográfica: Philips.&lt;br /&gt;Hubo su parte de casualidad, como siempre ocurre en esta vida, pero también había funcionado la intuición. Acerté a aislar las dos letras iniciales del nombre de una firma comercial para construir, con ellas y con mi nombre de toda la vida, el santo y seña de mi carrera: Raphael."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(tomado de la autobiografía de Raphael: "¿Y mañana qué?")&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/HzeVGSNyf-0&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/HzeVGSNyf-0&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-2702578679782477675?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/2702578679782477675/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=2702578679782477675&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/2702578679782477675'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/2702578679782477675'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/raphael.html' title='RAPHAEL'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUpy1k970lI/AAAAAAAAACM/XadX_guOozQ/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-8187590503746409401</id><published>2008-12-17T13:31:00.006-02:00</published><updated>2008-12-17T13:48:43.608-02:00</updated><title type='text'>RAFAEL MARTOS SÁNCHEZ, FALÍN</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUkezQmAUVI/AAAAAAAAACE/hlBkgfeOO9k/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 242px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUkezQmAUVI/AAAAAAAAACE/hlBkgfeOO9k/s320/001.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280785904045150546" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;"...Pero hasta eso, equivocarme, lo hago a mi manera. Un artista nace, pero no se hace, de cara al mundo, así como así. Hay que pulirlo, y tiene que ser él mismo quien se pula. Él solo, a solas consigo mismo. Una especie de "autopulición". Palabra que, quizá, merecería pasar a algún diccionario secreto de esos que hay por ahí".&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;"Había que encontrar un sustituto, yo estaba allí y, casi en marcha, me metieron en el autocar. Total, me llevaron al pueblo dichoso y para más inri, fui el encargado de abrir el espectáculo. Lo dicho: el telonero. &lt;br /&gt;Allí me insultaron por primera vez con esa palabra, maricón, un insulto muy... español. En lugar de gritarte "vete a tu casa, desgraciao", o "eres un mierda", o lo que sea... pueso no, te llaman maricón.&lt;br /&gt;Ésa fue la primera de las tres veces que he tenido que oírla en mi vida. &lt;br /&gt;La segunda fue a la salida de Pavillón, en Madrid, un domingo por la tarde, después de un concierto. Había cientos de personas esperándome, y, al entrar en mi Lincoln, un "señor" (envalentonado al sentirse oculto entre tanta gente) lo gritó. Le oí y, por casualidad, le vi perfectamente. Intenté echarme encima, pero la policía me lo impidió.&lt;br /&gt;La tercera vez fue, años después, en el anfiteatro romano de Tarragona, en el marco de Festivales de España. Esta vez me lo gritaron cuando acababa de aparecer en el escenario. Mandé encender las luces. Y, muy despacio, con la mano izquierda metida en el bolsillo, en medio de un silencio sepulcral, recorrí toda la grada hasta llegar a la otra esquina del escenario. Volví a subir, llegué al micrófono y, ante toda esa multitud expectante, dije: "ya me parecía que había oído mal". Me brindaron una ovación espectacular". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Tomado de la autobografía de Rapahel, "¿Y mañana qué?")&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/HuX5Mw988c0&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/HuX5Mw988c0&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-8187590503746409401?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/8187590503746409401/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=8187590503746409401&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/8187590503746409401'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/8187590503746409401'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/rafael-martos-snchez-faln.html' title='RAFAEL MARTOS SÁNCHEZ, FALÍN'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUkezQmAUVI/AAAAAAAAACE/hlBkgfeOO9k/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-4970294759997497799</id><published>2008-12-16T23:06:00.005-02:00</published><updated>2008-12-23T17:17:43.702-02:00</updated><title type='text'>LO MEJOR DE MÍ</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUhmUjrtEDI/AAAAAAAAAB8/KkOBDVAZTqw/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 319px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUhmUjrtEDI/AAAAAAAAAB8/KkOBDVAZTqw/s320/001.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280583066453872690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ver: el retorno de la disquería a su bunker físico me chupó mucha energía (y a la mayoría un huevo), tanto que lo que se suponía iba a ser una lista de 50 discos de 2008 aquí queda en 10 más dos “convidados de piedra”. En la vidriera están numerados algunos más, casi hasta llegar a 30. Vengan y miren. Y compren que los discos están, no sean maricones y dejen de bajar por un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2008 ¿Arbitrario yo?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1- oasis &lt;em&gt;dig out your soul&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;porque sí, yo sé lo que les digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Kr868mWWDxo&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Kr868mWWDxo&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2- fleet foxes &lt;em&gt;fleet foxes&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;finísimo, un disco dedicado y deliciosamente delicado. the band, algo de incredible string band y the beach boys. y tanto más, pero tan bien…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/brZTvGIzeGg&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/brZTvGIzeGg&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3- the last shadow puppets &lt;em&gt;the age of understatement&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;consagración definitiva del genial alex turner. para él ya mismo el novello y todo lo que venga detrás. un consejo a los jóvenes músicos argentinos: observen cómo calza sus botas, traten de aprender eso. al tipo le resulta tan natural todo que, si lucís tus patitas así estoy seguro que el resto viene solo. inténtenlo. traten de imitarle eso, no la música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="295"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/_Nyc88EAXVQ&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/_Nyc88EAXVQ&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4- late of the pier &lt;em&gt;fantasy black channel&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;soberbios: a quemar el disco de mgmt (¿pueden dejar de referirse a ellos como "management"? desde los primeros singles se los conoce como mgmt, no me jodan más con "management". management la poronga) &lt;br /&gt;un pastiche electroanálogo de la desesperación y el desparpajo juveniles, con guitarras rockeras y guiños de cada rincón de los ochenta y por qué no noventas. una gloria que no se deja así nomás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ZsLa6O5so6U&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ZsLa6O5so6U&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5- elbow &lt;em&gt;the seldom seen kid&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;se les debe un reconocimiento (mayor). son una escollera de solidez, son infalibles e inapelables. ¿cuántas veces más tienen que demostrarlo? se han hecho cargo de lo que radiohead no pudo luego de OK computer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="295"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/B_5aypcf_Yw&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/B_5aypcf_Yw&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6- portishead &lt;em&gt;3&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;odio que se hayan tomado un siglo del primero al segundo. no me gusta que se hayan tomado otra centuria del segundo al tercero. amo el último de portishead, deliberadamente áspero, tosco, teutón. y beth gibbons me vuelve loco con su pulcro abandono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/rsoZRBZvdOc&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/rsoZRBZvdOc&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7- glasvegas &lt;em&gt;glasvegas&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;me gusta, me gusta porque tiene un solo mood, me gusta por alan mcgee, me gusta por elvis, por slowdive, por jesus and mary chain, por phil spector, me gusta la tapa y me gusta el queso, de cualquier tipo. mato por una buena tabla de quesos, por picar hasta morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/scHAGj1PXOM&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/scHAGj1PXOM&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8- bon iver &lt;em&gt;for emma, forever ago&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de tan fragil es un disco que se quiebra, se rompe en mil pedacitos, se hace polvo en un rincón de una cabaña en Wisconsin. emotivamente bello, un disco empavonado. qué pavote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/K4E9412xyJ4&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/K4E9412xyJ4&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9- baby dee &lt;em&gt;safe inside the day&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;lamento no haberle regalado mi saco de aguayo antiguo cuando quedó fascinada al vérmelo puesto mientras conversábamos en el bar del wiltons music hall luego del último show de la serie comeback de almond ("its so beautiful" decía mientras lo acariciaba en mi hombro el ex nude-bar dancer desdentado: qué momento!!!): hubiese sido un honor cambiárselo por el raído jogging polar (tan derruído que estaba disgregado en pelusas) y luego verla en alguna foto con mi tapadito latinoamericano (eso me pasa por haber ido de viaje al noroeste argentino). pero la verdad es que se me ocurrió el trueque como idea retrospectiva mientras me volvía en subte hacia Lancaster Gate. un guacho divino este Baby Dee y un disco que no necesita más que esta descripción: amigo de El Oasis, amigo para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/-EuLuhYWPfU&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/-EuLuhYWPfU&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10- so so modern &lt;em&gt;friends and fires + 000 EPs&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;esto no es un disco sino un par de EP´s compilados, pero El Oasis hace trampa y los incluye. porque son diferentes (como el Pitu Barrientos después de Rusia), porque son los laderos de Late of the Pier en mi cabeza, porque tienen un muy buen nombre, porque alguna vez me quiero ir un mes o dos a New Zealand, porque la gente está apurada y en otra y no los escucha. Un capricho de Ubu Roc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/KwK2q2deYGg&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/KwK2q2deYGg&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Convidados de piedra del año:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;the cure &lt;em&gt;4:13 dream&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;una vuelta a la buena forma, menos aferrados a viejos y vetustos moldes, han retomado un poco la idea de lo espontáneo. es un buen primer paso como para pretender un retorno a los picos más altos. no esperaba nada, entregaron muchísimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="295"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/VT7kH0DRkIM&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/VT7kH0DRkIM&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sparks &lt;em&gt;exotic creatures of the deep&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;me gustan soft cell y marc almond desde chico, me gustan los sparks, me gusta diamanda galás, me gusta rufus, me gustan los pet shop boys. pregunta pública al analista de "el oasis", julio: ¿no seré puto como gardel, perón y maradona?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/5gHk66SrUzo&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/5gHk66SrUzo&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-4970294759997497799?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/4970294759997497799/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=4970294759997497799&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4970294759997497799'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4970294759997497799'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/lo-mejor-de-m.html' title='LO MEJOR DE MÍ'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUhmUjrtEDI/AAAAAAAAAB8/KkOBDVAZTqw/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-2035819588076028056</id><published>2008-12-14T16:48:00.002-02:00</published><updated>2008-12-14T16:56:10.753-02:00</updated><title type='text'>TAN TAN MODERNOS... TANTÁN!</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUVWrODxbpI/AAAAAAAAAB0/4uZim4u0zrQ/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 194px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUVWrODxbpI/AAAAAAAAAB0/4uZim4u0zrQ/s320/001.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5279721438670057106" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Domingo a la tarde al pedo en casa mientras espero a por el fútbol del decimocuarto mundo que somos. Me olvidé de anotar el orden de los mejores discos del años según, según... yo mismo supongo, entonces no puedo subirlos al blog. Así que mientras espero a mañana me decidí a subir esto que es premio a la Revelación del Año 2008, premio para unos neocelandeses locos que se constituyeron en favoritos de El Oasis ni bien sus acordes llegaron accidentalmente a nuestros oídos. Mientras algunos esperan alguna mención institucionalizada para darles bola (porque no siempre los oídos son lo suficientemente intuitivos como para oír sin pista previa) nosotros reiteramos lo que hace muchísimos meses: So So Modern la rompe. Y, como decía mi abuela Asdrúval, "para muestra basta un trombo":&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/IKyXzWf3u_8&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/IKyXzWf3u_8&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-2035819588076028056?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/2035819588076028056/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=2035819588076028056&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/2035819588076028056'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/2035819588076028056'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/tan-tan-modernos-tantn.html' title='TAN TAN MODERNOS... TANTÁN!'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUVWrODxbpI/AAAAAAAAAB0/4uZim4u0zrQ/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-4216223168203973844</id><published>2008-12-10T23:13:00.002-02:00</published><updated>2008-12-10T23:36:02.518-02:00</updated><title type='text'>PLASTIC TROILO BAND</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUBuSEOEs4I/AAAAAAAAABs/8S6OePrADW4/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5278340019927692162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 221px; CURSOR: hand; HEIGHT: 221px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUBuSEOEs4I/AAAAAAAAABs/8S6OePrADW4/s320/001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La voz de mi madre sopla el duermevela. Cuándo no, la voz de la madre que sopla en el viento cual si fuera la mamá judía de Dylan. En la confusión del estado uno no sabe si el dolor es parte del sueño, nos saca de él o lo frustra. “Tenés que pensar bien… Así, siempre pensando en lo peor, es como atraés las cosas… Seguí seguí…”, continúa el virtual cacareo maternal. ¡Está bien, está bien! Acato la inagotable orden silenciosa y me dispongo a enfrentar un nuevo día de manera diferente. Me pongo de pie gracias a mis brazos y me estiro todo lo que puedo mientras la ropa está hecha un bollo sobre un bafle que no suena hace rato pero que hace las veces de silla que hace las veces de percha. Estiro mi artritis, que las prendas sigan apelotonadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dolor físico es perfecto. No, no me confundan con un masoquista. O sí, qué importa si me confundieran con lo que no soy cuando nadie puede saber cuál es la referencia a partir de la cual se desarrollarían las eventuales conjeturas/confusiones y los habituales malentendidos. Lo que intento decir es que no existe memoria de los dolores físicos. Y no pienso repensar esta última oración que escribí sin haberla pensado. Esto es al galope y rapidito, que se me entumecen los huesos.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Calcio, raga? Magari, caro… ¡Artrite!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Puedo reflotar imágenes; muchas en términos absolutos, poquísimas en términos relativos. En ninguna de ellas hay pruebas del dolor físico. Sé que lo hubo únicamente por un enunciado que se desprende hacia atrás desde el dolor presente y en forma de íntima historia clínica. Entonces, cuando una vieja dolencia reaparece luego de dormitar un tiempo, nada nos recuerda eso que no se puede memorizar, simplemente se hace hoy. Dolor: nuevo, terminante. Lo único que puede apartar a este dolor de espalda del centro de la mente es uno más agudo en cualquier otra parte del cuerpo. Así, el cuerpo podría representar a la línea del tiempo. El dolor de hoy es el único posible, el único más fuerte, el que no es necesario memorizar mientras sucede (ni cuando deja de ser): el que, cuando es, modifica el color de cualquier cosa de la que pueda hacerse eco la memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corría el año 1976 y vivía con mis padres y hermanos en un departamento de tres ambientes a la calle en el barrio de Coghlan. El balcón del tercer piso departamento “A” era la gramilla de mi mundo de juegos donde el campeonato de autos que pasaban por la calle Manuel Ugarte entre Washington y Naón era rey. Para volver del colegio me tomaba el colectivo 41 en lo que debió ser mi viaje asiduo en transporte público más corto de la historia: me subía en Avenida Congreso y Conesa para bajarme en la misma avenida intersección Roque Perez. Seis o siete cuadras. El boleto escolar era barato y la voz de la madre estaba en plena formación. Volvía a casa al mediodía y el almuerzo era pleno e impuro silencio: el chirriante parlante del Panoramic catorce pulgadas a transistores rezaba inútilmente con voz de Andino padre (seguramente). Mi viejo dormía de día, nunca lo veía llegar de su trabajo ya que el suceso acontecía mientras yo ya estaba en mi escuelita peronista, la República Dominicana. Los laburos nocturnos de mi padre transcurrieron durante la década del setenta y tenían sede en algunos clubes nocturnos de los que recuerdo algunos nombres, no sé si todos: ´King´, ´Cabaret´, ´Rugantino´. De este último recuerdo especialmente una taza con el logo del local y su platito haciendo juego donde mi viejo tomaba religiosamente su café de filtro (ese olor sí llega adonde el dolor físico no puede). Había una sola de estas tazas, y usarla a escondidas era como tocarle el culo a la abuela mientras dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La monótona quietud sonora de los afternunes de Manuel Ugarte se rompía cuando mi viejo se levantaba. Por lo general uno se enteraba de esto gracias al aparato auditivo propio: si las estruendosas toses con posteriores carraspeos y escupitajos provenientes del baño no me alertaban, el signo inequívoco de ´papá está ya en la cocina´ era el sonar de un disco, odiado por mí en ese momento: Aníbal Troilo y Roberto Goyeneche: “¿Te acordás... Polaco?” (editado originalmente en 1971). El Wincofón estaba en un modular muy representativo de aquellos años, mueble al que mi viejo consideraba (como a casi todo lo poco que poseía) ´el mejor del mundo, de primera´. El giradiscos se escondía tras una puerta que se abría hacia abajo como si fuera la de un pequeño bar y los parlantes estaban empotrados en las dos esquinas superiores, guardando la adecuada distancia entre sí como para hacer notar las cualidades de los primeros discos en estéreo que se veían por ahí. El volumen al que Cacho, mi padre, ponía el disco mencionado tarde a tarde, preso de vaya a saber qué ritual, era inconmensurable. La puerta-ventana del balcón abierta de par en par, el viento y el rugir de Pichuco y el Polaco haciendo flamear la cortina de tul blanco, casi transparente. Y por ahí rondaba la sensación que uno tenía durante los cuarenta minutos de alarido tanguero de cada tarde: la casa era transparente y estábamos adentro todos en bolas y a merced de los ojos del mundo que nos pispeaba indiscretamente, se sentía casi como esos sueños donde te das cuenta que estás en pelotas en pleno microcentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los domingos había descanso. O más bien el ritual cambiaba de forma. Venía mi viejo a decirme: “¿vamos del Polaco?” Mi respuesta era obvia: me estaban invitando al epicentro del infierno que se desataba cada tardecita en mi casa, infierno sonoro que conocía al dedillo en música y letra. No podía y no quería imaginarme lo que en ese lugar habría… ´donde el Polaco´…demasiado era ya la experiencia de ese disco girando religiosamente en mi casa toda, casi como el eco de la voz de mi predecesor desplegando toda su artillería de chistes, juegos y absurdas anécdotas vespertinas. Nunca fui ´del Polaco´, ni una sola vez. Mi hermano menor, en ese entonces de tres años, era la víctima adecuada. De ´lo del Polaco´ lo único que puedo reconstruir de segunda mano si de imágenes se trata, lo hago a partir de comentarios posteriores a dichas visitas: mi viejo diciéndole a mi hermano: “¿viste la de pajaritos que tiene el polaco?”, mientras le hacía cosquillas con los índices y pulgares a modo de picos de aves; o el comentario a mi vieja: “siempre igual: dice que le duele hasta el nombre y está con el farol de whisky hasta arriba en la mesita de luz”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo pasó y la vida actuó por inercia. Pasaron cosas, siempre pasan cosas, más aún cuando tenemos la sensación de que nunca nada pasa. Al departamento de Coghlan se lo llevó la circular 1050 y lo convirtió en escenografía, en cartón pintado que se ve cuando uno, de tanto en tanto, pasa accidentalmente por la calle Manuel Ugarte. La vida hizo tanto y tan poco que hasta logró que, un buen día, le prestara atención a ese disco. Mi viejo ya no estaba cuando “¿Te acordás... Polaco?" comenzó a parecerme maravilloso (y ambos hechos no tienen conexión alguna). La vida, siempre tan absurda, se encargó también de que yo, durante un período de tiempo, no pudiera escuchar ese disco porque recuerdos posteriores lo hacían, en contra de todos los pronósticos, mucho más doloroso de lo que era ese tsunami sonoro que soporté cada tarde de mi infancia.&lt;br /&gt;Inútil es describir un disco, comentarlo en los términos aceptados (ese género ridículo que es ´el comentario de discos´). ¿Qué quieren que diga? ¿Que en el país de las analogías locales la suma de Troilo y Goyeneche da un Lennon y que ´¿Te acordás... Polaco?´ es ´Plastic Ono Band´? Bueno, entonces lo digo. No es mala la ocurrencia, de cualquier forma. Y, para concluir o dar la ilusión de final, se me antoja: el sonido de este disco glorioso a todo volumen tronando en aquél tres ambientes del barrio de Coghlan, era el zumbido de la artirits que estaba en estado de inminencia, un ronroneo de gestación que duró años hasta que se hizo voz (yo) y que hoy, esta mismísima mañana de articulaciones empastadas, suena en mi Wincofón. Según mi vieja, este disco lo compuse y grabé yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/xhRec7NbGjA&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/xhRec7NbGjA&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-4216223168203973844?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/4216223168203973844/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=4216223168203973844&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4216223168203973844'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4216223168203973844'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/plastic-troilo-band.html' title='PLASTIC TROILO BAND'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SUBuSEOEs4I/AAAAAAAAABs/8S6OePrADW4/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-185389499640319613</id><published>2008-12-05T18:07:00.005-02:00</published><updated>2008-12-10T12:41:30.158-02:00</updated><title type='text'>PUTO Y DE UNIFORME</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/STsAjIOhVvI/AAAAAAAAABk/x_Bb9QCKIuw/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5276811991898478322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 280px; CURSOR: hand; HEIGHT: 280px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/STsAjIOhVvI/AAAAAAAAABk/x_Bb9QCKIuw/s320/001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En mi archiducado se escucha lo que quiero y si quiero marchas militares, se escuchan marchas militares. Pero hoy quiero escuchar Marc Almond y bailar con frenesí demoníaco frente al espejo de agua, desnudo, desnudo en mi uniforme marcial, marcial contursi. Entonces agarro ´The Stars We Are´, disco que M.A. editara allá por el año 1988. Me acuerdo que por aquellos días viajé a Rio de Janeiro con unos amigos del colegio secundario, porque yo fui al colegio en Argentina, no sé si les conté. Podría hacer un diario de viaje casi diecinueve años después pero, la verdad, no me acuerdo un carajo en detalle. De todas formas la disquería escena del crimen quedaba en una galería, vaya a saber de qué barrio y en qué calle. Me acuerdo que en una parte del centro comercial había un puesto de jugos de fruta que ofertaba más de un centenar de gustos diferentes. Me quise hacer el exótico en ojotas y me pedí uno de no me acuerdo qué nombre, que resultó ser zapallo. Soporté dos tragos y me fui. Encontramos la disquería rápidamente y en la batea de vinilos domésticos, brasileros en este caso (en el tercer mundo todavía no eran moneda corriente los cd´s), estaba él, con sus ojos almendra, tan bien engominado, con la campera de jean abierta en el pecho escondido tras una remera negra bastante gastada, una gran argolla incrustada en el lóbulo de la oreja derecha. Era el mismo puto que no podía creer cuando lo veía en el video ´Non-stop exotic video show´, aunque mucho más discreto. A decir verdad, yo no sabía creer que era puto. Y me enamoré. Me enamoré de Marc Almond en Rio de Janeiro. Lástima que faltaban todavía tantos años para que Almendra llegase a frecuentar la perla carioca (entonces años futuros que quedaron luego registrados en otro memorable momento discográfico del genial performer, ´Open all night´), si no me lo cruzaba y quién te dice algo rescatable hubiese pasado en mi vida. Tomé el disco, traía la lámina interior a dos caras con las letras (no era un sobre, aclaro: el vinilo venía protegido en la bolsita de polipropileno de 60 micrones, era una simple lámina impresa a doble faz con los datos del disco) y todo. Un amigo me preguntó: ´¿qué te vas a comprar?´ ´Marc Almond´, le digo con la tranquilidad de estar escudado tras la ignorancia absoluta que todos mis compañeros del San Román tenían en temas relacionados al rock. Con sólo un vistazo de soslayo a la tapa mi amigo me dice: ´Che, mirá que me parece que es puto…´ ´¿Te parece…? Igual a mí no me importa: yo lo compro por la música´, fue la única respuesta a la que atiné.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cuando más tarde llegamos al departamento que alquilábamos (una pocilga cuya entrada estaba al fondo de una galería comercial abandonada frente a la playa de fluminense, famosa por su ya para esa época antigua contaminación que la ponía fuera de servicio en el tema bañístico: para meternos al agua teníamos que tomar un colectivo hasta Copacabana), al llegar al hogar, entonces, Mugre (tal el apodo de este amigo mío que dudaba de la masculinidad de Marc. O no.) enciende el televisor. Siempre era lo primero que hacíamos al entrar, prender la tele, sin demorarnos ni un minuto: es que había que esperar casi media hora para que el viejo aparato comenzase a emitir imagen alguna. Era un blanco y negro de la época de Vasco da Gama. Para matizar la espera fui al baño y, luego de expulsar del super tazón mi marrón expulsión con baldazo de agua ya que no funcionaba la cadena, me puse a contemplar el disco. De repente la imagen asalta al televisor (se ve que bajó corriendo en patota desde la favela y nos tomó de sorpresa, se supone que así funcionan los asaltos en Río de Janeiro) y… Adivinen qué… Era Almond, era el video del primer corte de ´The Stars We Are´, ´Tears run rings´. Quedo pasmado: la última imagen en movimiento que había visto de Marc era de la época de Soft Cell, es decir de unos cinco años atrás. Estaba mucho menos escandaloso, lo que no quiere decir nada. Recuerdo hoy vagamente imágenes del video, por ejemplo una toma desde el aire, a un par de metros por encima de la cabeza de Almond, una cámara que se movía pendularmente. Decreto hoy que el video lo debe haber filmado Tim Pope, vieja loca amiga de M.A. y director de los videos de Soft Cell: el truco del movimiento pendular de la cámara lo usó mucho, incluso en algún clip de The Cure. Entonces, retomando, me encantó la canción y me gustó oírla con imágenes de fondo. En eso, Mugre me acota: ´che, este es puto…´´No sé, ¿sabés que si hablan en inglés no me puedo dar cuenta si tienen voz de puto o no?´, le replico. A lo que mugre, abriendo un cajón de una cómoda donde había montones de basura que no nos pertenecían y que descubrimos allí el primer día de estadía no sin que nos provocasen arcadas cosas como pestilentes peines con pelos ajenos y enrulados, agarra un corpiño de encaje, se lo superpone al pecho dando una media vuelta gracias a una ligera rotación de caderas y me mira con una perversa sonrisa.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Marc Almond - ´the stars we are´, editado en 1988, significó un nuevo cambio de sello para el gran artista inglés. Ahora para Parlophone y en un intento de retomar el éxito masivo que se le negó desde el suceso Soft Cell de la mano de la versión de ´Tainted Love´, Almond remoza su banda soporte (the willing sinners, hasta ese momento) sosteniendo a los claves: Annie Hogan, Billy McGee y Steve Humphreys, que pasan a llamrse ahora ´La magia´. Sin perder su genio ni su singularidad y con todo el peso de su enorme talento a cuestas, el nuevo disco logra llevarlo al número uno de los charts: nuevamente se trata de un cover, esta vez de ´Something´s gotten hold of my heart´ y el resultado artístico es inmejorable. Se pasea con prestancia siempre caminando sobre el filoso límite entre el genio y el ridículo, siempre saliendo airoso y vigorizado de tal desafío que sólo unos pocos pueden enfrentar. Grupos como My Life Story han hecho una carrera exitosa y respetable tan sólo copiando este mismísimo disco que hoy les exigimos que escuchen. Hits inolvidables como ´Tears run rings´ (una de las pocas letras con contenido político en la carrera del genial inglés) y ´Bittersweet´ se llevan los laureles de ´mejor estribillo del siglo´. La épica de los arreglos orquestales con la base rock rosado que sólidamente erigen Hogan, McGee y Humphreys, la inigualable voz y el poder del mejor intérprete que ha dado la música inglesa en los últimos treinta años, hacen de ´The Stars We Are´ un disco que nadie debería darse el lujo de desposeer. Entre otras apostillas que hacen de este disco un momento notable de la escena rock de los ochenta, una de las sobresalientes y favorita personal es el hecho de que el álbum contiene la última grabación que Nico realizó antes de su muerte: soberbio el dúo con Almond en ´Your kisses burn´, una fantástica composición de Marc llena de bruma y misterio. La voz de Nico es fantasmal, de ultratumba. ´The very last pearl´ es otro highlight impresionante, donde Almond reluce las influencias de su ´etapa española´ (Almond estuvo viviendo siempre en los puntos neurálgicos del descontrol: en plena liberación-destape español post franquismo, Marc fue un hijo adoptivo de Barcelona y generó allí varios mitos, como el de su internación por una intoxicación grave: ¿drogas, absynthe? No: semen). Volviendo a ´The very last peral´, si alguien cercano a Ricky Martin tuviera un poco de visión y un mínimo de conocimiento, debería exigirle que grabase una versión de esta canción (que incluye las palabras en español de rigor como para hacer que sea el nuevo ´livin´ la vida loca´: ´la magia… la magia… de mi amor, síiiii…´): sin lugar a dudas sería un número uno en manos del portorriqueño y también sería un poco de justicia poética: para el puto lo que es del puto, porque el puto se lo ganó.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Marc Almond es tan genial que su carrera es lo suficientemente desconocida por todo el mundo salvo por su fiel público seguidor (en su abrumadora mayoría homosexuales de ambos sexos que adhieren al costado de ícono gay; respecto a esto siempre se me ocurrió que, como uno nunca podrá escuchar a the beatles en toda su dimensión por el simple hecho de no ser inglés, yo jamás comprenderé ni terminaré de escuchar en toda su dimensión a marc almond por el sólo hecho de no ser, hasta hoy, homosexual). Marc, amigo del delta. Amigo para siempre. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/rGzU-GVNlqc&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/rGzU-GVNlqc&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-185389499640319613?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://uburoc.blogspot.com/feeds/185389499640319613/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6697108244778851022&amp;postID=185389499640319613&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/185389499640319613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/185389499640319613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/12/puto-y-de-uniforme.html' title='PUTO Y DE UNIFORME'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/STsAjIOhVvI/AAAAAAAAABk/x_Bb9QCKIuw/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-6134647416735321859</id><published>2008-11-30T11:23:00.006-02:00</published><updated>2008-12-17T00:41:55.524-02:00</updated><title type='text'>"FORSERTÍN DRÍN, SUSANA..."</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/STKUp2VWODI/AAAAAAAAAAs/PA37jv1VO8Y/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274441560284870706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 187px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/STKUp2VWODI/AAAAAAAAAAs/PA37jv1VO8Y/s320/001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Sabido es el pésimo gusto musical que tiene Robert Smith. Y si no es sabido lo informo de primera mano: es un paupérrimo oyente. Ese don (o ese un-don) le jugó a favor en toda su primera y gloriosa etapa: en un principio emuló a los Buzzcocks pero sin demasiada ductilidad musical ni grandes ideas. Se fue haciendo solo el gordito: era flaquito y con cara de bebé de mamá, sin saber lo que quería de su grupo y sin tener una idea definida fue mutando en una melancolía enojoso-frustrosa en Seventeen Seconds para llevarla a una críptica introspección donde se vislumbra el comienzo de su etapa narcótica: el cuasi religioso Faith, templo gris como todo lo que habita la noche. El ácido ingresa y con él la violencia y el limbo moderado: Pronography. O la versión pop de Lydia Lunch, The Birthday Party y The Flowers of Romance. La pelea a golpes de puño con su consorte intra-grupal (recordemos que, en 1979, el bajista original Michael Dempsey tomaba preponderancia en la consideración de la prensa y del público por lo que don Roberto le pegó un shot en el culo en favor de su nuevo amiguito Gallup con quien siempre tuvo una incestuosa relación fraternal), Simon G., dio paso a la disgregación y a los simples solistas (con Lol Tolhurst en su nuevo rol de ñoqui del rock que, como es lógico, con el correr del tiempo terminaría de la peor manera), los del electro-pop. El punto de inflexión creativo del rockero gasallesco fue su incorporación como personal permanente de Siouxsie &amp;amp; The Banshees (hasta entonces sólo había ofrecido sus servicios esporádicamente): se saca de encima la presión de creador único y lleva a su punto culminante su función de guitarrista (una maravilla su laburo de autodidacta en Nocturne, el fabulósico disco en vivo de Chuchi &amp;amp; Debanchi). En tanto compositor se le dispara el genio y, por consiguiente, lo excesivamente prolífico: entre el 82 y el 85 cranea, compone, graba y edita a saber, Pornography, los simples compilados luego en Japanese Whispers, Blue Sunshine (ese psicodélico viaje alla Mannix por el imaginario Beatle con color The Cure que bautizaran The Glove junto a su viejo/nuevo amiguito -otra vez un bajista- Steven Severin: mariquita y maricota), Nocturne, The Top (!!!), Hyaena y The Head on The Door (!!!!). Luego de este genial álbum lo que sucede es la sucesiva exacerbación del propio yo y de la identidad que se fue formando azarosamente: con Kiss Me Kiss Me Kiss Me se produce el romance orgiástico y homolítico que el afianzamiento de la nueva formación de la banda precipitó: En el 83 había regresado Porl Thompson (como favor de cuñado para cubrirle el desconcierto y la orfandad de alineación que se produjo post fist fight con Gallup, favor que se extendió hasta fines del 92 más gauchadas durante el 93 y 95), hacia finales del 84 contrataron a Boris Williams, quien haría cambiar las debilidades de don Roberto: comenzó a preferirlos bateristas y rubios, ya no bajistas. Thompson y Williams eran best friends, Robert y Simon retomaron su fraternal romance y la vida del grupo era comunitaria y relajada (por no decir un relajo de drogas y sexo con lo que venga, sleazy pípol gorosítol). Decía, con este clima se grabó Kiss Me en un castillo francés, encerrados y pasándola bomba bomba. Así hicieron lo que podría ser la transición hacia el Be Here Now de The Cure: Disintegration. Luego viene Wish, donde lo maricón de Kiss Me y lo excesivamente Gloomy de Disintegration dejan lugar a una versión más rudo (dentro del alfabeto Cure), firme y espontánea: Wish. Aquí se produce el pináculo de The Cure como banda de rock: su mejor gira, su mejor formación, su mejor producto global: disco, serie de singles, arte de tapa, giras, etc.; en definitiva el disco menemista de don Roberto: una vez más fabulósico. Lo que quería decir con toda esta perorata digresiva es que, la falta de buen gusto musical y el carácter de pésimo oyente que caracterizan a Roberesmí, forjaron su singularidad a fuerza de su innato talento creativo para armar una linda casita con lo que haya a mano, aún cuando no sean ladrillos. Así hizo una carrera brillante y a la que se le debe el mayor de los respetos y reconsideraciones: hizo discos mucho más interesantes que, por ejemplo, Radiohead (ni hablar de Coldplay). &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, luego de la epopeya Wish, esa falta de buen gusto le comenzó a jugar en contra: en combinación con baja de ventas, la masividad de otrora por el piso, desesperación, inconmensurable ego herido, cabeza quemada, repetición de sí mismo, grotesca imagen que se acerca a Gasalla y se aleja de la mínima idea propia, etc. etc. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Aún así produce alguna que otra cosa rescatable, pobreza a la que uno se va acostumbrando y considerando con la mejor de las buenas voluntades porque uno quiere lo que quiere y no importa mucho más. Así pasamos por el no tan malo como se piensa Wild Mood Swings, por el sobrevalorado aunque coherente Bloodflowers, el fallido The Cure y... Y bueno, vuelve Porl Thompson (luego de haberse retirado, como dije, cuando cerraba el 92 para cumplir, unos meses más tarde, el sueño del pibe: ser llamado para tocar con sus ídolos absolutos de la infancia, Page y Plant; nueva digresión: Porl, que sí es un buen oyente quiso, en medio de las sesiones del orgiástico Kiss Me, grabar una canción country -sí, don Roberto cantando una folky alla Neil Young- pero el gordito adicto al lipstick se horrorizó con la idea) y todo se encamina solo: no hay más ñoquis en la formación (goodbye mediocre roadie Perry Bamonte) ni gente demasiado grasa (léase Roger O´donnel). El baterola rubio de turno (desde fines del 95) es Jason Cooper, ex Marc Almond wannabes My Life Story (brillantes), contratado a través de un add en NME; técnicamente superior al metronómico Boris Williams aunque los toscos fans deban acostumbrarse primero a su estilo como para vislumbrar y reconocer sus aptitudes. Gallup sigue ya como marca registrada insustituible de la banda (¿New Order sin Peter Hook, The Cure sin Simon Gallup?) y Robertito mismo retoma, por contagio, su mejor nivel como cantante y guitarrista (en el show del Albert Hall de 2005 ya podía notarse el determinante cambio de semblante del quejoso cantante por el solo hecho de verse bien rodeado nuevamente). Así se disponen a grabar 4:13 Dream, disco que posponen una y otra vez hasta hacer la espera a por él la más larga de la historia de la banda: prácticamente cinco años. Yo no daba dos mangos aún con la reaparición de una mínima idea luego de tanto tiempo: cuatro singles consecutivos previos al disco, editados el día 13 de cada mes, Thompson de nuevo en la gráfica (y no sus hijos, o sea los sobrinos de Mamá Cora, los que dibujaron la tapa del homónimo que produjera ese fantoche que labura para Korn), etc. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Desde hace muchos años pensé que la única posibilidad de cambio para The Cure pasaba por una decisión extra-musical que los forzara a dar un volantazo: debían obligarse, pensaba, a hacer un disco de una duración máxima de 42 minutos (aunque lo ideal fuera 37:22): Basta de aferrarse a las posibilidades del formato CD (desde Kiss Me el gordo se obstinó en llenar todo lo que se pueda la capacidad del plastiquito de mierda, nunca bajó de los sesenta y pico de minutos) manejando así un erróneo concepto del exceso. Exceso de postres es lo que tuvo durante los últimos trece años este Roberesmí.&lt;br /&gt;Bueno, al hilo de nuevo, no sé si alguien oyó mis plegarias pero algo parecido a lo que pensaba/deseaba ocurrió con 4:13 Dream (que hace un año y medio era prometido por la tía Roberta como un doble de ciento cincuenta mil canciones): 52 minutos que para The Cure es como decir 25. Y éste no es el único formato repetido hasta el hartazgo que finalmente rompen: otro gran indicio de mejora sanitaria es la canción final, que dura 4 minutos (y no la típica coda Cureana de 8 minutos reiterándose y derivándose sin fin) y no parece en absoluto a nada que hayan hecho en el pasado (no, ni a Shiver and Shake).&lt;br /&gt;El disco tiene algunos tics derivativos, sí: un par de b-sides de la era 84-85 resuenan aquí y allí, un valsecito con remembranzas de Jupiter Crash (Sirens Song), un High parte dos (The Only One) pero no mucho más. Un ripp-off/guiño a New Order en la intro de The Reasons Why, claro. Pero luego, lo que parece un comienzo ininspirado (The Real Snow White) con "You´ve got what I want..." produce un giro en el puente/estribillo cuando "I made a promise to myself", curva que resulta ser brillante. Y con este ejemplo me quedo para dar una idea de lo que es el disco: a esta altura The Cure no puede ya desprenderse de sus ropas (siempre las medias de Yobertito van a tener el mismo olor a patas) y entonces viene 4:13 dream que, en lo basal, es más de lo mismo (en tono saludable ya que se nota atraviesan un momento con algo de inspiración), en casi todas sus canciones, en la mayoría de sus momentos. Pero sobre ese lienzo felizmente conocido como la palma de mi mano, la bestial y rockera guitarra de Porl, la infinita y perenne habilidad melódica de Smith (como cantante y también en su rol de singularísimo y único guitarrista) dan sutiles y soberbias pinceladas que le cambian la tintura al sueño, a ese sueño que empezó en la pieza del fondo de lo de mi abuela, con unos posters y fotos pedorras más unas cartas de alguna corresponsal inglesa, un centro musical marca Riviera, un acolchado de colores y mucha humedad (la rejilla del techito de la pieza se tapaba con las hojas del gomero convirtiendo de vez en cuando a la guarida en pecera). Yo me dedico a mí mismo The Hungry Ghost, una canción Cure soberbia, con unos maravillosos arreglos de guitarras de Porl (solo hecho con el switch del distortion incluido). Me merecía un disco de The Cure así. No sé si ellos, pero yo sí.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="295"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/g7VCDwONpw8&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/g7VCDwONpw8&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-6134647416735321859?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/6134647416735321859'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/6134647416735321859'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/11/forsertn-drn-susana.html' title='&quot;FORSERTÍN DRÍN, SUSANA...&quot;'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/STKUp2VWODI/AAAAAAAAAAs/PA37jv1VO8Y/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-4872059389831674477</id><published>2008-11-25T19:54:00.002-02:00</published><updated>2008-12-10T22:33:41.529-02:00</updated><title type='text'>WWW.MYSPACE.COM/UBUROC</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSx0xtOVjmI/AAAAAAAAAAk/T8LBW3vw9aA/s1600-h/001.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272717661046148706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 210px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSx0xtOVjmI/AAAAAAAAAAk/T8LBW3vw9aA/s320/001.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El Oasis fue, es y será una disquería: el asunto es ponernos de acuerdo en qué representa esa palabra (hoy, ayer y siempre). Ubu Roc (o sea El Oasis, es decir yo, Germán que me puso mamá) abrió como una disquería convencional en abril de 1995 (festejando el primer aniversario de la aparición de Supersonic) y marcó a fuego al mercado local desde el comienzo y para siempre: escuela que garabateaba en la pizarra con tizas de la propia desesperación, eso es lo que fue (y será). Muchos entendieron lo que no se entendía (o lo que no había que entender) y se hicieron amigos. Otros muchísimos no, y se lo tomaron a mal. Hoy, luego de una hibernación intracraneana de algunos años, regreso con un local, pero no se confundan: disquería no es un lugar donde se venden discos, disquería soy yo, que además vendo los mejores discos. Y los edito, y canto en vivo, y hablo y ceno con ustedes, y después hablamos un poco más mientras cambiamos el disquito. Este espacio tiene como finalidad que todos aquellos que alguna vez estuvieron en el local de Belgrano vengan a verme a mí, la disquería, al nuevo local de Recoleta, sito en las Galerías Santa Fe, Av. Santa Fe 1660, Local 26. Y que vengan los que no vinieron, los que no se enteraron, los que no quisieron, y los que son más jóvenes y no habían entrado aún en la espiral del elepé: aunque no compres más discos porque sos de la generación iPod te aseguro que, si venís, el azar operará (porque eso es lo único que hace, cirujano del tiempo) y un provecho personal sacarás, alguna palabra que alguien espete sin mucho sentido abrirá una puerta en tu cabeza, aunque más no sea para que, al final del día, agregues otro nombre más en el buscador de canciones de tu computadora. Acá en Ubu Roc se venden discos que los tiempos que corren han etiquetado como torpes objetos que tal vez ya no te interesen, pero en este lugar también se vive, habla, respira, canta, planea, ejecuta, delira, marchita, cree, bebe, fantasea, dicta... Se hacen muchas cosas que, en definitiva, van a darle algún sentido a tu librería virtual de canciones que, de por sí sola, no existe. Pronto subiré audios grabados aquí mismo, para que escuchen la vieja cancioncita. El Oasis presenta: Ubu Roc, La Última Disquería.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/GYTlMs5ABsI&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/GYTlMs5ABsI&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-4872059389831674477?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4872059389831674477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/4872059389831674477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/11/wwwmyspacecomuburoc.html' title='WWW.MYSPACE.COM/UBUROC'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSx0xtOVjmI/AAAAAAAAAAk/T8LBW3vw9aA/s72-c/001.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-3086427301000135267</id><published>2008-11-18T15:35:00.005-02:00</published><updated>2008-12-10T22:39:56.164-02:00</updated><title type='text'>SEMILLA DE PESADILLA</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSL_HrtIoeI/AAAAAAAAAAc/LZk44GB3h_s/s1600-h/crime.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270055021433102818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSL_HrtIoeI/AAAAAAAAAAc/LZk44GB3h_s/s320/crime.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Durante mi primer viaje a Londres quise ir a ver a Crime and the City Solution. Corría el año noventa sin mucha artritis que digamos y yo estaba en mis primeros días transatlánticos. Siempre fui de aferrarme a una idea de origen desconocido (o alguna vez conocido pero no más) y actuar en consecuencia: en mi cabeza yacía el dato "Crime &amp;amp; the City Solution en Subterranea el jueves" y ni se me ocurrió chequear la información antes de salir. No había comprado una guía de calles A to Z al momento por lo que espié un ejemplar en un cornershop y sólo entonces partí raudo a tomar la combinación de subtes, con el laberinto en mi cabeza. Salí de la estación de destino como quien sale del túnel con la casaca azulgrana un domingo soleado y me encontré afuera con aires de margen y suburbio de suburbio, coches en autopistas y trenes que pasaban elevados por aquí y allí, monoblocks o "&lt;em&gt;council estates&lt;/em&gt;" o como quiera que se deba hacer mención a esos bloques grises y tristes reflejo fiel del cielo londinense (construidos por el &lt;em&gt;phonavi&lt;/em&gt;). El punto al que quiero ir es que no encontraba la puerta del mencionado club por ninguna parte y, a medida que la hora avanzaba y la noche se materializaba para dominar los ánimos, mi calma desidiosa se iba deslizando hacia un modo de leve inquietud cada vez más pronunciada, dando lugar luego a pizcas de incertidumbre y por qué no a una que otra pincelada de angustia que comenzaban a dibujar un cuadro de extrañeza y controlable desesperación. Inocente e ignorante comencé a subir los apocalípticos ascensores del &lt;em&gt;council estate&lt;/em&gt; más próximo bajándome en cada uno de los pisos: caminaba por este y por aquel pasillo sin encontrar nada más que mugre, puertas y paredes en estado de avanzado abandono y menores salvajes erráticos (fauna autóctona del laberinto de la decadencia de la megápolis). Yo que salí a por el ritual, para presenciar la magia de ver lo que tanto había escuchado en la pieza de lo de mi abuela donde dormía y me desvelaba las noches de 1985 y 1986 con el primer y único London Calling, yo que pensaba que estaba haciendo lo mismo que cuando me tomaba el 63 para ir a ver a Don Cornelio y la Zona pero en inglés, me encontré de golpe y porrazo (gracias abuelas Eudosia y Aída) en una página del 1984 de Orwell o de alguna otra novela de futurismo escéptico de mitad del siglo XX: caminaba y caminaba los renglones, me asomaba al precipicio filoso de una hoja amarillenta, bajaba la pendiente hacia el lomo de la encuadernación y lo remontaba luego en el sentido contrario, más lo único que veía eran más y más pasillos pestilentes. Bajé por vez definitiva el ascensor hacia la noche también definitiva del jueves aprestándome a desandar las mismas calles y cortadas en busca de algún cartel que dijera "Subterranea" (ya me había resignado a no divisar un grupo de personas que estuviera en la calle a la espera de algún recital: se había hecho demasiado tarde, aún más tarde que hoy). Pocos minutos después me encontraba volviendo hacia la estación del trenecito que me condujera a la habitación del guest house de Finchley Road (dudoso barrio de inmigrantes africanos que queda un par de estaciones más allá del señorial barrio St. John´s Wood: Ay Andy K, si la deficiente Londres te tuviera para que estamparas en tu programa esos tan dolorosos contrastes del capitalismo...) cuando en el momento en que menos me lo esperaba veo en sucesión microscópica del tiempo tres imágenes: una insulsa puerta de doble hoja plateada que se abría, un hombre en sus treintas cargando dos bolsas de basura y una placa más chica que la de un dentista sobre una de las dos columnas que enmarcaban a esas dos sordas puertas platinadas, placa que rezaba: "Subterranea". Como en un sueño y sin responder a ninguna lógica doméstica, encaré al garbage man con la desesperada intención de recuperar el recital que suponía había ido a buscar (concierto que bien podría estar dentro de una de esas enormes bolsas de residuos, o por qué no en las dos, duplicado pesadillescamente en un loop continuo): "What time is Crime and the City Solucion on?" Eran las 10:25 pm, nada puede estar por ser "on" a esa hora y en ese lugar del planeta, ni siquiera Crime and the City Solution. Pero en mi cabeza no había un reloj, sino infinitas esferas: todas marcando una hora diferente y yo intentando sincronizarlas de modo absoluto. "They were on tuesday at 7:30 pal..." Yo no me rindo así de fácil: "Will they play a new date?" "I don´t think so". &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Me volví nomás, tras haber experimentado lo que seguramente fue la semilla de una de mis pesadillas recurrentes de los últimos veinte años: yo en Londres dándome cuenta de que, a cinco o seis días de haber llegado, no había revisado las carteleras de las revistas adecuadas en busca de recitales ni salido de mi morada, desesperado por la sensación de haberme perdido todo. No hubo nada que anotar en el cuadernito esa noche al volver a la guarida, ningún intento de conservar una memoria externa del acontecimiento (ni del no acontecimiento), nada: sólo más trenes y molinetes mientras iba pisando baldosas que necesitan ser traducidas en su camino desde la retina hacia el cerebro; luego una habitación deprimente, una cama pegada a un lavatorio cuadrado y mohoso, una silla movediza y ropa arrugada por todos lados. Entre tuesday y thursday no hay la misma distancia que entre martes y jueves. Entre tuesday y thursday existe la misma diferencia que entre un tomate en el estante de un supermercado Disco y un "&lt;em&gt;tomato&lt;/em&gt;" en la góndola del &lt;em&gt;Tesco´s&lt;/em&gt;: una imperceptible y aplastante enormidad. Insalvable.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/jVoC-lofJi4&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/jVoC-lofJi4&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-3086427301000135267?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3086427301000135267'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3086427301000135267'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/11/semilla-de-pesadilla.html' title='SEMILLA DE PESADILLA'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSL_HrtIoeI/AAAAAAAAAAc/LZk44GB3h_s/s72-c/crime.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6697108244778851022.post-3540465213505065867</id><published>2008-11-18T15:23:00.004-02:00</published><updated>2008-12-10T22:49:22.498-02:00</updated><title type='text'>UBU ROC, DONDE EL OASIS</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSL8SEOfC9I/AAAAAAAAAAU/82II7ZlJ16k/s1600-h/intro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270051901279243218" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 214px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSL8SEOfC9I/AAAAAAAAAAU/82II7ZlJ16k/s320/intro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Decir lo que decimos es exagerado. Eso de que el disco desapareció para dar paso al macabro plan urdido por la tecnología y obtener un sustituto que suena parecido aunque es ciego sordo y mudo en los detalles nimios -esa información imprescindible para adentrarse en el imaginario del artista- por supuesto que es hiperbólico. Cierto resulta que el cd-r es como un espejo roto, perdón por la analogía, pero la imagen que devuelve desde el plateado anonimato es la de un disco anémico, quebrado, incompleto. Inclusive más claro y revelador es que el disco no ha muerto ni desaparecido de los países importantes con consumo apreciable, allí dónde se reinventa y trata de acomodarse a los mandatos del tiempo capitalista desobedeciendo la lógica impuesta por un mercado que no sabe muy bien hacia dónde va, pero al que se le presenta batalla con el simple recurso de las ideas. Parece agonizar aunque únicamente se está regenerando como objeto fetiche, y así lo entienden ya varios músicos y centenares de sellos que ofrecen cada vez más mitología (ediciones cada vez más limitadas, tapas hechas a mano, booklets numerosos en páginas, venta por correo, etc.) para conservar la épica y no asistir al funeral. De donde se ha ausentado para no volver nunca es de los lugares encumbrados en la insignificancia geográfica más absoluta: el ejemplo más rotundo, este, la Argentina, ese páramo idiota que extraña y pide más pobreza, más atraso, menos comodidades y nada de discos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Vayamos por partes, aquí jamás se consumió demasiado rock ni demasiado de nada aunque ahora las ínfulas por interesarse en algo remotamente inaccesible han descendido a rasgos esqueléticos. Y el rock tampoco fue favorito del público en ninguna etapa pero justo es admitir que en años de menor ensimismamiento local y cierta bonanza económica la gente consumía algo de su medicina. Desde luego que en cuanto los vientos cambiaron hacia este espíritu macabro latinoamericano e indigenista y la propuesta estatal basada en la infelicidad se cumple al pie de la letra en su mandato de ser cada vez más pobres, es obvio que a nadie se le ocurre continuar alimentando el artificio musical en forma de discos originales. Yo digo, ¿por qué no? Si total NO hacerlo no genera ningún beneficio mientras que retornar a la antigua práctica al menos nos restaura el sentido del gusto por algo. De todos modos la elección del sustituto puede entenderse aunque no se comparta; se trata de un orden de prioridades y a esta se la dejó de lado. Un poco de eso y bastante de infidelidad encomiable con los placeres personales. Más bien se me dibuja la idea de que el breve entusiasmo discográfico había sido efímero y contaba con la ventaja de los tiempos. Dólar barato igual a felicidad instantánea en casi todos los niveles de consumo. ¡Qué lindos tiempos para saciar el gusto por uno mismo y no esta impudicia de vivir chapoteando en la basura mientras se dice con autismo ejemplar que salimos del infierno! ¿Alguien podría regresarnos rápido al banquete? Volvamos ya a los dominios del demonio así le ponemos algo de satisfacción a esta nube negra de estupidez imposible de imaginar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¿En qué andábamos? Estábamos en que el efímero entusiasmo mostrado por algo en Argentina admite el sustituto apócrifo con facilidad adolescente y cuando rápidamente la ensoñación acaba y el estrépito de otra realidad convence que lo que antes interesaba ya no tanto, o al menos no lo demasiado como para tomarse el trabajo de comprarlo, nos engañamos con la ráfaga de entusiasmo propuesta por la miseria: mejor así, me grabo un montón de discos y los escucho todos sin necesidad de gastarme un montón de plata. Como respuesta es torpe y el montón de discos es remoto. No hay que gastar un montón de plata para adquirir el objeto real ni tampoco los escuchamos todos en megabytes, y además ¿qué valor hay en esto último? Probablemente tampoco lo haya en gastar el dinero de un disco original pero el recorrido es más genuino y contiene la alfabetización imprescindible para descerrajar el disparo del deseo en el cerebro y que las neuronas beligerantes digan todo el tiempo: lo quiero, lo quiero, lo quiero. Así funciona la avidez de rapiña de la posesión. Ahora, hoy, prácticamente a nadie se le ocurre iniciar la travesía de comprar un cd original y elegir su procedencia; y esto no se debe únicamente al precio inflado al que lo llevaron estos últimos gobiernos -adalides del atraso consuetudinario- sino, también, a la práctica masiva de escuchar música de soslayo, de a temas, de fondo, para estar a tono con esa idea obtusa de las modas. Y está bien porque cada uno decide el curso de su existencia y qué hacer con ella, pero todo aquí tiene la rara virtud advenediza de un adorno intercambiable y lo único perdurable es la enumeración de nuestros infinitos fracasos. Unos tras otros. Decretado por consiguiente que el disco carece de valor nos conformamos con el rumor de ese disco, con adivinar los colores de la tapa. Así se nos acaban las expectativas y la paciencia (a nosotros digo) y recurrimos al fino arte de hablar que El Oasis en su etapa Ubu Roc maneja como herramienta primordial para volver pese a no haberse ido. Entonces que El Oasis (es decir yo o sea Ubu Roc) hable es natural: nunca dejó de hacerlo aún en el derrumbe permanente. Esto que corre sobre tus ojos en negro sobre blanco (o viceversa) y habla en tu cabeza es la manera de volver y de rechazar cualquier hábito elemental de sentido común. Como fue siempre, así de simple, y haciendo caso omiso a las formalidades que todo lo tiñen de hábito supremo. La música sigue y la recompensa hoy acá es hablar de ella. Escuchar los ecos del deseo urgentemente infantil de decirle a alguien lo que pensamos. Aceptamos con naturalidad las circunstancias diarias y, como nos gustan las malas costumbres, sería interesante volver a juntarnos a hablar de rock, de la exuberancia, de la exageración del gusto o la tirria por tal o cual disco; en definitiva, a hablar de lo que nos es menos ajeno. Hacerlo casi por fatalidad con formato de seminarios, charlas o como gustemos llamarlo: disquería. Es muy probable que no seamos eminentes pero, al menos, no reposamos mansamente creyéndolo. Enceguecidos nos proponemos la enciclopedia de errores y malentendidos que hicimos durante tanto tiempo en un local: hoy en otro, más recoleto y con sótano. En estas páginas, en las presentaciones en vivo (El Oasis es la primer disquería en el mundo que canta, graba discos, da de beber, hace fiestas y reuniones, cena y, por sobre todas las cosas, da vergüenza) y en el local 26 de las Galerías Santa Fe (Santa Fe 1660) todos los santos días de lunes a sábado, voy a hablar, a escuchar y hacer oír un disco, recomendar otro, contar la historia de un género (determinando la sisa y el canesú), revisar el pasado, prefigurar el futuro, en suma, abusar de los discos que han sido escuchados y de los recitales que la retina ha visto. Ah sí: también vas a poder comprar discos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Si por unos instantes te entusiasmaste ridículamente vení: esto sucede sólo aquí en Ubu Roc, donde El Oasis.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/UYOxN75BPJA&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/UYOxN75BPJA&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6697108244778851022-3540465213505065867?l=uburoc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3540465213505065867'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6697108244778851022/posts/default/3540465213505065867'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://uburoc.blogspot.com/2008/11/ubu-roc-donde-el-oasis.html' title='UBU ROC, DONDE EL OASIS'/><author><name>el oasis presenta: ubu roc, la última disquería</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14289298791587944869</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FPNSxCrWh7s/SSL8SEOfC9I/AAAAAAAAAAU/82II7ZlJ16k/s72-c/intro.jpg' height='72' width='72'/></entry></feed>
